
El sacerdote diocesano Antonio Gil desea ¡Feliz Pascua de resurrección para todos nosotros!
El primer “propósito de gloria” es sentir y proclamar la resurrección de Jesucristo y “recuperar al Resucitado”. Para no pocos cristianos la resurrección de Jesús es sólo un hecho del pasado; para otros, la resurrección de Cristo es un dogma que hay que creer y confesar. Pero si no hay contacto vital con Cristo como Alguien que está vivo y da vida, Jesús podría quedarse en un personaje del pasado al que se puede admirar, pero no hace “arder los corazones”. La Pascua nos invitar a “resucitar a Cristo” en nuestro corazón, conforme a la exigencia de sus palabras: “Tened paz en mí. En el mundo tendréis tribulación, pero, ánimo, yo he vencido al mundo” (Juan 16,13).
El segundo “propósito de gloria” debemos centrarlo en “resucitar las zonas muertas de nuestra vida”: “Iluminar nuestros horizontes, clarificar nuestras metas, descubrir y poner a punto nuestros ideales e ilusiones”. La Pascua es la fiesta de todos los que nos sabemos mortales, pero hemos descubierto en Cristo resucitado la esperanza de una vida eterna.
El tercer “propósito de gloria” es “intuir con gozo que el Resucitado está ahí, en medio de nuestras pobres cosas, sosteniendo para siempre todo lo bueno, lo bello, lo noble, lo limpio que florece en nosotros como promesa de infinito”, y que, sin embargo, se disuelve y muere sin haber llegado a su plenitud.
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