“Queremos acompañar a nuestra Madre en su dolor”

Diócesis de Córdoba
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El obispo de Córdoba, monseñor Jesús Fernández, ha presidido la santa misa ante la Señora de Córdoba en San Jacinto, en la función principal de la Hermandad de los Dolores

Si hay una cita ineludible en la ciudad cada Viernes de Dolores es ante la Señora de Córdoba el día de su fiesta grande. Un día que no sólo preludia cada año la Semana Santa, sino que marca una jornada devocional ante la Virgen de los Dolores, una imagen con más de 300 años de devoción que sigue siendo el centro de atención y de peticiones de miles de cordobeses.

La Plaza de Capuchinos se ha convertido desde bien temprano en un río permanente de fieles para visitar a la Señora de Córdoba, rezar ante Ella y poder contemplarla radiante en su camarín, donde el obispo de Córdoba, monseñor Jesús Fernández, ha estado como marca la tradición rezando justo antes de comenzar la misa del Viernes de Dolores en San Jacinto.

En su homilía, el Obispo ha puesto de manifiesto su alegría por la gran devoción que se palpa en el entorno de Capuchinos ante la imagen de la Señora de Córdoba, a la que el prelado ha pedido por los que sufren tras hacer alusión a las lecturas del Evangelio de este Viernes de Dolores.

“La Primera Lectura nos da la oportunidad de reparar en los dolores de su hijo amado, los dolores que también son de su madre y que nos interpela a todos”, ha pronunciado el Obispo quien ha pedido a los fieles mantenerse firmes en la fe, no sólo cuando todo va bien, sino “quedarnos junto a Él cuando llegan momentos difíciles en la vida”.

Monseñor Jesús Fernández ha recordado que este abandono de la fe también se puede producir no solo en la devoción, sino en aquellos que son víctimas de la injusticia o la pobreza, entre otros. “La llamada es quedarnos con él, queremos acompañar a Jesús y a su Madre en el dolor, sobre todo en ese dolor de una madre que ve morir a su hijo pero no pierde la fe, porque María es mujer creyente y mantiene su fe y confianza en Dios por encima de todo”, ha aclamado el pastor de la Diócesis para proseguir recordando a las personas que sufren como Noelia, una joven que ha pedido la muerte porque “todos hemos fallado y no le hemos facilitado vivir sin dolor”. “Pedimos por las madres que sufren la pérdida de sus seres queridos, porque se lo roban las adicciones, el terrorismo o la guerra, para que el Señor nos ayude a ser sus discípulos y personas fieles como María, a la que queremos cuidar su memoria”, ha manifestado el Obispo.

El prelado ha culminado la homilía pidiendo responsabilidad y compromiso a favor de la vida.

Con esta festividad, entre el olor a incienso y azahar, Córdoba se llena de ambiente cuaresmal a la espera de una nueva Semana Santa, una de las tradiciones más arraigadas de la ciudad donde la fe crece día a día.

Una tradición recuperada

Asimismo, el obispo de Córdoba, monseñor Jesús Fernández, cerrará el cortejo de la Hermandad de Servita de Nuestra Señora de los Dolores Coronada y del Santísimo Cristo de la Clemencia el Viernes Santo como ya ocurrió hace un siglo de historia, al ser esta la encargada de cerrar la carrera oficial este día, a diferencia con los años anteriores que lo hacía junto a la Hermandad del Santo Sepulcro.

Esta estampa no se repetía desde 1849, cuando se llevó a cabo el Decreto Trevilla, y cuando el obispo, la corporación municipal y el resto de autoridades iba tras el paso de la Virgen de los Dolores. Fue en 1949 cuando el Cristo de la Clemencia y la Virgen de los Dolores dejó de cerrar el Viernes Santo. Durante este siglo, la organización de este protocolo correspondía al Ayuntamiento, que era el encargado de organizar la procesión oficial del Santo Entierro que a finales del siglo XIX comenzó a diluirse cuando las distintas hermandades que lo componía comenzaron a salir en otros días o por sus respectivos barrios, como hicieron Jesús Caído y las Angustias. Así, permaneció la composición de Santo Entierro y Dolores hasta 1948 y a partir de ahí prosiguió hasta que por causas naturales se extinguió. Continuó la presidencia oficial tras la urna y ya en 1995, con la salida de la Virgen del Desconsuelo, tras su paso. Este año, monseñor Jesús Fernández cerrará el cortejo de la hermandad servita.


















 

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