¿Por qué ha ido el Papa a Kazasjistán?

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En este artículo, Antonio Navarro,  Delegado Diocesano de Ecumenismo y para el Diálogo Interreligioso, analiza algunas de las claves para entender este 38º Viaje apostólico del papa Francisco

Por Antonio Navarro, Delegado Diocesano de Ecumenismo y para el Diálogo Interreligioso

Kazajistán, una nación plural y abierta

Como país moderno e independiente, Kazajistán es muy reciente. Fue en 1991 cuando declaró su independencia de la ya casi extinta Unión Soviética. Desde el siglo XIX, Rusia dominó este extenso país, sea como territorio imperial, sea como República Soviética. Por esta razón, la presencia rusa en Kazajistán es amplia, en torno a un 25%. El ruso, que habla la mayor parte de la población, es lengua cooficial; y el idioma oficial, el kazajo (una lengua de la familia del turco) se escribe con caracteres cirílicos, importados del ruso. Existen otras muchas etnias, como los kurdos, los chechenos, los tártaros, y distintos grupos de poblaciones eslavas y germanas, fruto de las deportaciones de la época de Stalin. Por ello, Kazajistán se ha configurado como un país con gran diversidad, habituado a la convivencia pacífica dentro de una gran pluralidad.

Desde el punto de vista religioso, también existe un mapa complejo de confesiones. La mayor parte de la población (sobre un 70%) profesa el islam, bajo una forma propia y muy adaptada a las características del pueblo kazajo y de las otras etnias que comparten este credo. Hasta el siglo XII, el islam apenas fue aceptado en este territorio. Con la influencia de Ahmad Yasawi (m. 1166), predicador de una orden espiritual sufí, el islam entró en la población, ya que él supo adaptar su mensaje bajo forma de poesía y mística y en las lenguas propias de la región. Con este islam popular e inculturado, ciertas características del islam árabe no llegaron a implantarse, como por ejemplo la aplicación íntegra de la sharía, dado que ciertos códigos legales civiles previos a la islamización prevalecieron incluso sobre las orientaciones que regían en otros lugares del mundo islámico. Hoy día, el islam kazajo tiene una fuerte crisis de práctica, debido, entre otras cosas, a la influencia del comunismo soviético, lo que ha llevado a que muchos pertenezcan al islam culturalmente, pero no espiritualmente. Además del islam, hay una presencia cristiana ortodoxa rusa apreciable, en torno al 25% (coincidiendo con los rusos que habitan el país). Existen otros grupos de cristianismo protestante, y el catolicismo representa el 1% de la población, casi todos ellos extranjeros.

Los objetivos del viaje del papa Francisco

Desde el año 2003, en una situación global delicada tras el atentado del 11-S y la guerra de Afganistán, el presidente kazajo decidió emprender una serie de reuniones entre líderes religiosos para afrontar juntos cuestiones como la paz, la convivencia, la libertad religiosa y el riesgo del fundamentalismo y la violencia. En 2022 se celebraba el VII Congreso de Líderes de las religiones mundiales y tradicionales y el Papa ha decidido asistir por primera vez en persona (hasta ahora habían acudido representantes de la Santa Sede). No es la primera vez que el Papa va a Kazajistán, pues san Juan Pablo II ya viajó a este país en 2001, justo tras el ataque a las Torres Gemelas. Allí, el Santo Padre hizo una fuerte llamada a la paz, poniendo a Kazajistán como ejemplo de un país con tradición de paz y armonía dentro de su pluralidad étnica y religiosa. Hoy día, el papa Francisco advierte que existe una gran amenaza a la paz mundial, viviéndose una “Tercera Guerra Mundial” en parcelas locales. La más cercana a nosotros es la guerra de Ucrania, pero no es la única que el Papa denuncia (de hecho, el viaje se programó antes de que esta estallara). África y Asia viven multitud de sangrientos conflictos, Occidente apenas repara en ellos o crea los suyos propios. El papa Francisco ve, en la actualidad, un escenario similar al que contempló san Juan Pablo II después del 11-S, y eso ha sido aliciente para, incluso con sus limitaciones físicas, acudir a la invitación de Kazajistán.

Desde su primera edición en 2003, el Congreso ha pasado de tener 17 delegaciones a más de 50. El evento ha congregado a importantes figuras del mundo religioso, como el Gran Imán de Al Azhar, Ahmed Al Tayyeb; el Metropolitano Antonij de Volokolamsk, jefe del Departamento de Relaciones Exteriores del Patriarcado de Moscú (el Patriarca ortodoxo reusó venir a última hora); el Gran Rabino Ashkenazi de Israel, David Lau; y el Gran Rabino Sefardí de Israel, Yitzhak Yosef; y el Patriarca Teófilo III de Jerusalén. El Papa ha querido acudir al encuentro como parte de su 38º Viaje Apostólico a Kazajistán, que ha tenido como lema “Mensajeros de la paz y la unidad”. Durante el viaje, ha dirigido dos discursos dentro del Congreso, uno al inicio y otro en la conclusión. Otro discurso lo realizó ante las autoridades gubernamentales y diplomáticas justo a su llegada. Por último, celebró la Santa Misa con una homilía en la Festividad de la Santa Cruz y habló también a los obispos, sacerdotes, diáconos, consagrados, seminaristas y agentes pastorales en un encuentro que tuvo con ellos, dándoles claves sobre su ser Iglesia abierta y misionera en un país en el que los católicos son minoría.

El contenido de sus discursos

Como tónica general, hay que destacar una característica llamativa, y es el uso de imágenes, objetos y personajes propios de Kazajistán como hilo conductor del argumento de sus discursos. En las palabras dirigidas a las autoridades, el Papa eligió un instrumento musical local, el dombra, como metáfora que articulaba las ideas: el progreso que mira al futuro pero que se enraíza en la tradición, las dos cuerdas del dombra como la habilidad de Kazajistán de equilibrar extremos y construir puentes culturales y geográficos, el papel de la trascendencia y la religión en el alma de un país dentro de una sana libertad religiosa y de conciencia, la armonía interna que tiene en cuenta a todos los ciudadanos y que se dirige hacia un compromiso con la paz hacia el exterior.

En la apertura del Congreso de Líderes religiosos, el Papa tomó como línea un conjunto de citaciones de Abai, un pensador, teólogo y poeta, figura nacional por excelencia de la cultura y lengua kazajas, que en el siglo XIX promovió un “renacimiento” del país y una reforma del islam, su teología y espiritualidad. Desde estas citaciones, expuso la enseñanza conciliar acerca de la religión y su origen como búsqueda de las respuestas últimas del ser humano (cf. Nostra Aetate, 1); las características de una sana espiritualidad que no caiga en la instrumentalización mundana o en el fundamentalismo violento, la religión como factor de humanismo y paz frente a los movimientos antirreligiosos o laicistas que quieren enmudecerla, la libertad religiosa como derecho dado por Dios, quien envía su mensaje a la Tierra, pero deja al hombre libre para buscar la Verdad con responsabilidad y sin imposiciones; la fragilidad del ser humano que la pandemia ha puesto de relieve, la necesidad de acudir al Creador para cuidar juntos de la Casa común, y la urgencia de trabajar por la paz desde una visión sagrada de la vida humana y su dignidad. Estas ideas aparecen en su discurso conclusivo, con otras citaciones conciliares (en este caso de Gaudium et Spes) y de la encíclica programática de san Juan Pablo II Redemptor Hominis.

En su discurso a la Iglesia presente en el país, el Papa destacó dos palabras, herencia y promesa. La herencia es la Tradición recibida, haciendo memoria del depósito de la fe vivido por tantas comunidades que en el pasado evangelizaron esta zona de Asia y dejaron su impronta. Esa memoria del pasado no es “nostalgia”, sino que abre al futuro, hacia la proclamación de una fe que no son ideas sino vida y testimonio personal iluminador. Cuando el encuentro con Jesús contagia a otros, es cuando puede venir el resto de la formación. La Iglesia kazaja, pequeña y humilde, tiene la misión de dar ese testimonio práctico, de vivir la caridad hacia los pobres y la fraternidad interna, colaborando y dialogando con los demás ciudadanos para el bien común. Finalizaba el Papa diciendo: “Vivan con alegría esta herencia y den testimonio de ella con generosidad, para que todas las personas con las que se encuentren puedan percibir que también hay una promesa de esperanza dirigida a ellas. (…) ¡Que la Virgen derrita el frío de los corazones, infunda en nuestras comunidades una renovada calidez fraterna y nos dé una nueva esperanza y un nuevo entusiasmo por el Evangelio!”.

 

 

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