Reunión del Grupo Mixto de Trabajo

Carta Pastoral del Administrador Apostólico de Córdoba, D. Juan José Asenjo Pelegrina.   Queridos hermanos y hermanas: 

Entre los días 12 y 19 de octubre va a tener lugar en Córdoba la sesión plenaria del Grupo Mixto de trabajo de la Iglesia Católica y el Consejo Mundial de Iglesias, organismo creado en 1965, el mismo año en que era clausurado el Concilio Vaticano II. Está integrado por 36 miembros de los cinco continentes, católicos, ortodoxos, protestantes, anglicanos y miembros de Iglesias cristianas libres. Presidirán las sesiones el Metropolita Nifón de Targoviste, del patriarcado de Rumanía, y el Arzobispo de Dublín (Irlanda), Mons. Diarmuid Martin. Participará también el Arzobispo Brian Farrel, Secretario del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos.

La finalidad de este organismo es discernir y evaluar la situación ecuménica actual y aportar reflexiones que ayuden en el camino hacia la unidad de todas las Iglesias y confesiones cristianas. En el programa de Córdoba está previsto que se estudien las raíces espirituales del ecumenismo, la participación de las jóvenes generaciones en el movimiento ecuménico y las consecuencias que se derivan del fenómeno de las migraciones.

Entre los días 12 y 19 de octubre, sin caer en hipérboles sin fundamento, Córdoba se va a convertir en la capital mundial del ecumenismo. Por mi parte, y en nombre de la Diócesis, doy la más sincera y fraternal bienvenida a los participantes, deseándoles una feliz estancia en nuestra ciudad y asegurándoles que ya desde ahora encomendamos al Señor los frutos de sus deliberaciones y le pedimos que su reunión en Córdoba constituya un hito importante en el largo camino hacia la comunión plena y visible de todos los que creemos en Cristo.

Al mismo tiempo que os invito a todos a tener presente en vuestra oración en estos días el acontecimiento excepcional que se nos anuncia, os invito también a implicaros en la causa de la unidad, que no compromete sólo a los expertos, teólogos que participan en el diálogo institucional entre las diferentes Iglesias. El ecumenismo es el camino de la Iglesia, que no es una realidad replegada sobre sí misma, sino permanentemente abierta a la dinámica misionera y ecuménica, como nos dijera el Papa Juan Pablo II en la Encíclica Ut unum sint. Por ello, el ecumenismo es compromiso de todos los bautizados, de las diócesis, de las parroquias, de todas las comunidades eclesiales y de la pastoral ordinaria. Todos estamos llamados a hacer nuestra cada día la oración de Jesús, “que todos sean uno”, a rezar y trabajar por la unidad de los discípulos de Cristo, codo con codo con nuestros hermanos cristianos de otras confesiones, cada vez más numerosos entre nosotros como consecuencia de la inmigración.

La globalización es, sin duda, uno de los signos de nuestra época. En este contexto y ante la misión evangelizadora de la Iglesia, el compromiso ecuménico es más necesario que nunca. La división entre los cristianos “es un escándalo para el mundo y perjudica a la causa santísima de la predicación del Evangelio” (UR, 1). Por ello, ecumenismo y evangelización son dos realidades inseparables. A través de ellas la Iglesia cumple su misión en el mundo y expresa su catolicidad.

Cuando asistimos al avance vertiginoso de un humanismo sin Dios y constatamos el recrudecimiento de los conflictos que humillan especialmente a los pueblos del Tercer Mundo, la Iglesia más que en otras coyunturas históricas debe ser “signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano” (LG, 1). Ante la profunda nostalgia de paz que sienten hoy tantos contemporáneos nuestros, la Iglesia, signo e instrumento de unidad, ha de esforzarse en superar las divisiones entre los cristianos, para ser testigo creíble de la paz de Cristo.

En los últimos cincuenta años el ecumenismo ha recorrido un camino impensable hace sólo unos años. Ha progresado el diálogo teológico, han desaparecido muchas incomprensiones y prejuicios entre las distintas confesiones cristianas, ha crecido la conciencia de que somos hermanos y de que es mucho más lo que nos une que lo que nos separa. Por ello, hemos de dar gracias a Dios. Sin embargo, todavía no hemos llegado a la meta: la comunión plena en la fe, en los sacramentos y en el ministerio apostólico, mientras han surgido problemas nuevos, especialmente en el campo de la moral.

Las dificultades no nos deben paralizar, sino todo lo contrario. Un cristiano no puede renunciar jamás a la esperanza, ni perder el entusiasmo. El camino es todavía largo y arduo. Vivamos con pasión el ecumenismo espiritual que es el alma y el corazón de todo el movimiento ecuménico (UR 8), la mortificación voluntaria, la conversión interior, la purificación de la memoria, la santidad de vida en conformidad con el Evangelio, y sobre todo, una intensa y asidua oración que se haga eco de la oración de Jesús al Padre la víspera de su Pasión.

Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición. 

+ Juan José  Asenjo Pelegrina

Administrador Apostólico de Córdoba

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