Contra la esclavitud infantil

Carta Pastoral del Administrador Apostólico de Córdoba, D. Juan José Asenjo Pelegrina, con motivo del Día contra la esclavitud infantil. El 16 de abril se celebra en algunos lugares del mundo el Día contra la esclavitud infantil. En esa fecha del año 1995, Pascua de Resurrección, fue asesinado el niño pakistaní de 12 años, Iqbal Maíz, después de participar en la eucaristía de Pascua. Cuando tenía cuatro años, Iqbal fue vendido por sus padres por quince dólares, para trabajar como esclavo en una fábrica de alfombras. Allí supo que su sufrimiento era el mismo que el de miles y miles de niños. Por ello, junto con otros niños en parecidas circunstancias, consiguió la libertad y comenzó una lucha asociada para la liberación de los millones de niños esclavos que hay en el mundo. Previamente, se había convertido al catolicismo, un gesto que en un país de mayoría musulmana significaba vivir excluido y amenazado y, en ocasiones, perder la vida. Catorce años después de su martirio, la mecha encendida por él prende en todo el mundo y se multiplican las iniciativas para abolir la esclavitud infantil y para pedir que el 16 de abril sea declarado Día Mundial contra la Esclavitud Infantil.

Hoy existen en el mundo más de 400 millones de niños esclavos: niños soldados, niñas explotadas sexualmente, niños asesinados para traficar con sus órganos, niños  malviviendo o muriendo en las minas, consumiendo su vida en fábricas insalubres…. Este crimen de lesa humanidad, lejos de desaparecer, aumenta cada día en número y crueldad.

Los niños esclavos necesitan nuestra compasión, solidaridad y compromiso para lograr su liberación. La Iglesia ha sido siempre madre y maestra en el servicio a los pobres y olvidados, especialmente los más pequeños. Nuestro Señor Jesucristo proclamó la igual dignidad de todo ser humano, e introdujo un nuevo mandamiento casi desconocido hasta entonces: el amor a todos, incluso a los enemigos. Desde sus inicios, el cristianismo supuso un cambio radical en la historia, por defender la fraternidad de todos los hombres como hijos de un mismo Dios y Padre, prescindiendo de su raza, procedencia y condición social. Por ello, la Iglesia ha luchado siempre contra toda forma de esclavitud y ha defendido como nadie la dignidad de los niños, condenando el infanticidio y el aborto y reclamando para los niños el máximo cuidado y protección. Sigue así el ejemplo de su Señor, siempre cercano a los niños, que hasta entonces eran muchas veces despreciados y relegados a los últimos lugares de la escala social.

En las primeras generaciones cristianas hubo una gran preocupación por la educación de los niños, en especial en el seno de la familia y en las catequesis impartidas por la comunidad.  A lo largo de la Edad Media y Moderna, diversos Concilios se preocuparon de su protección, mientras múltiples instituciones eclesiales les ofrecían escuelas y medios de formación, muy especialmente en los siglos XIX y XX. La preocupación de la Iglesia por los niños ha impregnado la cultura popular, proponiendo incluso modelos de santidad para los niños: San Pelagio, Santa Eulalia, Santa Leocadia, los Santos Justo y Pastor o Santa Josefina Bakita, una niña esclava recientemente canonizada.

También el Magisterio de la Iglesia ha mostrado su preocupación por la protección y  defensa de los niños, condenando cualquier tipo de esclavitud. Ya en 1891 el Papa León XIII denunciaba que “un número sumamente reducido de opulentos y adinerados ha impuesto poco menos que el yugo de la esclavitud a una muchedumbre infinita de proletarios”. Juan Pablo II, por su parte, denunció el drama de los niños esclavos en innumerables ocasiones: “En algunos países –nos dejó escrito- hay niños obligados a trabajar a corta edad, maltratados, castigados violentamente, remunerados por una paga irrisoria; al no tener manera de hacerse respetar, son los más fáciles de chantajear y explotar”. Por ello pide “acabar con el abuso que supone el trabajo infantil, pues impide la educación primaria de millones de niños en el mundo…”, al tiempo que pide luchar contra las causas de este estado de cosas y contra la realidad terrible de los niños de la calle. El Papa Benedicto XVI nos ha recordado nuestro compromiso bautismal de servir a los últimos de la tierra, que llevan en su rostro los sufrimientos del Crucificado, y entre los que ocupan un lugar destacado los 400 millones de niños esclavos.

La Iglesia sigue hoy comprometida con estos niños. Nuestro misioneros comparten su vida y ponen voz a su sufrimiento. Donde mueren los empobrecidos, donde se asesina a la infancia, también están hoy, como siempre, miles de organizaciones de la Iglesia Católica, que trabajan por la promoción de los niños y contra la esclavitud infantil. A todos nosotros y a nuestras comunidades diocesanas nos corresponde ahora, siguiendo la estela del mártir Iqbal Masih, rezar y trabajar por esta noble, justa y cristiana causa, la erradicación de esta lacra social, y para que el 16 de abril sea declarado en todo el mundo el Día Internacional contra la Esclavitud Infantil.

Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.

+ Juan José Asenjo Pelegrina
Administrador Apostólico de Córdoba

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