Comienza la Cuaresma, camino hacia la Pascua

Carta Pastoral de Mons. Demetrio Fernández, Obispo de Córdoba, con motivo del comienzo de la Cuaresma.

Hemos comenzado el tiempo de Cuaresma, tiempo de preparación para la Pascua. En la Pascua celebramos el misterio central de Cristo y del cristiano, la muerte redentora de Cristo y su gloriosa resurrección, que nos abre un horizonte nuevo de vida eterna. Nos ponemos en camino hacia la Pascua, donde renovaremos nuestro bautismo, sumergidos con Cristo en su muerte para renacer con Cristo a la nueva vida.

El horizonte es la divinización del hombre, ser transfigurados con Cristo para participar de su gloria. El camino es la prueba y la tentación, donde salimos fortalecidos en el combate contra las fuerzas del mal y contra el demonio. Los medios a emplear son la oración, el ayuno y la limosna. La Cuaresma se plantea como un catecumenado en el que revivir nuestro propio bautismo, que desemboca en el sacramento de la penitencia para sentarse a la mesa del Señor en la Eucaristía.

La oración nos pone en clima de escucha de la Palabra de Dios. Durante el tiempo de Cuaresma somos invitados a volver a Dios, a convertirnos de nuestros malos pasos, a reorientar nuestra vida hacia la meta, que es Dios. Seguramente que todos necesitamos ajustes en la dirección de nuestro corazón inquieto, que sólo en Dios hallará su descanso. Dedicar más tiempo a la oración durante este tiempo, examinar nuestra conciencia para ver si nos ajustamos a la voluntad de Dios, es una tarea propia de la vida cristiana y especialmente de este tiempo de Cuaresma. ¿En qué tiene que cambiar mi vida?

El ayuno consiste en privarse de lo que nos estorba, para abrir nuestro corazón a Dios y a los hermanos. Queriendo o sin querer, nos dejamos llevar por el egoísmo, que nos impide amar de verdad. Pensamos solamente en nuestras necesidades, y cuanto más tenemos, más queremos. Necesitamos invertir esta tendencia. El ayuno es un entrenamiento en el amor verdadero, que ha de aquilatarse en la prueba. Nos estorban los vicios y los pecados, nos estorban tantas aficiones que aún siendo buenas nos entretienen. Sólo en el amor encontraremos que nuestro corazón se satisface, y cuántas veces nos es imposible amar. En el campo del ayuno se incluye la penitencia y la mortificación. Si no morimos con Cristo, no podemos resucitar con Él. ¿De qué tengo que despojarme?

La limosna es generosidad, apertura del corazón a los hermanos para compartir con ellos lo que tú has recibido. Cuántas necesidades a nuestro alrededor. Mucha gente lo pasa mal, a miles de kilómetros y a nuestro lado, mientras yo tengo más de lo necesario. Ha aumentado el paro obrero, muchas familias no tienen nada para comer o para sobrevivir. La crisis nos interpela a todos, y no podemos quedarnos de brazos cruzados esperando a que se resuelvan las macrocifras. Podemos y debemos salir al encuentro de nuestros hermanos más cercanos. En nuestra ciudad y en nuestros pueblos de Córdoba hay pobres, hay necesidad, hay miseria. Y en el mundo entero, mucho más. Cáritas y las parroquias están al servicio de tantos hermanos nuestros que no tienen casi nada. Las instituciones de caridad de la Iglesia están mostrando en este momento el rostro más amable de la Iglesia en la atención a los más necesitados. Cuando falla todo, ahí está la Iglesia para ayudar al que lo necesita. La Cuaresma es un tiempo de gracia para aprender a amar, para aprender a compartir. ¿Qué podría compartir con los demás?

Oración, ayuno, limosna. Un trípode referencial de toda vida cristiana. En Cuaresma hay que actualizar este trípode. Así, renovados por la penitencia, podremos disfrutar de los dones de la Pascua.

Con mi afecto y bendición:

+ Demetrio Fernández
Obispo de Córdoba  

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