Bendito el que viene en nombre del Señor

Carta del Administrador Apostólico de Córdoba, Mons. Juan José Asenjo, ante el nombramiento de Mons. Demetrio Fernández como Obispo de la Diócesis. Queridos hermanos y hermanas:

La Nunciatura Apostólica en España acaba de hacer pública la noticia: el Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Demetrio Fernández González, hasta ahora Obispo de Tarazona, es el nuevo Pastor de nuestra Diócesis. Después de más de un año de sede vacante, a raíz de mi nombramiento como Arzobispo coadjutor de Sevilla, Dios nuestro Señor, que vela siempre amorosamente por su Iglesia, nos envía un nuevo Obispo para proseguir la tarea evangelizadora, santificadora y de gobierno de la larga serie de pastores que han servido a esta venerable Iglesia de Córdoba. Demos gracias a Dios y demos también la bienvenida a nuestra Diócesis a nuestro nuevo Obispo con las palabras del Evangelio: “Bendito el que viene en el nombre del Señor” (Lc 19,38).

D. Demetrio nació el 15 de febrero de 1950 en Puente del Arzobispo (Toledo). Acaba de  cumplir, pues, sesenta años. Está, en consecuencia, en una edad excelente para iniciar su ministerio entre nosotros. En la Archidiócesis toledana ha sido, entre otros cargos, Consiliario de la Acción Católica, Rector del Seminario de Santa Leocadia, Vicario General con el Cardenal Marcelo González Martín, profesor del Seminario y Párroco de Santo Tomé. Allí ha gozado siempre de la confianza de sus Arzobispos. Es doctor en Teología, en la especialidad de cristología, y es muy inteligente y animoso. Es además hombre de gran hondura espiritual y de excelente formación. Tiene experiencia de gobierno, y también en el trato y acompañamiento a los sacerdotes y seminaristas y en la dirección espiritual de muchos laicos en su Diócesis de origen. Ha dirigido muchas tandas de Ejercicios, incluso a los sacerdotes de nuestra Diócesis. Lo conozco desde hace muchos años, me honro con su amistad y os aseguro con toda sinceridad que me alegra grandemente su nombramiento, pues tengo la conciencia de que nuestra querida Diócesis de Córdoba, los sacerdotes, consagrados y laicos, y nuestros Seminarios, quedan en buenas manos.

Demos, pues, gracias a Dios y también al Santo Padre, que nos envía un Pastor según el corazón de Dios, dispuesto a escribir, con vuestra ayuda y colaboración, un tramo más de la historia gloriosa de esta Iglesia particular, ilustre por la santidad de sus hijos más preclaros que son los santos cordobeses de todas las épocas, y de la que todos nos sentimos orgullosos. Os felicito de corazón por este regalo que el Señor a través del Papa nos hace y os pido que le acojáis con el mismo afecto y sentido eclesial con que me acogisteis a mí y con el que me habéis acompañado a lo largo de los seis años largos en que he tenido el honor de servir a esta querida Diócesis.

Con el Concilio Vaticano II os recuerdo que “los Obispos… recibieron el ministerio de la comunidad para presidir sobre la grey en nombre de Dios como pastores, como maestros de doctrina, sacerdotes del culto sagrado y ministros dotados de autoridad.. [y que] quien a ellos escucha, a Cristo escucha, a quien los desprecia a Cristo desprecia y al que le envió (cf. Lc., 10,16)”. A través de ellos, Jesucristo nuestro Señor está presente en medio de los fieles como Pontífice Supremo” (LG 20-21).

El propio Concilio nos dice que “los fieles, por su parte, deben estar unidos a su Obispo como la Iglesia lo está con Cristo y como Cristo mismo lo está con el Padre, para que todas las cosas armonicen en la unidad y crezcan para la gloria de Dios (cf. 2Cor., 4,15)” (LG 27). San Ignacio de Antioquía, en su carta a los fieles de Filadelfia, afirma que el “Obispo visible” hace las veces del “Obispo invisible y universal”, que seguir al obispo es estar con Cristo, que es la “puerta del Padre”; y que quienes se separan del pastor, se apartan de la Iglesia. Nos dice también que la unión visible con el Obispo es el signo y la garantía de la unión invisible con la Trinidad. En consecuencia el Obispo, los presbíteros y los fieles deben vivir la unidad imitando la unidad del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Os pido, pues, que acojáis a nuestro nuevo Obispo con estos sentimientos y propósitos y que desde ahora recéis insistentemente por él para que el Señor le conceda el corazón, las entrañas y el estilo de Jesucristo, Buen Pastor, que no vino a ser servido sino a servir y a entregar su vida en rescate por todos. Pido a los sacerdotes y consagrados, y muy particularmente a las comunidades contemplativas, que incluyan en las preces de los fieles plegarias especiales por el nuevo Obispo y que participéis masivamente en la ceremonia de su toma de posesión, que tendrá lugar en nuestra Catedral el próximo día 20 de marzo a las doce de la mañana.

Felicito de nuevo a D. Demetrio, le doy en nombre de todos las bienvenida más cordial y fraterna a nuestra Diócesis, y os felicito también a vosotros por la gracia del todo especial que el Señor nos ha regalado con su nombramiento.

Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.
Córdoba, 18 de febrero de 2010

+ Juan José Asenjo Pelegrina
Arzobispo de Sevilla y Administrador Apostólico de Córdoba

Contenido relacionado

Gloria a nuestros mártires

Ha llegado el día feliz en la historia de nuestra diócesis...

Enlaces de interés