Alocución de Mons. Demetrio Fernández

En la inauguración de la nueva Casa Sacerdotal de Córdoba.

Excmo. y Rvdmo. Sr. Nuncio Apostólico, Mons. Renzo Fratini. Excmo. y Rvdmo. Sr. Arzobispo Metropolitano de Sevilla, querido D. Juan José.

Excmo y Rvdmo. Sr. Obispo electo como Auxiliar de Sevilla, querido D. Santiago.

Otros obispos…

Iltmo. Sr. Vicario General, D. Fernando Cruz-Conde, que junto a D Juan José y después conmigo has llevado el peso de esta empresa de la nueva Casa Sacerdotal, Director de la Casa, queridos hermanos sacerdotes y seminaristas, Madre Provincial y Comunidad de Mercedarias de la Caridad y demás religiosas y personas consagradas, cristianos fieles laicos, especialmente los que habéis trabajado en el acondicionamiento de la Casa y los que trabajáis al servicio de la misma.

Sed todos bienvenidos a esta nueva Casa Sacerdotal que con el título de “San Juan de Avila” hoy inauguramos para servicio del presbiterio de Córdoba y de otros sacerdotes que puedan beneficiarse.

Una Casa Sacerdotal es una prolongación del Cenáculo. El Cenáculo es el lugar donde Jesucristo celebró la Pascua con los apóstoles, donde instituyó el sacramento de la Eucaristía y, al servicio del mismo, el sacramento del Orden sacerdotal. El Cenáculo es el lugar de encuentro con el Resucitado, donde nace la fuerte experiencia de la Iglesia que se encuentra con su Señor, que ha vencido la muerte. El Cenáculo finalmente es el lugar donde María reúne a los apóstoles para la espera del Espíritu Santo, y el lugar donde el Espíritu Santo pone en marcha la Iglesia el día de Pentecostés. El Cenáculo es el centro de los grandes acontecimientos de la Redención del mundo.

Una Casa Sacerdotal es una prolongación del Cenáculo. En una Casa sacerdotal el centro lo constituye Jesucristo en el Sacramento del Altar, en el Sagrario. En la Casa Sacerdotal se celebra cotidianamente la Eucaristía, el memorial de la Pascua del Señor. Y se celebra varias veces, porque es una casa de sacerdotes, cuya primera y principal ocupación es la celebración eucarística. Un sacerdote ha sido ordenado para eso, para celebrar la Santa Misa. No celebramos solamente cuando hay pueblo, celebramos también porque éste es el encargo que hemos recibido del Señor y de la Iglesia, el de perpetuar en la historia el misterio de la redención “por vosotros y por todos los hombres”. Celebramos la Eucaristía, porque aquí está la fuente principal de nuestra santificación sacerdotal. Y junto a la Eucaristía, María. La madre que Jesús nos ha dado junto a la Cruz y que nos acompaña siempre, ahora y en la hora de nuestra muerte.

Una Casa Sacerdotal es un lugar de sosiego y de paz. Es lugar de descanso, de estudio, de convivencia, de encuentro. Para los más jóvenes, es lugar de residencia donde reponer fuerzas para la actividad apostólica. Para los más mayores, es lugar donde se consuma la ofrenda de la propia vida al Señor. Para los sacerdotes visitantes, es lugar de paso, estación para repostar y continuar el camino. Para todos, esta Casa debe ser la Casa de María, el dulce hogar donde uno llega y encuentra los cuidados maternos de una casa: un lugar en la mesa, una capilla para rezar, una habitación para retirarse y descansar, un lugar de encuentro con los hermanos sacerdotes. María será la madre que nos cuide en esta Casa que hoy inauguramos.

Esta Casa, queridos sacerdotes cordobeses, ha sido vuestro hogar desde hace muchos años. Algunos llegasteis a ella cuando todavía erais niños, para emprender el camino hacia el sacerdocio, cuando esta Casa era el gran Seminario diocesano. Y ahora volvéis a ella para descansar de vuestros trabajos y fatigas apostólicas, hasta que el Señor os llame y podáis oír de sus labios: “Bien, siervo bueno y fiel, entra en el gozo de tu Señor” (Mt 25,21.23). Esta Casa espléndidamente acondicionada será lugar de encuentro del presbiterio diocesano, lugar de descanso y de oración, lugar de trabajo y de reuniones. Es la Casa Sacerdotal del presbiterio de Córdoba.

Esta Casa está construida sobre el lugar donde han derramado su sangre innumerables mártires de Córdoba, particularmente san Pelagio que da nombre a nuestro Seminario. Córdoba es una ciudad, es una diócesis regada abundantemente por la sangre de los mártires. “La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos”, nos recuerda Tertuliano. A ellos, a su sangre, a su heroico testimonio debemos la fe y la vida pujante de esta diócesis de Córdoba. Pujante en su apostolado seglar, pujante en su religiosidad popular, pujante en su Seminario Diocesano Mayor y Menor, pujante en su ardor misionero. Sobre este lugar fue levantado el Seminario, que hoy se inaugura en parte como Casa Sacerdotal, dejando otra buena parte para Seminario Mayor (el Seminario Menor está en Sansueña, otro lugar de la ciudad), y otra parte para la Biblioteca Diocesana y Archivo Diocesano. Cerca de la Catedral, cerca del Obispado, en el corazón de la ciudad. La ubicación no puede ser mejor.

La Casa lleva a partir de ahora el nombre de “San Juan de Ávila”. San Juan de Ávila fue presbítero de este presbiterio diocesano de Córdoba, vinculado a un pequeño beneficio eclesiástico en Santaella. El dedicó bastantes años de su vida al ministerio sacerdotal por esta ciudad y por sus pueblos. En conexión con el obispo de Córdoba, contribuyó notablemente a la reforma del clero de su tiempo. Sus últimos quince años los vivió en Montilla (Córdoba), donde acudían sus discípulos para consultar con el Maestro Ávila, y ese es propiamente su lugar de nacimiento para el cielo, donde murió el 10 de mayo de 1569 y donde se conservan sus reliquias y su casa. Esperamos que en fecha próxima el Santo Padre lo proclame doctor de la Iglesia, para gloria de Dios y para honra especial de esta su diócesis de Córdoba. El regalo de esta Casa queremos agradecérselo especialmente a él, que tanto contribuyó a la santificación de los sacerdotes, y pedimos por su intercesión que esta Casa sea un verdadero Cenáculo, donde los sacerdotes revivan la gracia de su sacerdocio para el bien del pueblo santo de Dios.

Muchas gracias a todos los que habéis contribuido a hacer realidad lo que hoy inauguramos. Gracias a D. Juan José, nuestro arzobispo metropolitano de Sevilla, que concibió, proyectó y casi llevó a su término esta Casa Sacerdotal, como una expresión de su amor al presbiterio de Córdoba. Gracias a Vimpyca, a su presidente Mons. Miguel Castillejo y su gerente D. Jesús Álvarez. Es la Fundación que ha prestado su estructura y sus medios para hacer posible las obras realizadas. Gracias al arquitecto D. Rafael Toscano y a los arquitectos e ingenieros que trabajan con él, a los arquitectos técnicos D. Rafael Prados, del Obispado de Córdoba, y D. Francisco Melero, de Vimpyca, al jefe de obra D. José Miguel Ram&ia
cute;rez y a la empresa constructora Construalia, a los albañiles y a todos los que han trabajado para instalar y rematar esta casa preciosa para los curas de Córdoba. Gracias a las Mercedarias de la Caridad, con sor Rosario a la cabeza, que han vestido la casa, disponiéndola como un hogar, donde encontrarnos a gusto. Gracias a todos por vuestra presencia.

Gracias Sr. Nuncio Apostólico de Su Santidad en España por venir a Córdoba en esta feliz ocasión. En Córdoba queremos mucho al Papa, y queremos seguir fielmente su precioso magisterio y su disciplina. Agradecemos la presencia de su Representante en España y quisiéramos, Sr. Nuncio, tratarle de tal manera que tenga ganas de volver muchas veces a estar con nosotros en Córdoba. Es una ciudad encantadora, créame.

Muchas gracias.

+ Demetrio Fernández González

 Obispo de Córdoba  

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