Al inicio del curso pastoral 2010-2011

Carta Pastoral de Mons. Demetrio Fernández González, Obispo de Córdoba.

Queridos hermanos, queridos hijos:

En el segundo curso del Plan pastoral diocesano.

Al comenzar el nuevo curso 2010-2011, conviene que tengamos presentes algunas pautas comunes en nuestra pastoral diocesana. Son como acentos o subrayados a la pastoral ordinaria, que es la que llena nuestras agendas y nuestro calendario. El anuncio del Evangelio y la catequesis en todas sus formas, el culto a Dios en la celebración de la liturgia y particularmente en la Eucaristía, y el testimonio de caridad entre nosotros y hacia los necesitados, son como los ejes constantes de la acción pastoral en nuestras parroquias y en toda la diócesis.

«No se trata, pues, de inventar un nuevo programa. El programa ya existe. Es el de siempre, recogido por el Evangelio y la Tradición viva. Se centra, en definitiva, en Cristo mismo, al que hay que conocer, amar e imitar, para vivir en él la vida trinitaria y transformar con él la historia hasta su perfeccionamiento en la Jerusalén celeste. Es un programa que no cambia al variar los tiempos y las culturas, aunque tiene cuenta del tiempo y de la cultura para un verdadero diálogo y una comunicación eficaz. Este programa de siempre es el nuestro para el tercer milenio.

Sin embargo, es necesario que el programa formule orientaciones pastorales adecuadas a las condiciones de cada comunidad. […] En las Iglesias locales es donde se pueden establecer aquellas indicaciones programáticas concretas —objetivos y métodos de trabajo, de formación y valorización de los agentes y la búsqueda de los medios necesarios— que permiten que el anuncio de Cristo llegue a las personas, modele las comunidades e incida profundamente mediante el testimonio de los valores evangélicos en la sociedad y en la cultura.

Por tanto, exhorto ardientemente a los Pastores de las Iglesias particulares a que, ayudados por la participación de los diversos sectores del Pueblo de Dios, señalen las etapas del camino futuro, sintonizando las opciones de cada Comunidad diocesana con las de las Iglesias colindantes y con las de la Iglesia universal» (Novo millennio ineunte, 29).

La fecha que lo encuadra todo cada año es la fecha de la Pascua. Este año, el 24 de abril. Cada año en esta fecha celebramos el misterio central de nuestra fe: que Cristo ha muerto y ha resucitado. Y cada domingo renovamos esa misma Pascua semanal en torno a Jesucristo en el sacramento de la Eucaristía, presencia, sacrificio y banquete del Señor. Es la liturgia celebrada y vivida la que hace presente el misterio de Dios en la historia, abriendo la historia humana a la eternidad. Es la liturgia la que prolonga la encarnación redentora para bien de todos los hombres. Es la liturgia la que convierte el tiempo (kronos) en gracia (kairos), en historia de salvación. Es la liturgia la que nos convoca en Asamblea santa, Pueblo sacerdotal para vivir el mandamiento del amor fraterno.

Enmarcados en el Plan pastoral 2008-2012, Permaneced en mi amor (Jn 15,9), aprobado por mi predecesor Mons. Juan José Asenjo en noviembre de 2008 y que asumo plenamente, durante el curso que ahora comenzamos hemos de acentuar el segundo objetivo de este trienio: “La Eucaristía, fuente de la comunión y de la misión eclesial”. “La Liturgia [y particularmente la Eucaristía] es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza” (SC 10).

Este año nos fijamos especialmente en cómo la Eucaristía edifica la Iglesia , la cohesiona internamente en un movimiento permanente de sístole, que la hace vivir en la comunión, y en cómo la Eucaristía dinamiza la vida y la actividad de la Iglesia en un movimiento permanente de diástole que la impulsa a la misión. Comunión y misión. Sístole y diástole que van íntimamente relacionadas, y que se alimentan permanentemente de la Eucaristía, de Cristo prolongado en este sacramento.

Aspectos particulares de este curso 2010-2011

1. Comienzo de la Visita Pastoral
Entre las tareas que se le confían al Obispo, destaca especialmente la Visita Pastoral. El Directorio para el ministerio pastoral de los Obispos , nos recuerda:

«”El Obispo tiene la obligación de visitar la diócesis cada año total o parcialmente, de modo que al menos cada cinco años visite la diócesis entera, personalmente o, si se encuentra legítimamente impedido, por medio del Obispo coadjutor, o del auxiliar, o del Vicario general o episcopal o de otro presbítero” (c. 476).

La visita pastoral es una de las formas, confirmada por siglos de experiencia, con la que el Obispo mantiene contactos personales con el clero y con los otros miembros del pueblo de Dios. Es una oportunidad para reanimar las energías de los agentes evangelizadores, felicitarlos, animarlos y consolarlos; es también la ocasión para invitar a todos los fieles a la renovación de la propia vida cristiana y a una acción apostólica más intensa. La visita le permite, además, examinar la eficiencia de las estructuras y de los instrumentos destinados al servicio pastoral, dándose cuenta de las circunstancias y dificultades del trabajo evangelizador, para poder determinar mejor las prioridades y los medios de la pastoral orgánica.

La visita pastoral es, por lo tanto, una acción apostólica que el Obispo debe cumplir animado por la caridad pastoral que lo presenta concretamente como principio y fundamento visible de la unidad en la Iglesia particular , Para las comunidades y las instituciones que la reciben, la visita es un evento de gracia que refleja en cierta medida aquella especial visita con la que el «supremo pastor» (1P 5,4) y guardián de nuestras almas (cf.1P 2,25), Jesucristo, ha visitado y redimido a su pueblo (cf Lc 1,68)» .

La Visita pastoral no es una novedad de un nuevo Obispo, sino una exigencia de su ministerio episcopal, “confirmada por siglos de experiencia”. Me dispongo, con la ayuda de Dios y con la colaboración de toda la comunidad diocesana, a cumplir esta gozosa obligación, para “reanimar las energías, felicitar, animar, consolar… a los agentes evangelizadores” e “invitar a todos los fieles a la renovación de la propia vida cristiana y a una acción apostólica más intensa”.

El mismo Directorio establece un plazo (toda la diócesis cada cinco años), que exige un calendario. La diócesis de Córdoba es una diócesis grande. Cada año deberé visitar con este plan tres arciprestazgos completos, y algún año cuatro, además de otras instituciones diocesanas (La Catedral y su Cabildo, los Seminarios, Institutos eclesiásticos, etc.). Esto le impone al Obispo una agenda exigente, que le impedirá atender otras peticiones de presencia, que a todos nos gustarían, pues el Obispo además ha de representar a la diócesis en otras instancias: la Santa Sede, la Conferencia Episcopal, eventos extraordinarios fuera de la diócesis, etc.

Afronto este trabajo con buen ánimo, y espero de la comprensión de todos que supláis mis carencias y deficiencias, que serán muchas. La Visita pastoral me permitirá acercarme hasta el último rincón de la
diócesis, entablar relación directa con los fieles, y sobre todo compartir con cada sacerdote sus esperanzas, sus proyectos, sus dificultades y el gozo de la comunión eclesial. La Iglesia es preciosa, y vale la pena ponernos unos al servicio de los otros para vivir el gozo de la comunión eclesial.

Hagamos un calendario de Visita para los cinco años. Procuremos que cada año en el mes de julio esté elaborado el calendario detallado y concreto del año siguiente, junto al calendario de todo el año pastoral, de manera que no se solapen las fechas por incompatibilidad. En igualdad de circunstancias, tiene preferencia la Visita pastoral, que habrá de compaginarse con la atención ordinaria al conjunto de la diócesis, y que debe contar siempre con imprevistos no programados.

2. Centro diocesano “San Juan de Ávila”
La diócesis de Córdoba es relicario de San Juan de Ávila, un santo excepcional, a punto de ser declarado Doctor de la Iglesia, cuando el Santo Padre crea conveniente proclamarlo. Es un santo que desborda la diócesis de Córdoba, primero porque todo santo es patrimonio de la Iglesia universal, es de todos y para todos, y nadie puede apropiárselo en exclusiva. Pero además, porque el santo Maestro recorrió el sur occidental de España, dejando huellas notables de su apostolado en muchos lugares de Córdoba y de las diócesis vecinas.

Con razón es llamado “apóstol de Andalucía”, y su figura se ha ido agrandando hasta convertirse en un santo de doctrina eminente y de rango universal por su gran influjo en tantos santos posteriores a él, como la Escuela sacerdotal francesa, san Francisco de Sales, San Antonio María Claret, etc.

Por razones de jurisdicción, un santo es de donde muere, es decir, de donde ha nacido para el cielo. San Juan de Ávila murió en Montilla (Córdoba) el 10 de mayo de 1569. Ese es su dies natalis y ese es el lugar de su “nacimiento” como santo. A pesar de todo, la diócesis de Córdoba no ha sido actora ni de la causa de beatificación, ni de la causa de canonización, ni de la causa de doctorado. La diócesis de Córdoba está en deuda con este hijo suyo, que le ha dado a la diócesis fama universal.

Como fruto maduro del Año sacerdotal, la diócesis de Córdoba abre un Centro Diocesano “San Juan de Ávila” en Montilla para difundir la figura del santo Maestro, su doctrina, su espiritualidad, su estilo pastoral y misionero. Este Centro tiene su sede social en la Casa de san Juan de Ávila, en Montilla (Córdoba).

Coincide la creación de este nuevo Centro con la cesión de uso por diez años prorrogables de mutuo acuerdo del templo de La Encarnación por parte de los PP. Jesuitas a la diócesis de Córdoba, sustituyendo el servicio de este templo que hasta ahora han prestado ejemplarmente los PP. Jesuitas por el servicio que prestarán sacerdotes diocesanos nombrados por el Obispo de Córdoba. Están avanzados los trámites para convertir este santuario en Basílica de San Juan de Ávila.

A este Centro Diocesano y a la Basílica de San Juan de Ávila (Iglesia de la Encarnación) la diócesis dedicará los recursos necesarios, en personas y en medios económicos, para llevar a cabo los fines, que la diócesis de Córdoba asume como propios, y que todos hemos de apoyar como un proyecto diocesano apasionante.

3. La Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) Madrid 2011.
En el horizonte del presente curso pastoral tiene especial importancia la celebración de la JMJ en Madrid 2011. Las JMJ han demostrado ser un instrumento pastoral impresionante que va marcando cada generación de jóvenes, congregados del mundo entero en torno a Jesucristo y a su Vicario en la tierra, el Santo Padre. No sólo los que asisten físicamente, sino los que viven estos acontecimientos desde cualquier lugar de la tierra, se sienten animados en su camino de vida cristiana. No hay acontecimiento similar en ningún otro ámbito. Jesucristo sigue siendo muy atrayente para los jóvenes hoy.

La próxima JMJ se celebra en Madrid, y los jóvenes españoles tendrán una especial participación en la misma, acogiendo ellos mismos a otros jóvenes que vienen de lejos y participando también ellos en estos acontecimientos. Se trata, por tanto, de una ocasión excepcional para acompañar en su camino de fe a tantos jóvenes, que ya conocen a Jesucristo, y a tantos otros que con este motivo se encontrarán con El de manera decisiva para toda su vida. No perdamos esta oportunidad de gracia. No minusvaloremos estos encuentros pensando que son cosa puramente folklórica y pasajera. Hay testimonios innumerables de jóvenes, muchos de ellos adultos ya, a los que estas Jornadas les han supuesto un momento clave y determinante en su vida.

Atentos especialmente los sacerdotes y los religiosos/as que trabajáis con jóvenes, los padres de familia, los educadores, los catequistas. La Delegación diocesana de la Juventud presentará una programación para todo el curso, en la que están participando todas las fuerzas vivas de la diócesis de Córdoba. Aquí tenemos una experiencia preciosa de comunión eclesial para una misión concreta, donde se reúnen parroquias, grupos, movimientos, colegios, distintos carismas en armonía para la construcción de la comunión eclesial en nuestra diócesis. He aquí un fruto importante de la JMJ antes de su celebración.

Las peregrinaciones de un numeroso grupo de jóvenes a Santiago (agosto 2010) y a Guadalupe (octubre 2010), la misión juvenil (18-20 febrero 2011) que se llevará a cabo en distintos puntos de la diócesis (¡ojala sean muchos!), el paso de la Cruz con el icono de la Virgen por nuestra diócesis (6 al 12 de junio 2011), los días previos a la JMJ (del 11 al 15 de agosto), que acogerá en nuestra diócesis unos 7.000 jóvenes de todo el mundo, y los días de participación en la JMJ, que tendrá lugar en Madrid del 16 al 21 de agosto 2011, en la que participarán varios miles de jóvenes en nuestra diócesis, suponen distintas oportunidades para evangelizar a los jóvenes de nuestras parroquias, de nuestros colegios, de toda nuestra diócesis, con el fin de anunciarles la belleza de Jesucristo, camino, verdad y vida, y con el objetivo de proponerles otra forma de vida, la que proviene del Evangelio, y hace feliz el corazón del hombre, instaurando la civilización de amor. Vemos cómo es necesario que los jóvenes evangelicen a los jóvenes, y que se inserten desde sus respectivos mundos juveniles en la comunidad eclesial para vitalizarla.

Todos podemos participar en esta “movida”, con nuestra oración y nuestro sacrificio, con nuestra simpática acogida, con la invitación a jóvenes de nuestro entorno. Todos podemos echar una mano en esta acción especial con los jóvenes a lo largo de este curso. Aprovechemos este paso de Dios cercano a nosotros, y como solamente Él puede llegar al corazón y cambiarlo, participemos en esta intercesión pidiendo por los frutos de esta JMJ, que orientará el futuro de muchos jóvenes en nuestra diócesis.

4. Nuevos caminos para la misión ad gentes
La
diócesis de Córdoba es misionera desde hace muchos siglos, p.e. desde que el obispo Osio de Córdoba catequizó a Constantino para su conversión al cristianismo (a. 313). La diócesis de Córdoba es rica en experiencias de misión ad gentes también en nuestros días, por distintos lugares de la Iglesia universal.

En este curso se abre un nuevo horizonte: la misión diocesana en la Prelatura de Moyobamba-Perú. Después de los contactos establecidos y de las experiencias realizadas en años anteriores por parte de sacerdotes, seminaristas y seglares de nuestra diócesis, la diócesis de Córdoba abre este año este puente de colaboración misionera, enviando a dos sacerdotes diocesanos a la Prelatura territorial de Moyabamba en la selva amazónica del Perú. No damos de lo que nos sobra, sino de lo que nos hace falta. Dos preciosos sacerdotes de nuestro presbiterio diocesano parten a tierras lejanas para anunciar a Jesucristo. Esto nos traerá un bien inmenso para todos los que continuamos trabajando por el mismo Evangelio en estas tierras. Que este testimonio estimule a todo el presbiterio, suscite nuevas vocaciones al ministerio sacerdotal, ensanche nuestros pulmones de Iglesia universal.

De ello tendrá conocimiento en su sesión constituyente el Consejo Presbiteral el próximo 6 de octubre, y toda la diócesis está invitada a la celebración del envío misionero de estos dos sacerdotes diocesanos, que tendrá lugar en la Santa Iglesia Catedral el sábado 9 de octubre, a las 12,30 de la mañana. Todos somos misioneros por el bautismo y la confirmación, todos hemos de apoyar a nuestros misioneros, todos nos sentimos prolongados de alguna manera en estos dos sacerdotes que abren nuevos caminos de misión ad gentes para la diócesis de Córdoba.

5. El papa Benedicto XVI, peregrino en España
Nos encontramos a lo largo del año 2010 en el Año Jacobeo. Los caminos que conducen a Santiago de Compostela son muchos y variados. Todos ellos constituyen como las nervaduras de una civilización del amor, que ha ido configurando Europa a lo largo de los siglos. Los peregrinos a Santiago se han multiplicado por mil en nuestros días, y muchos encuentran el sentido de su vida en este camino de Santiago. Quinientos jóvenes de nuestra diócesis y dos mil de Andalucía han peregrinado para el Encuentro de jóvenes en Santiago en el mes de agosto.

También el Papa Benedicto XVI quiere ser peregrino en este Año Jacobeo el próximo 6 de noviembre. Y lo hace con la intención de acentuar la identidad cristiana de Europa. Al día siguiente, el domingo 7 de noviembre, consagrará la Basílica de la Sagrada Familia de Barcelona, preciosa obra de arte del siervo de Dios el arquitecto Antonio Gaudí. En medio de la ciudad secular, la moderna Barcelona, este templo es como un grito esculpido en piedra, que levante nuestra alma hasta Dios. El Papa tendrá oportunidad de subrayar también el valor de la familia cristiana, camino necesario para la evangelización.

Nuestra diócesis peregrinará a Santiago de Compostela en esos mismos días en que llega el Papa como peregrino. Si Dios quiere, presidiré la Eucaristía para los peregrinos cordobeses el 5 de noviembre en la catedral de Santiago. Y nos haremos también peregrinos durante el presente curso a Tierra Santa del 10 al 17 de marzo de 2011. Los lugares en los que vivió Jesús. Donde nació, murió y resucitó. Son como el “quinto evangelio”, que nos acercan a él hasta palpar sus pisadas.

6. Acentuar la pastoral de la iniciación cristiana
El trabajo cotidiano de nuestras parroquias, grupos y movimientos está centrado en servir a los fieles el encuentro con Cristo, que va configurando nuestras vidas por la acción silenciosa del Espíritu Santo en nuestras almas. Los siete sacramentos, bien preparados y bien recibidos, son la fuente permanente de la que brota la renovación de la vida cristiana. La escucha de la Palabra de Dios es el alimento de la “fe que actúa por la caridad” (Ga 5,6).

No demos nada por supuesto. Hemos de volver a proponer lo esencial de la vida cristiana: el amor a Dios y el amor al prójimo, al estilo de Cristo. Acojamos todo lo que hay de bueno en el corazón de toda persona a la que nos acercamos o se acerca a la Iglesia. Y propongamos sin miedo el Evangelio de Jesús, el único salvador de todos los hombres.

Cuidemos mucho todo el proceso de la iniciación cristiana, de manera que no nos contentemos con que los niños, los jóvenes y los adultos reciban los sacramentos. Tampoco despreciemos esos momentos tan fuertes de gracia, donde Dios actúa mucho más de lo que nosotros controlamos. Y en todo caso propiciemos el encuentro de fe con Cristo resucitado, presente en su Iglesia.

7. España, tierra de santos
En el mes de junio asistimos en Linares (Jaén) a la beatificación de Manuel Lozano, “Lolo”. El 12 de septiembre es beatificado fray Leopoldo de Alpandeire en Granada. El 18 de septiembre es beatificada la Madre Maria de la Purísima, sucesora de santa Ángela de la Cruz, en Sevilla. El 1 de mayo, el obispo Palafox en el Burgo de Osma (Soria).

La Iglesia nos propone nuevos ejemplos de santidad, haciéndonos accesible esta meta a la que todos estamos llamados. “Esta es la voluntad de Dios, que seáis santos” (1Ts 4,3). Los santos manifiestan la gloria de Dios, la fuerza de su gracia. Y son un estímulo permanente para el amor a Dios y al prójimo, según el Evangelio. Los santos son los que verdaderamente transforman el mundo. Varios hijos de nuestra diócesis van camino de los altares. Qué alegría y qué honra pertenecer a esta familia, la familia de los hijos de Dios, la familia de los santos, que es la Iglesia.

8. Una prioridad urgente: la familia
La situación social que vivimos en Europa y particularmente es España es la de ataque sistemático a la familia querida por Dios. En un ambiente de alejamiento de Dios y de pérdida de la identidad cristiana, el hombre vuelve al paganismo. Sin Dios, el hombre se vuelve contra el hombre . Se rompe fácilmente el compromiso matrimonial, se facilita por todos los medios la mentalidad y la práctica anticonceptiva, se desprecia la vida en todas sus fases, se promueve el aborto a pesar de ser un crimen abominable (GS 51), se justifica la eutanasia, se adoctrina a niños y jóvenes en la ideología de género y en el uso y abuso precoz de la sexualidad como simple objeto de placer. Todo son ayudas para quien quiere abortar, no hay ninguna ayuda para quien quiere llevar adelante su embarazo, no se ofrecen ayudas a las familias numerosas, a las que se considera parásitos de la sociedad.

Ante esta avalancha que nos asfixia, hemos de volver al amor primero, que hemos perdido fácilmente, ahogados por la sociedad del bienestar. El Evangelio tiene una propuesta para el hombre de hoy, y es una propuesta que le hace más feliz y regenera la sociedad: se trata del Evangelio de la vida  , la buena noticia sobre el amor humano, el matrimonio y la familia, abierta generosamente a la vida.

Urge abrir los ojos y el corazón de los adolescentes y los jóvenes a la belleza del amor según el plan de Dios. Fomentemos los cursos Teen Star, que tienen en Córdoba su epicentro para toda España. A
poyemos la formación de matrimonios mediante el Master en ciencias del Matrimonio y la Familia. Ayudemos a los que desean el matrimonio por la Iglesia a prepararse dignamente mediante los Cursos de Preparación para el Matrimonio. Acompañemos en la pastoral ordinaria a nuestros matrimonios jóvenes, expuestos a la intemperie de todos estos ataques y muchos de ellos deseosos de vivir su familia según el plan de Dios. Potenciemos el servicio de los Centros de Orientación Familiar (COF) en nuestra diócesis.

Estoy asombrado y agradecido a Dios del amplio desarrollo en la diócesis de Córdoba de la pastoral en este campo de la familia y la vida. Pero hemos de mejorar en muchos aspectos. Urge que todos los sacerdotes nos impliquemos más en este campo pastoral. Está en juego el futuro y la supervivencia de la vida cristiana en nuestra diócesis y en nuestro entorno. Es preciso que en todos los ámbitos de la pastoral de jóvenes (parroquias, movimientos, colegios, etc.) hablemos abiertamente de la virginidad y de la castidad como elemento integrante de la vida cristiana, de la vida relacionada con Jesucristo.

9. Atentos a las necesidades de nuestros hermanos, especialmente los que sufren
“A los pobres los tendréis siempre entre vosotros” (Jn 12,8). Esta constatación de Jesús la verificamos en cada momento de la historia, también en nuestros días. Nuestro acercamiento a los pobres no es –como predicaba K. Marx- para enfrentarlos a los ricos con el odio de la lucha de clases.

«Los tiempos modernos, sobre todo desde el siglo XIX, están dominados por una filosofía del progreso con diversas variantes, cuya forma más radical es el marxismo. Una parte de la estrategia marxista es la teoría del empobrecimiento: quien en una situación de poder injusto ayuda al hombre con iniciativas de caridad —afirma— se pone de hecho al servicio de ese sistema injusto, haciéndolo aparecer soportable, al menos hasta cierto punto. Se frena así el potencial revolucionario y, por tanto, se paraliza la insurrección hacia un mundo mejor. De aquí el rechazo y el ataque a la caridad como un sistema conservador del statu quo» (Deus caritas, 31 b).

La revolución más eficaz en la historia no ha sido la del odio, sino la del amor. No es el odio sino el amor lo que lleva al cristiano a acercarse a los pobres, reconociendo en ellos el rostro doliente de Cristo: “a mi me lo hicisteis” (Mt 25,40). Con la actitud de Jesús, el buen samaritano (cf Lc 10,25-37), imitemos la generosidad del que “siendo rico, por nosotros se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza” (2Co 8,9). La caridad cristiana lleva a despojarse uno mismo, al estilo de Jesús, para que otros puedan tener lo necesario para vivir.

Muchos programas sociales al uso buscan que todos tengan más, alimentan la avaricia en todas sus formas, y ha conducido a una crisis de la que es difícil salir, y en la que ha aumentado el número de pobres. El Evangelio de Cristo, sin embargo, nos invita a despojarnos cada vez más por amor, a vivir la gratuidad en las relaciones humanas, a estar abiertos a la vida y a respetar la creación. No puede haber progreso sin Dios. Donde Dios es eliminado, los derechos humanos comienzan a faltar. Dios es el mejor garante de la dignidad humana.

En esta perspectiva he constatado que la diócesis de Córdoba es rica en iniciativas de caridad cristiana: diocesanas, parroquiales, de familias religiosas, de iniciativa privada, etc. Estoy asombrado, también en este punto, al constatar de cerca hasta dónde llega la generosidad de muchos cristianos de nuestra diócesis. Os aliento a todos a seguir en esta línea y a crecer en el amor cristiano. El Observatorio diocesano de la Caridad nos va presentando este amplio horizonte, por el que se constata que la Iglesia Católica no es un parásito en la sociedad actual, sino uno de sus principales bienhechores.

Conclusión
No se trata de inventar nada nuevo. Se trata de vivir la novedad continua del Evangelio aplicada a nuestra vida, iluminada por la luz de Cristo resucitado. Los acentos señalados y otros que cada uno podrá poner en su pastoral ordinaria, brotan de la Eucaristía y nos conducen continuamente a este augusto Sacramento. Vivamos la comunión eclesial en la acogida mutua, en la ayuda fraterna, en la cooperación de unos y otros. Una comunión reforzada nos hará más fuertes para llevar a cabo la misión eclesial que hemos recibido. “El amor de Cristo nos urge” (2Co 5,14). “Ay de mi si no evangelizare” (1Co 9,16). “¿Quién podrá separarnos del amor de Dios?” (Rm 8,35).

Que el curso que comienza sea una nueva oportunidad de gracia para todos. Que la comunión vivida más intensamente de unos con otros nos haga más valientes en la misión de llevar al mundo el testimonio de nuestra fe, porque “este es el testimonio que vence al mundo: nuestra fe” (1Jn 5,4).

Con mi afecto y bendición:
 
+ Demetrio Fernández
Obispo de Córdoba

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