Medio siglo entregado a las personas privadas de libertad

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Hay presos en la cárcel de Córdoba que esperan a los voluntarios de la Pastoral Penitenciaria cada día. Encuentros que solo se han visto interrumpidos por la pandemia y que son un estímulo para vidas sin libertad, y una ventana abierta para conocer a Jesucristo. Entre los voluntarios que participan en esta pastoral está Antonio Navarro que en septiembre ha cumplido cincuenta años al servicio de esta pastoral. Su corazón atesora mil historias

¿Cómo ha cambiado la vida penitenciaria en esta mitad que siglo que lleva usted pisando la cárcel como voluntario?

Desde los tiempos en que estaba la cárcel en Fátima ha cambiado mucho, sobre todo en el sistema. Cuando íbamos a la cárcel antigua nos daban a los voluntarios un dinero para poder pagar la luz de los presos en las Moreras, íbamos a misa o al economato. Aquella cárcel era totalmente distinta en todos los ambientes. Conocí allí al Lute.

En 2001 se pasó a la cárcel nueva y ya es totalmente distinto pero para los voluntarios lo que quedan son miles de historias. Yo recojo a las madres, las llevo a la cárcel, hablo con sus hijos. Tengo cartas escritas por los presos guardadas de hace décadas. Este voluntariado es un sacrificio pero le doy gracias al Señor porque merece la pena.

Ellos también han cambiado ¿con el tiempo también se expresan de otra manera?

El perfil ha cambiado con los años peros siguen siendo presos privados de libertad. Yo llevo veinte años en el módulo dos de Proyecto Hombre y son distintos. También voy al módulo cuatro y veo perfiles distintos. El sistema que tenemos es presentarnos cuando llegamos, yo les tengo que dicho que me presenten como Antonio de la Pastoral pero yo admito, además de a cristianos, a ortodoxos, evangelistas, me da igual. Lo importante es hablar del Señor. Les leo un trocito del evangelio y les hago preguntas. Le doy gracias al Señor por las reuniones que tengo con los presos, ¿cómo son posibles cosas tan bonitas?

Es importante que algunos ateos se han convertido y he sido padrino de siete u ocho internos a los que el Obispo ha bautizado, les ha dado la comunión y los ha confirmado. Se convierten porque el Señor les hace ver la vida de otra forma.

¿Qué aporta a la vida de los presos la Pastoral Penitenciaria?

Cuando entramos los voluntarios y nos anuncian los internos eligen si quieren participar en el grupo o no, algunos no quieren y otros vienen y se van, pero otros se quedan. Tengo un recuerdo que no se me va a olvidar en la vida, después de leer el evangelio le pregunto a un preso ¿tú por qué le das gracias al Señor? Y me dijo: le doy gracias al Señor por estar preso porque de no estar aquí en tratamiento estaría en la calle robando y haciendo sufrir a mis padres y aquí me estoy curando. Estos testimonios son los que me hacen seguir adelante a pesar de que cueste trabajo.

¿Con cuántos presos ha tratado usted en estos cincuenta años?

Muchísimos, cada semana durante cincuenta años hace que conozcas a muchas personas. Tengo una historia, que comenzó hace cuarenta y siete años en la cárcel antigua. Trataba con un preso que me escribía cartas (aún las conservo encuadernadas) y le perdí el rastro, lo busqué por Facebook hasta que conseguí encontrarlo y vino a verme con su mujer. Estuvo en mi casa casi una semana, visitamos Córdoba y pude ver la alegría que tiene, lo que ha cambiado y ahora seguimos conservando el contacto.

No es fácil convivir con el dolor ¿Hay que tener una pasta especial para ponerse al servicio de esta Pastoral?  

Si. Hay que adaptarse. Cuando yo hice mi Cursillo de Cristiandad empecé colaborando con el psiquiátrico pero me recomendaron que mi perfil encajaba más en la cárcel. Hace falta tener fuerza de voluntad y ser constante desde el Señor. El demonio cada domingo me dice que me quede y no vaya, que son ya muchos años, yo lo oigo pero no lo escucho. Con la fe en el Señor seguimos adelante.

Cada vez que voy a Cursillos recibo cartas que le leo a los cursillistas en las que me dicen que rezan por el Cursillo, por mi mujer y por mí, que le piden al Señor por los frutos del Cursillo. Lo importante es rezar y estas cosas te llenan mucho.

Por delante mucho tiempo para seguir visitándolos y queriéndolos, ¿no?

He estado muchos años en la Pastoral de la Salud, también como administrador en Renacer durante diez años, mi mujer está en Fuente de Vida. Durante la pandemia he estado dos años sin ir, cuando hace dos meses me dieron permiso para volver hablé con el Señor y me dijo que tenía que seguir y aquí estoy para lo que Él diga. Cuesta trabajo hacerlo pero lo importante es hacerlo por el Señor desde el Señor a las personas que lo necesitan.

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