Fallece don Gaspar Bustos, padre espiritual del Seminario “San Pelagio de Córdoba”

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El sacerdote Gaspar Bustos, referente espiritual para los presbíteros de la diócesis de Córdoba, ha fallecido hoy jueves  a los 94 años

El sacerdote Gaspar Bustos ha fallecido hoy en Córdoba a los 94 años de edad. Nacido en Villanueva de Córdoba el 23 de mayo de 1930 y ordenado sacerdote el 26 de junio de 1955, don Gaspar ha sido un ejemplo de entrega fiel al Señor, al ministerio sacerdotal y a la Iglesia. Ha sido un referente sacerdotal, un maestro, un padre, un amigo del corazón de Cristo y así se lo transmitió a todos y cada uno de los sacerdotes y seminaristas que pasaron por su vida. Don Gaspar, como era conocido popularmente por todos, ha sido un guía, un referente y el director espiritual de los presbíteros de la diócesis de Córdoba durante décadas, ofreciendo su vida entera al servicio de Dios y de su Iglesia durante casi setenta años de ministerio sacerdotal, un ministerio que ha vivido plenamente y que le ha permitido adentrarse en los corazones del clero cordobés dejando una huella indeleble en cada uno de ellos.

De ayudante en su parroquia al Seminario

Fue en el año 1936, cuando estalló la Guerra y la familia de don Gaspar  se quedó sin nada. A esto se le sumó la muerte de su padre y la enfermedad de su madre, por lo que a su hermano lo mandaron con unos abuelos y a don Gaspar con otros. Fueron años difíciles hasta que en el 39 pudieron volver a retomar un poco su vida.

En una entrevista concedida a la Delegación diocesana de Medios de Comunicación de la diócesis de Córdoba (véase aquí https://www.diocesisdecordoba.es/noticias/mi-vida-entera-por-y-para-el-seminario) recordaba con cariño a una mujer que siempre le decía a su madre: ¡Este niño va a ser sacerdote! Y no se equivocó. Precisamente al terminar la Guerra fue cuando comenzaron a organizar en la parroquia las Primeras Comuniones y fue entonces cuando se acercó a la Iglesia, aprendió a ayudar en misa junto a un amigo, conoció a dos padres Capuchinos que estaban de misión en Conquista, un pueblo cercano al suyo y a los seminaristas, con quienes pudo sentir el deseo de ingresar en el Seminario. Un deseo que le trasladó a su madre, quien le negó esta posibilidad porque la familia no tenía recursos económicos para sustentar estudios. Fue su párroco quien un día le planteó la posibilidad de ingresar en el Seminario y lo llevó por deseo expreso de su padre, quien al morir le pidió al sacerdote que cuidara siempre de sus hijos. Éste así lo hizo, velando por el deseo de aquel joven que entonces anhelaba estudiar para cura.

Años después, don Gaspar se preparó para su ordenación sacerdotal, el día más feliz de su vida, el que vivió con más lágrimas en los ojos, como siempre recordaba, pues si algo tenía claro en su cabeza es que el ser sacerdote le permitió estar plenamente feliz en la vida. “He vivido muchas cosas, pero nunca he tenido dudas de la vocación en mi vida. Quería ser sacerdote y creo que nací para ser sacerdote, para ser lo que soy y estar plenamente feliz de serlo”, ponía de manifiesto en la citada entrevista.

Llegó al Seminario con 13 años, en una etapa de un florecimiento vocacional enorme, y tras su ordenación cumplió con sus destinos pastorales en Azuel, Villanueva de Córdoba, Baena o el Seminario Menor de Hornachuelos, a donde llegó siendo muy joven, con 30 años. “Recuerdo que llegué a Hornachuelos con doscientos cincuenta seminaristas y nueve sacerdotes. Fueron siete años los que pase allí y guardo grandes recuerdos. Como reto, tengo en la memoria unos años difíciles que llegaron cuando se decidió cerrar aquel Seminario y trasladarnos a Córdoba. Aquí llegó un momento que nada tenía que ver con lo anterior. Las vocaciones comenzaron a bajar y lo que antes era esperanzador, ahora se convertía en desilusión y desencanto. Se producen falta de vocaciones, sacerdotes que se secularizan, y da lugar a un momento difícil y a una crisis muy fuerte para la Iglesia. Pero cuando llega Mons. Cirarda como Obispo, reorganiza la Diócesis con los esquemas del Concilio y comienza a funcionar un equipo de gobierno, del que paso a formar parte. Empecé a ver una esperanza de que todo volvería a funcionar y a partir del nombramiento de Juan Pablo II, llega a la Iglesia una inyección de optimismo. Los seminarios empiezan a caminar y los seminaristas que se habían ido a cursar sus estudios en Sevilla, vuelven a disponer del Seminario en Córdoba con don Alfredo Montes como rector y un servidor como padre espiritual. Desde entonces, he entregado mi vida al Seminario, a pesar de haber cumplido siempre con los cargos encomendados, entre ellos, el de canónigo de la Catedral, Vicario de la Vida Religiosa, encargado de la Adoración Nocturna y Delegado para el Clero”, explicaba don Gaspar.

Sin duda, su trayectoria de vida ha sido apasionante. Sus lecciones le han servido y le sirven día a día a cada sacerdote, no sólo a los de la diócesis de Córdoba, sino a sacerdotes de todo el mundo, pues su sabiduría ha traspasado fronteras y don Gaspar era querido en todas las ciudades por donde pasó para ofrecer retiros espirituales, charlas de formación o tandas de ejercicios espirituales, entre otros. Padre espiritual para varias generaciones de sacerdotes cordobeses, testimonio de una vida entregada al servicio de Dios y de la Iglesia, formador y director espiritual del Seminario Conciliar “San Pelagio”. Así será siempre recordado don Gaspar Bustos Álvarez, presbítero de la diócesis de Córdoba, quien ha fallecido hoy, a los 94 años de edad.

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