Con esta celebración que tuvo lugar en la tarde del 26 de noviembre, se cerraba el triduo organizado por la Hermandad de la Misericordia.
El pasado día 26 de noviembre, fecha que conmemora el hallazgo de las reliquias de los santos mártires de Córdoba, el obispo de la diócesis, monseñor Demetrio Fernández González, presidió en la basílica-parroquia de San Pedro la función solemne que cerraba el triduo organizado por la Hermandad de la Misericordia y los Santos Mártires.
En la misa, que tradicionalmente tiene carácter votivo y es ofrecida por el Cabildo Catedral desde el siglo XVIII, el prelado estuvo acompañado por el deán y los capitulares; en la homilía, don Demetrio recordó que “nadie se acuerda de los verdugos; en cambio, los mártires permanecen en la memoria porque su testimonio fue tan fuerte que ha dejado huella para siempre en la memoria de esta Iglesia diocesana y de esta ciudad de Córdoba, que los veneran con tanto cariño”. “Jesucristo —prosiguió el obispo— nos anima a seguirle con actitud de dar la vida como el grano de trigo, pudrirse en el surco para poder florecer y salir en la espiga multiplicado. El seguimiento de Cristo no es algo acomodado que podemos encontrar para satisfacer algunas necesidades hondas, sino que el seguimiento de Cristo, y el testimonio de los mártires nos lo certifica, es dar la vida, y entregarla especialmente en momentos de dificultad. Nos recuerda el Concilio Vaticano II que el martirio es el supremo testimonio de amor, porque es morir como murió Jesucristo y parecerse a Él en ese momento supremo que es entregar la propia vida”.
Al término de la santa misa, en la que intervino la Capilla Musical de la Hermandad de la Misericordia, se dio a besar a los presentes la reliquia de los santos mártires.