El Obispo habla de “La dinámica del amor”

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La diócesis de Córdoba comprende la provincia de Córdoba, en la comunidad autónoma de Andalucía y es sufragánea de la archidiócesis de Sevilla.

Este es el título de la carta que Mons. Demetrio Fernández dirige a los miembros del Apostolado de la Oración.

Queridos miembros del apostolado de la oración y queridos hermanos:

¡Dios tiene corazón! Un corazón divino y por el misterio de la Encarnación, un corazón humano. El es sensible a nuestra vida, le importa quiénes somos, porque Dios es amor.
Es más como el mismo San Juan afirma en su primera carta “En ésto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Unigénito, para que vivamos por medio de él.” (1Jn 4,9).
Por eso, hablar de Corazón de Cristo es hablar del misterio del amor. Un amor que nos ha creado de la nada y que a pesar de nuestros pecados nos busca, se ofrece a sí mismo. Y abriéndonos su intimidad y llamándonos a su amistad, transforma nuestra vida de dinámica de pecado, en dinámica de amor.

Precisamente el apostolado de la oración, como grupo o asociación, pretende que sus miembros se unan a esta dinámica de amor iniciada por Cristo. Porque el mismo Redentor desea corazones que quieran unirse a sus sentimientos, que quieran ser redentores con Cristo redentor.

Los miembros del apostolado por medio del ofrecimiento de obras se unen íntimamente a Cristo en cada cosa que hacen. Sus tareas y ocupaciones por pequeñas que sean, sus limitaciones o enfermedades, sus gozos y alegrías llenas de amor son un consuelo para el Corazón de Cristo, y un medio de santificación personal que redunda en el bien de toda la Iglesia. Porque no valen las obras por sí mismas, sino el amor con el que se hacen, la unión con Cristo con quien se vive, es más se convive.

El apostolado de la oración no puede ser nunca un grupo cerrado o elitista, al contrario: debe estar abierto a las necesidades del mundo y de la Iglesia. Forma parte de su espiritualidad el “sentir con la Iglesia”. Por eso también recibe el nombre de Red Mundial de Oración por el Papa. Se ora por la Iglesia en la Iglesia. A medida que más se entrega a Dios un alma, más crece la riqueza de la Iglesia. El apostolado de la oración tiene que ser para nuestra diócesis un medio que nos ayude a sumergirnos en la misión de Cristo redentor.

Esta misión de colaboración con Él la hemos de hacer en una vida apostólica, pero una vida apostólica que no es nuestra acción independientemente, sino que comprendemos que toda acción apostólica es siempre instrumental de Cristo. En el orden apostólico, la acción apostólica es la obra de Cristo, no la nuestra. Por eso se hace tan necesaria la oración, la unión profunda con Él.
El miembro del apostolado trabaja en la Iglesia, en cualquiera de sus ámbitos, pero lo hace desde este espíritu de ofrecimiento y oración. El apostolado de la oración no está en contradicción con otros movimientos eclesiales sino que pretende enriquecer, y de hecho es su tarea, la vida espiritual de todo bautizado.

Un gran tesoro del apostolado de la oración es precisamente que su espiritualidad se encuentra anclada en el culto al Corazón de Cristo.
El mismo P. Henri Ramiére, a quien se considera fundador del apostolado de la oración, llega a afirmar que el apostolado de la oración es el apostolado del Corazón de Jesús.
Estas palabras tienen gran valor también en nuestra época actual. Nos encontramos en un mundo lleno de progresos científicos y tecnológicos pero lleno de individualismo, rencores y rivalidades. Es un mundo que necesita corazón, que necesita al Corazón de Cristo. Sólo en Él encuentra el ser humano una razón para seguir esperando. Sólo en Cristo vivo, de corazón palpitante que nos ama, ahora es posible vivir la civilización del amor.
Si estamos llamados a vivir la vida de Cristo, necesitamos su Corazón. Y Él nos lo quiere conceder.
El mismo San Juan de Ávila a quien honraremos en nuestro II Encuentro Diocesano en Montilla el día 16 de Septiembre, afirma en el sermón 57: “Si me mandáis, Señor hacer lo que vos hicisteis, dadme vuestro corazón”.

Finalmente, tengamos presente la intercesión poderosa de María. Ella es para nosotros modelo de lo que es una vida aparentemente monótona, pero que tiene una trascendencia corredentora inmensa. María es modelo, y al mismo tiempo es Madre que presenta nuestras necesidades al Padre. A Ella nos acogemos pidiendo que derrame su Gracia sobre nosotros, sobre el apostolado de la oración de nuestra diócesis, para que sea fermento en la masa, para que forme corazones redentores con Cristo redentor para la salvación de todo el mundo.

Con mi afecto y mi bendición

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba.

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