
A los pies del altar fue depositada la reliquia del Beato Antonio Molina Ariza, sacerdote de la diócesis y mártir del siglo XX
La parroquia de Parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles, en el barrio de Alcolea, vivió el pasado domingo 1 de marzo una jornada histórica y profundamente espiritual con motivo de la consagración del nuevo altar y la bendición del ambón, en el marco de los actos conmemorativos del 50º aniversario de la construcción del actual templo parroquial.
La solemne Eucaristía estuvo presidida por el obispo de Córdoba, monseñor Jesús Fernández González, quien realizó así su tercera visita a la comunidad parroquial con motivo de este año tan significativo para la feligresía. Junto al prelado, concelebró el Administrador Parroquial, Pablo Lora Blasco.
La celebración, cuidadosamente preparada por la comunidad parroquial, destacó por la intensidad catequética y simbólica de cada uno de los ritos. Los signos propios de la dedicación del altar y la bendición del ambón fueron vividos con recogimiento y emoción por los vecinos del barrio, “conscientes de estar participando en un momento de gracia para su historia parroquial”, asegura Pablo Lora.
Tras la Liturgia de la Palabra y la proclamación del Evangelio, tuvo lugar la oración de las letanías de los santos, invocadas con solemnidad por toda la asamblea. Uno de los momentos más vibrantes fue la unción del altar con el santo crisma por parte del Obispo, signo de Cristo y expresión de que el altar queda dedicado exclusivamente al culto divino. Sobre él fue depositada la reliquia del Beato Antonio Molina Ariza, sacerdote de la diócesis y mártir del siglo XX, subrayando así la comunión de la Iglesia peregrina con quienes han dado su vida por la fe.
El rito del incienso, que envolvió el altar en una nube perfumada como símbolo de la oración que se eleva al cielo, y la iluminación posterior del mismo, evocando a Cristo luz del mundo, fueron igualmente momentos de honda emoción. El nuevo ambón, bendecido solemnemente, quedó destinado a la proclamación de la Palabra de Dios, recordando que en la mesa de la Palabra y en la mesa de la Eucaristía se alimenta la vida cristiana.
Esta celebración ha querido ser también una renovación del compromiso evangelizador de la comunidad parroquial, que durante cinco décadas ha sido faro de fe y servicio en el barrio de Alcolea.
Al término de la solemne Eucaristía, los fieles compartieron con el prelado un aperitivo en los salones parroquiales, en un ambiente festivo y fraterno, agradeciendo su cercanía y celebrando juntos este día de gozo para toda la comunidad. Por su parte, el pastor de la Diócesis quiso agradecer públicamente a tantos vecinos y a la comunidad parroquial la ayuda acogida y hospitalidad que brindaron en las pasadas inundaciones, signo del buen samaritano que atiende al hermano que esta necesitado de ayuda.
“La jornada quedará grabada en la memoria de la parroquia como uno de los hitos más significativos de su historia reciente”, ha afirmado Lora.





















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