“El Rostro del perdón” y “Las locas del obelisco”, dos películas de cine religioso en las carteleras de Córdoba
La película “El Rostro del perdón” se proyectará en los cines MK2 Cinesur El Tablero este viernes, 20 de marzo, a las 17:55 horas. Al finalizar la proyección tendrá lugar un coloquio con el Delegado Diocesano de Misiones, Antonio Evans, y el obispo misionero de Bangassou, monseñor Juan José Aguirre. Las entradas se pueden adquirir a través de su página web.
«El rostro del perdón» narra la vida de la Beata Rani Maria, misionera en la India rural que entregó su vida por los más pobres y defendió la justicia hasta el final. Su asesinato impactó, pero lo que inspira de verdad es el perdón que floreció después, transformando el odio en reconciliación. Fue beatificada por el Papa Francisco en 2017 como mártir de la fe, un reconocimiento de su entrega y sacrificio. Una historia real y conmovedora sobre amor, sacrificio y el poder del perdón que puede cambiarlo todo.
Por otro lado, “Las locas del obelisco” estará en los cines Axion de Córdoba del 20 al 26 de marzo. Las entradas se pueden comprar a través de la página web.
“Las locas del obelsisco” es una película que se remonta a finales del siglo XIX, en un Madrid en plena transformación social y urbana, la vida de varias mujeres de diferentes clases sociales se entrelaza trágicamente en una ciudad marcada por la desigualdad, la hipocresía y la miseria moral. Teresa y Candela, dos hermanas del ámbito rural, llegan a la capital buscando una vida mejor, pero pronto se enfrentan a la crudeza de una ciudad que devora a las jóvenes sin recursos. En paralelo, María Ana Allsopp, una joven aristócrata mexicana afincada en Madrid, experimenta un profundo despertar de conciencia al confrontar el sufrimiento de las mujeres marginadas. Mientras la violencia, el abuso y la indiferencia amenazan con destruir las vidas de quienes luchan por salir adelante, la esperanza renace en la voluntad de unas pocas personas dispuestas a desafiar las normas establecidas. Inspirada por el sacerdote Francisco de Asís Méndez, María Ana decidirá arriesgar su vida cómoda y su estatus para dar voz y refugio a las que nunca la han tenido. Una historia desgarradora y humana sobre redención, justicia, libertad y la posibilidad de un nuevo comienzo.
“El cine es una herramienta maravillosa para evangelizar”
FOTO: OMNES
Pablo Moreno es un director de cine cuya trayectoria se ha caracterizado por una mirada profundamente humana y un compromiso constante con historias que inspiran, emocionan y hacen reflexionar. A lo largo de su carrera ha sabido combinar sensibilidad narrativa y rigor histórico, dando vida a proyectos que conectan con el público desde lo íntimo y lo universal. Su filmografía con obras como “Un dios prohibido”, “Pobeda”, “Red de Libertad”, “Luz de Soledad” o “La sirvienta”, entre otras obras destacadas, abordan temas sociales, espirituales y culturales con una estética cuidada y una dirección sólida. Es además, el creador de “Las locas del obelisco”, que está en las carteleras cordobesas
¿Cómo nace la idea de crear esta película “Las locas del obelisco”?
Las Trinitarias celebraban el 100 aniversario de la muerte de su fundador, el padre Francisco de Asís Méndez, y querían hacer algo para comunicar su carisma al mundo y aprovechar la efeméride. Empezamos a hablar con ellas y surgió la otra fundadora, que es Mariana Allsopp, y nos dimos cuenta que tenía una historia interesantísima para contar. Así surgió el proyecto de “Las locas del obelisco”.
Esta es una historia real que perdura en nuestro tiempo, si hablamos de explotación de la mujer. ¿Cómo enfoca esa realidad de la película?
De la manera más honesta posible, haciendo todo lo posible por contar la verdad que estas mujeres han estado haciendo durante 141 años. Es una realidad cruda que, por desgracia, se sigue repitiendo, que tiene una gran actualidad. Su carisma es el de liberar a todas esas mujeres que están cautivas, ya sea por la trata, la prostitución, la violencia o el abuso. Ponerla en escena ha sido complejo, porque evidentemente es un tema muy espinoso y complicado de contar, pero hemos contado una película preciosa, que pese a su dureza es muy bella, y hace denuncia apostólica de esta situación, y de alguna manera hacemos honor a ese querer devolver la dignidad a todas las mujeres que la han perdido.
¿Cómo se presenta el papel de las hermanas Trinitarias?
Evidentemente son las heroínas de la historia, ellas son las locas, esas locas en el buen sentido de la palabra, en un sentido de esa locura de Cristo, que va más allá, que es una locura trascendente, de entregar su vida para intentar rescatar a todas las que habían perdido mucho por el camino. La historia va de ellas y de lo que siguen haciendo hoy, aunque la historia está ambientada a finales del XIX, 141 años después están en los cinco continentes haciendo la misma labor.
¿Qué influencias personales están presentes en esta obra?
Hay muchas influencias. Primero, el testimonio vivo de las propias Trinitarias, es decir, no podemos contar la historia sin verlas. Los fundadores murieron hace más de 100 años pero la obra resucita o vive en sus hijas, en las Trinitarias que hoy día están haciendo esta fantástica labor a lo largo del mundo. Y luego, hay mucho cine a nivel estético que para nosotros ha sido también referencia. “Los Miserables” para nosotros ha sido una referencia estética de primer nivel. No tocamos el tema de la misma manera, pero sí que a nivel estético nos ha influenciado mucho. Por último, todo lo que han aportado los equipos técnicos y artísticos, porque esto al final es un proyecto y una historia que se cuenta con las voces de muchos y cada persona de cada uno de los departamentos ha aportado también distintas referencias, ideas que han ido construyendo esta obra que considero que es muy coral.
¿Qué momento vive el cine religioso?
No creo que exista el cine religioso como tal. El hecho religioso es algo que es inherente, transversal y se encuentra en muchísimas películas que no calificamos como religiosas. Creo que es una película que es explícitamente religiosa, pero estamos hablando de un drama con tintes de thriller, evidentemente histórico, y donde lo religioso surge de manera evidente, pero muchas veces, no porque en una película aparezcan monjas o sacerdotes, es una película religiosa. En este sentido, lo religioso creo que está muy por encima del propio género de una película, de la clasificación clásica de películas, y además si hacemos una revisión de todos los géneros que ahora mismo están en cartelera, muchos de ellos contienen elementos iconográficos o semióticos del cristianismo o de otras profesiones religiosas. Creo que estamos viviendo un momento bueno, en el sentido de que estamos quitando el miedo a salir a la calle a comunicar lo que somos, y a hablar de nuestra fe sin querer convencer a nadie, simplemente queriendo compartir este tesoro que llevamos en vasijas de barro con los demás, porque sumando lo que yo soy como católico, más lo que es el otro, construimos civilización y podemos hacer que el mundo sea un poquito mejor. Este tipo de cine está ayudando sobre todo a dar conocimiento a otros sectores, a otras personas que tenían un gran desconocimiento de nuestra fe, sobre todo para poder saber quiénes somos y saber que somos personas como cualquiera otra.
¿Crees que el cine sigue siendo herramienta de la evangelización?
Sin duda. El cine es una herramienta maravillosa para educar, para evangelizar y para contar. El cine ofrece una máxima que yo repito muchas veces, el conocimiento compromete. El cine es una ventana a la que te puedes asomar y conocer una realidad muy distinta a otras, y, en este caso ese conocimiento que compromete, ayuda a que el espectador pueda saber de otros y de otras realidades y comprometerse con esa causa.
El nombre de la película puede resultar desconcertante. ¿A qué se debe?
Así es como las llamaban a ellas de forma despectiva. Cuando estábamos escribiendo la historia, vimos interesante utilizar el insulto, porque en el fondo las han conocido mucho tiempo así, porque la primera casa estaba en la calle del Obelisco, y por otro lado, la locura trascendental que las hizo abrir las puertas de su casa, 24 horas al día y 7 días a la semana, para acoger a toda aquella mujer que llegase pidiendo ayuda.
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