El calendario litúrgico de la Iglesia en “Vivir la liturgia”

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El calendario litúrgico de la Iglesia en “Vivir la liturgia”

El culto de mártires nació localmente: cada Iglesia (diócesis) veneraba la memoria de sus mártires, en sus sepulcros (o memorias), junto a sus reliquias

El hecho de reunirse junto al sepulcro del mártir en su dies natalis o el día de su depositio, dio lugar a los calendarios litúrgicos: se anotaba el nombre del mártir, el día de su memoria y el lugar de la depositio de sus restos, donde se celebraba la Eucaristía. Por ello, la celebración del aniversario de los mártires hace que cada Iglesia tenga una lista que se elabora cuidadosamente.

Tenemos así, ya en el siglo III, el esbozo de los primeros calendarios cristianos. Esto creció aún más en la primera mitad del siglo IV, donde la fiesta de los mártires franquea los umbrales de su propia Iglesia local y se hace extensivo a otras Iglesias cercanas que también los van a venerar y festejar, ampliando así los límites de su culto. Cuando las distintas diócesis intercambiaron sus respectivos calendarios particulares, nacieron los “Martirologios”, que incluyen para cada día a los mártires y santos de las distintas Iglesias locales, e incluyendo una breve reseña de cada mártir y de cada santo.

Así lo explicaba Juan Pablo II: “La Iglesia de los primeros siglos, aun encontrando notables dificultades organizativas, se dedicó a fijar en martirologios el testimonio de los mártires. Tales martirologios han sido constantemente actualizados a través de los siglos, y en el libro de santos y beatos de la Iglesia han entrado no sólo aquellos que vertieron la sangre por Cristo, sino también maestros de la fe, misioneros, confesores, obispos, presbíteros, vírgenes, cónyuges, viudas, niños” (Tertio millennio adveniente, n. 37).

El Martirologio se ha visto incrementado amplísimamente en el siglo XX con regímenes totalitarios y persecuciones genocidas contra los católicos: “Al término del segundo milenio, la Iglesia ha vuelto de nuevo a ser Iglesia de mártires. Las persecuciones de creyentes –sacerdotes, religiosos y laicos- han supuesto una gran siembra de mártires en varias partes del mundo”, decía Juan Pablo II (TMA, n. 37). ¡Córdoba, con la próxima beatificación, es testigo de ello!

Para vivir el Jubileo del 2000, entrando en el Tercer Milenio, pidió Juan Pablo II: la memoria de los mártires y, por tanto, la actualización de los calendarios particulares de diócesis y órdenes religiosas así como una edición renovada del Martirologio romano.

¿Sabías que sólo el sacerdote o el diácono pueden elevar el cáliz al final de la plegaria eucarística?

Los nn. 151 y 180 de la OGMR afirman que, al final de la plegaria eucarística, el sacerdote pronuncia la doxología «tomando la patena con la hostia y el cáliz y elevando ambos». Si hay un diácono, se dice que «de pie al lado del sacerdote, mantiene el cáliz elevado, mientras aquel eleva la patena con el pan consagrado, hasta el momento en que el pueblo ha dicho ya: Amén». Por tanto, solo el que preside y el diácono pueden tomar y elevar la patena y el cáliz en la doxología.

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