“El amor no es un sentimiento, es una opción de vida”

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Ana y Juan Antonio se casan en septiembre en Córdoba. Un vídeo donde relatan cual es el significado de su noviazgo se ha difundido por todo el mundo a través de redes sociales y medios de comunicación. En esta entrevista comparten con nosotros el sentido de su noviazgo y ahondan en el matrimonio como modo de imitación del amor de Dios.

¿En qué momento reconocisteis la presencia de Dios en vuestra relación?

Por nuestra fe sabemos que todo es parte del plan de Dios. Tenemos muchas personas que nos han acompañado en el camino y sobre todo muchas experiencias de Dios vividas juntos, que fortalece muchísimo. Sin embargo, lo que es esencial es hacer presente a Dios en la relación. Es vivir el Evangelio, la Buena Noticia de Jesucristo también en el noviazgo. Si cada uno trabaja su relación con Dios, aprende a trabajarla en pareja y a ejercitar los valores del Evangelio. En ese momento aprendes a ver la presencia de Dios, aunque aparentemente guarde silencio o pases por momentos de oscuridad.

¿Qué no puede faltar en el noviazgo para afrontar un matrimonio fecundo?

Saber que el amor no es un sentimiento es una opción de vida. Los sentimientos pasan, no podríamos vivir eternamente con “mariposas en el estómago”, el amor verdadero es entrega. El modelo de Amor al que estamos llamados a llegar es Cristo en la Cruz: amar hasta dar la vida. Por eso el amor con mayúsculas no son cajas de bombones, es entrega, renuncia, perdón, sacrifico por el otro, buscar la felicidad del otro antes que la propia, …

¿Quién os ha ayudado a sostener vuestro noviazgo hasta llegar al matrimonio?

Los testimonios de matrimonios cercanos, que nos han hecho ver como el Señor premia el abandonarse en sus manos y dar el paso a crear una “Iglesia doméstica”. Pero nuestro gran referente han sido nuestros padres. Tras más de 52 años de matrimonio, he visto en mis padres –dice Juan Antonio– un ejemplo de cómo el amor esponsal debe ser una entrega mutua y cómo la santidad en el hogar se logra no con grandes proezas sino con gestos cotidianos. Sus renuncias el uno por el otro, el cuidarse mutuamente, el anteponer el bien del otro antes que su propia comodidad… Cuando pasen los años –añade Juan Antonio– me gustaría ser como mi padre que con 82 años sigue besando cada día a mi madre y llamándola “mi vida”, él es mi gran referente. Me encanta –sigue añadiendo– como buscan cada día, en medio de los achaques de la edad, reírse juntos. Nosotros nos casamos para ser felices y reírnos mucho, y eso en el noviazgo ya lo estamos consiguiendo.

¿Qué significa que “el matrimonio es cosa de tres”?

En nuestra sociedad actual puede ser chocante esta expresión pero para nosotros es una obviedad. El matrimonio es un sacramento de amor entre los esposos. “Dios es amor”. Por lo que para poder amarnos con un amor puro tenemos que “usar” del verdadero amor, es decir, que en el matrimonio también esté Él. Si no es así, aunque lo llamemos amor, estaremos anteponiendo nuestro yo al esposo/a.

¿Qué le diríais a quienes inician ahora una relación?

Que se miren el uno al otro como Dios los mira a cada uno. Dios nos creó con defectos y virtudes, sabe cómo somos aunque sepa que podemos dar muchísimo más. Dios es el único que sabe cómo hacerte feliz de verdad, como andar el camino para ser santo, solo Él busca lo mejor para ti. No es fácil, nosotros fallamos todos los días – dice Ana – pero saber perdonar también es de Dios. Para cualquier relación siempre recomendamos la carta de san Pablo, Corintios 13. Es la descripción de Dios, la descripción del amor y por tanto todo un manual de santidad que se lee en muchísimas bodas.

¿Habéis renunciado a algo por vuestro noviazgo?

A nuestro “yo”. Es muy importante ir renunciando a uno mismo por el otro. Saber que hay momentos en que el otro no tiene un “buen día” y hay que tener especial caridad. Porque en otro momento será el contrario el que no tenga su mejor día. Lo malo es cuando los dos estamos con el “cable cruzado”… J. En esos casos como dijo el Papa Francisco “pueden volar los platos pero que no pase la noche sin pedirse perdón”.

¿Qué papel ha tenido el movimiento de Cursillos de Cristiandad en vuestra relación de novios?

Como en todo lo que hacemos (Acción Católica General, Cáritas, Delegación de Juventud, nuestra parroquia…) Cursillos de Cristiandad nos ha fortalecido. Nosotros, cuando subimos a San Pablo a un cursillo, también vivimos ese cursillo y vemos testimonios de matrimonios que nos fortalecen y son un ejemplo para nosotros. Nos enseñan esa entrega en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza. Nos enseñan esa entrega de compartir una vida juntos. Cada vez que en el cursillo se habla del matrimonio lo hemos llevado a nuestro noviazgo, porque esa es nuestra meta. Además de todo esto, en un cursillo ves los frutos que tiene cada “sí” al Señor y de esa forma recuerdas que si en toda tu vida le dices un “sí” como el de María, Dios hará grandes cosas, también en el noviazgo y en el matrimonio.

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