“Descubrí que mi vida sin Dios no tenía sentido”

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“Descubrí que mi vida sin Dios no tenía sentido”

Dulce Murillo Pérez es una cordobesa confirmada a los cuarenta y seis años. Tras haber mantenido contacto con la Iglesia durante su niñez, llegó la distancia durante el periodo de la adolescencia. Después de la comunión de sus hijos comenzó a caminar en la fe pero llegó otra dispersión. Al recibir el sacramento de confirmación todo empezó a cambiar

¿Cómo fue tu infancia?

La familia en la que nací tenía un bar, entonces yo iba a misa los domingos por mi catequesis de la niñez pero no fue demasiado el contacto que yo tenía con la Iglesia. Era un poquito light, no fue un contacto fuerte. Pero aun así estaba el conocer que Dios existe y me quiere, algo que fui descubriendo después a lo largo de acontecimientos que fueron surgiendo, como mi matrimonio o la comunión de mis hijos. Al final me quedaba vacía, iba y venía, nunca estaba realmente al cien por cien. Ahora me doy cuenta que apenas conocía a Dios. Después de recibir el sacramento de la confirmación el Espíritu Santo se quedó en mí, hizo huella, tuve un encuentro fuerte con el Señor. Me di cuenta que apenas le conocía, había un amor grandísimo que había dejado escapar pero seguía llamándome y por fin le abrí un poquito mi corazón y todo cambió, había un mundo de alegría al lado mía y lo había desperdiciado. Casi media vida sin hacer nada y Él estaba y sigue estando ahí. Fue una enorme alegría.

Sientes una distancia enorme cuando llegas a la adolescencia, llegas a un periodo de la juventud en el que la distancia con la Iglesia es una realidad en tu vida

Si, bastantes. No acudía a misa ni los domingos, iba en ocasiones esporádicas, una boda, un entierro, o cuando algún día decíamos venga hoy vamos a misa, que tampoco hay muchos mejores sitios donde ir.

Representa un hito importante en tu vida cristiana la primera comunión de tus hijos. Te preparas para acompañarlos en este momento tan importante en la iniciación de los sacramentos y de pronto tú empiezas a caminar en un sendero nuevo de la fe

Efectivamente, una de las catequistas de mi hija la mayor me ofreció ser catequista, evidentemente dije que no ¿dónde iba yo a dar catequesis? Seguía de cerca sus catequesis, acudía con ella a la misa de los niños el sábado por la tarde y su primera comunión fue un toquecito pero le ignore. Tenía un contacto un poco más cercano a raíz de acompañar a mi hija a misa. Llegó la comunión de mi hijo y volvimos a repetir catequesis, misas, pero pasan los años y esto se va enfriando y vuelvo a retirarme. Siento que mi vida está vacía pero no le doy más importancia, no sé en ese momento que me la llena Dios. Estaba a un paso de decir aquí estoy Señor.

Sigo distanciada hasta que un día el Señor se sirvió de una persona a la que estimo y quiero muchísimo, de las que podemos llamar los teloneros que nos acercan a Dios, para acercarme a las catequesis de confirmación. Ahí fue cuando realmente el Espíritu Santo vino a mí y mi vida cambió. ¿Quién me iba a decir que después de recibir este sacramento, que no lo había hecho con la edad que me correspondía, a los dos años iba a recibir otro sacramento, la unción de los enfermos? Me detectaron cáncer, y hoy puedo decir que dignamente viví esta enfermedad con paz y puedo decir que casi con alegría porque sentí la fuerza del Señor. Él me acompañó en todo momento. Cada uno tenemos la historia que Dios nos ha preparado muy bien, porque Él sabe cómo lo hace. Descubrí que toda esa trayectoria tenía un sentido y ese sentido era ver que con Él se puede todo. Nos hizo con muchas debilidades pero a la vez con mucha fortaleza, pero está en mi mano que esa fortaleza sea fuerte en la medida que me deje llevar por Él. La experiencia de caminar a su lado en medio de esta enfermedad fue una bendición, me hizo crecer más en la fe y saber que me quiere, que nunca me va a dejar y que pase lo que pase, con Él se puede todo. Yo sola no sería capaz de enfrentarme ni esta enfermedad ni a nada en la vida pero ahora sé que con Él lo puedo hacer todo.

Ahora sabes que está a tu lado ¿Cómo es ahora tu vida cristiana, cómo caminas por la fe en este momento de tu vida?

Mi hija fue mi mariposa y me llevó a la Casa de San Pablo a Cursillos y esta experiencia fue el broche final de mis tratamientos, otra bendición más. Allí me enseñaron a estar al servicio de la Iglesia y gracias a los teloneros que me acercan a Dios ahora soy catequista. También estoy al servicio de la Iglesia en la limpieza del templo, en Acción Católica. Cada cosa que hago la ofrezco al Señor por las necesidades que Él crea oportunas. Caminar sabiendo que en tu día a día, en cada cosa que haces, si la haces con amor y la ofreces al Señor por tus pecados o por alguien que esté necesitado es una alegría enorme.

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