De rodillas: también postura corporal en la liturgia

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En la liturgia, hay distintos momentos en que todos se ponen de rodillas. Es un modo de participación exterior, activa, en que el cuerpo nos ayuda a vivir las realidades interiores. Por eso participar es también ponerse de rodillas en los momentos que la liturgia prescribe

La adoración está vinculada espontáneamente al gesto de arrodillarse: uno se empequeñece ante la grandeza de Dios.

En el rito romano (no en el mozárabe, por ejemplo), la piedad condujo a arrodillarse en el momento central de la Misa, la consagración. Y es obligatorio para todos los fieles y ministros (diáconos, acólitos) en cualquier Eucaristía: “estarán de rodillas, a no ser por causa de salud, por la estrechez del lugar, por el gran número de asistentes o que otras causas razonables lo impidan, durante la consagración. Pero los que no se arrodillen para la consagración, que hagan inclinación profunda mientras el sacerdote hace la genuflexión después de la consagración” (IGMR 43).

También se puede estar de rodillas para recibir la Comunión: “Los fieles comulgan estando de rodillas o de pie” (IGMR 160).

En la exposición del Santísimo y la bendición eucarística, de tanto beneficio espiritual, se está de rodillas cuando se expone el Santísimo, y también al final, cuando se recita la oración final y se imparte la bendición con la custodia (cf. RCCE 97).

Es penitencial el inicio de la acción litúrgica de la Pasión del Señor en el Viernes Santo: mientras el sacerdote se postra en el suelo, delante del altar, en silencio –no hay canto de entrada-, todos se ponen de rodillas y oran a Dios; y todos se arrodillan cuando se desvela la cruz en tres veces, en señal de adoración. Y de rodillas se cantará “Et incarnatus est” en el Credo del día de Navidad y de la Anunciación, adorando el Misterio, así como nos arrodillaremos en silencio, cuando leída la Pasión el Domingo de Ramos y el Viernes Santo, se llega al versículo en que Jesús expira.

De rodillas se confiesa uno y de rodillas recibe la absolución del sacerdote. En la Forma B, celebración comunitaria de la penitencia con confesión y absolución individual, al pedir juntos perdón a Dios antes del Sacramento, el diácono invita a ponerse de rodillas (o profundamente inclinados) para recitar el “Yo confieso…” y las peticiones de perdón o letanías penitenciales (RP 27).

 

¿Sabías que?

el “Por Cristo, con él y en él…” lo pronuncia solamente el sacerdote?

Es la “Doxología” al final de la plegaria eucarística. El número 151 de la OGMR explica que el sacerdote «eleva la patena con la hostia y el cáliz y pronuncia él solo la doxología». En Redemptionis Sacramentum nº 54 el pueblo participa asociándose al sacerdote en la fe y con el silencio, también con las intervenciones sí indicadas en el curso de la plegaria: en este caso, respondiendo el “Amén”. Mejor si es cantado en la Misa dominical.

 

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