Borja Redondo: “Pido al Señor convertirme”

Diócesis de Córdoba
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En pocas semanas, el sacerdote diocesano Borja Redondo formará parte de la misión diocesana de Picota junto al sacerdote Nicolás Rivero, una vez que Antonio Javier Reyes regrese a Córdoba. Hasta ahora, Don Borja, como lo conocemos, ha sido formador en el Seminario, director espiritual adjunto del Seminario Conciliar “San Pelagio” de Córdoba, delegado para el clero y profesor en el Seminario y en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas “Beata Victoria Díez”. El Obispo de Córdoba lo ha enviado a compartir la alegría del evangelio en otros lugares de la tierra y este encargo lo llena de responsabilidad y también de alegría

Recibir el mandato misionero es un sueño para muchos sacerdotes. ¿Cómo lo recibió Borja Redondo?

Lo recibí muy agradecido al Señor porque forma parte de la esencia de nuestra vocación. Hay una frase en la Teología y en la Filosofía que dice que “El operar sigue al ser, según se es, así se opera, así se trabaja”. Por lo tanto, la misión es una consecuencia del ser, y con respecto a nuestro sacerdocio, es de su esencia. El apostolado y el espíritu que Jesucristo nos da precisamente para que llevemos a cabo su presencia. Algún autor contemporáneo ha dicho que hablar de Jesús todavía es poco. Estamos llamados a poner en comunión con Jesús porque con Jesús se puede estar, está vivo, no es sólo alguien de quien hablar, sino alguien con quien estar. Por eso el sacerdocio y la misión encomendada por el sacramento del orden conllevan hablar de Jesús y poner a las almas y a las personas en comunión con Jesús, porque Jesús está deseando estar en comunión con ellas, con esas personas. Por eso, es algo que forma parte de la esencia de nuestro ser.

¿Qué significa evangelizar hoy a los pobres, a las personas que menos tienen? ¿Con qué recursos se cuenta?

Creo que la cuestión está en que no es tanto evangelizar a los pobres, sino dejarnos evangelizar por los pobres, porque los pobres nos evangelizan, los enfermos nos evangelizan. Como no tomemos conciencia de la necesidad de la conversión que tenemos, empezando por mí, porque es un misterio de necesidad por mi parte, con arreglo a aquello que ellos me entregarán y que además solamente ellos me podrán entregar. Se trata de una cuestión ineludible. Por lo tanto, a ver si lo que ocurra es que me convierta en la gracia, que es lo que le pido al Señor y que ojalá pueda ser así. Es como aquella anécdota que hemos contado tantas veces de lo que le pasó una vez y que oí contar a don Antonio Prieto, actual obispo de Alcalá de Henares, cuando hablaba el entonces cardenal de París de unas misiones que quería dar en París y le preguntaron, pero bueno, eminencia y esto de las misiones aquí en París, a estos niveles, ¿cómo puede ser esto? ¿por qué lo hace? Y dice él, hombre, si se convierte el cardenal ya estarán bien las misiones.

¿Qué conoce de ese territorio al que va destinado, esa selva amazónica donde se desarrolla la misión diocesana de Picota desde hace más de una década?

En el año 2012 tuve la suerte de ir con un grupo de seminaristas, estuvimos allí un mes y la verdad es que estuvimos en aquel tiempo y solamente he ido esa vez. Por lo tanto, ya estábamos entonces en Picota, todavía estaban don Juan y don Francisco Jesús Granados, que son los dos compañeros hermanos sacerdotes que fueron en primer lugar. Estuvimos, sobre todo, centrados en unas misiones que se celebraron en San Hilarión, un pueblo que está cerca de Picota. La verdad que fue muy bonito. También hicimos con ellos la salida que se suele tener, sobre todo cada semana, o cada cierto tiempo. Por lo tanto, conocimos lo que en un mes da tiempo, un poco por encima aquello. Y por lo tanto, aquel recuerdo permanece muy bonito en mi corazón. Y luego, por supuesto, pues el conocimiento que vamos teniendo a través los medios, por lo que se va contando y también por lo que supone hablar con ellos, tratar con ellos, que nos cuenten y nos vayan diciendo y nos edifiquen con su testimonio de cómo van las cosas por allí, cómo ha ido cambiando todo, cómo ha ido mejorando, cómo se han ido haciendo presentes religiosas. En aquel tiempo, en el año 2012, estaban las que se llamaban Compasionistas. No estaban todavía ni las Salesianas ni las Obreras, que están ahora. Todo ha ido a mejor con lo que ha supuesto la tarea de la evangelización. Creo que la misma Picota ha crecido también, porque se han ido dando muchos asentamientos, es decir, aquello en estos doce años, que hace que no voy, se ha debido transformar bastante.

¿Cómo ha visto vivir su sacerdocio a los hermanos que le han precedido en la misión?

Como comentaba antes, con respecto a que la misión está en relación con el ser, ellos han ido manifestando, y todos hemos ido viendo, cómo su sacerdocio ha quedado profundizado y enraizado en sus corazones con arreglo a lo que ha supuesto esta gracia de Dios que han recibido. Lo que ha supuesto poder recibir una llamada específica en este sentido, con arreglo a lo que ha sido la suerte de poder estar allí. Por lo tanto, en ellos, hemos visto un crecimiento, una gran edificación con arreglo a su generosidad, a como se han ido desenvolviendo de una forma tan bonita, tan generosa, tan llena de espontaneidad. Todo un testimonio para nosotros, de estos hermanos sacerdotes que son un ejemplo y que es por ellos que nosotros nos sentimos como enanitos a hombros de gigantes.

La fe crece si se comparte, así lo vivimos en la misión de diocesana de Hinojosa del Duque al principio de este curso. ¿Cómo vive un sacerdote el crecimiento de una persona en la fe? ¿Cómo la ayuda? ¿Cómo es esa guía?

El primero que tiene que tomar conciencia de su crecimiento y de la necesidad del fortalecimiento de su propia fe es el propio sacerdote, porque si el sacerdote no toma conciencia de la necesidad que él tiene de seguir creciendo, de seguir preparándose, de seguir formándose, entonces, qué puede hacer. Cuando vemos la fe en las personas sencillas decimos “ya quisiéramos para nosotros esta fe”. Las personas sencillas siempre son quienes van por delante. Cuando hemos estado en los diferentes lugares a los que hemos sido destinados y hemos visto a esas personas sencillas, a lo mejor en alguna iglesia o en alguna ermita retirada, de rodillas, pasando frío, o en cualquier momento de la vida, uno dice “ya quisiera yo para mí esta fe”. Por eso ellos son quienes de verdad nos alientan y nos estimulan y se vuelve en presencia de Jesucristo para que podamos tener ese consuelo de ver cómo Jesucristo, obrando en las almas, es como ese misterio que conlleva que también en nosotros se siga dando todo, ese modo de llamada de Jesucristo a que vaya quedando completada en nosotros lo que falta que quede completada la pasión de Cristo. En esto, quien para mí ha sido muy especial y lo sigue siendo, es Santa Teresa del Niño Jesús, que es precisamente la patrona de las misiones y es la santa a la que más devoción tengo y que también por ella, de la que me veo muy protegido, le pido que siga intercediendo en el cielo para que las cosas se puedan llevar a cabo según la voluntad de Dios. La voluntad de Dios es el consuelo verdadero del alma y del corazón y Ella es a la que, en mi caso, del modo más especial, le pido que me ayude para que se pueda llevar a cabo como el Señor quiere que se lleven a cabo sus cosas.

Junto a usted viaja a Shamboyacu un grupo de jóvenes en misión, de su trato con seminaristas y gente muy joven ¿Cómo diría que es la juventud cristiana? ¿Cuáles son sus luchas, sus anhelos?

La verdad es que la juventud para nosotros es también como un testimonio que en estas circunstancias resulta providencial, me uno para irme para Picota con el grupo de los jóvenes de Montilla y con Fernando Suárez, a quienes les agradezco de todo corazón que me hayan acogido entre ellos para marchar. Con este grupo de jóvenes de Montilla y con Fernando voy a vivir este primer mes allí, aunque todo está preparado y organizado gracias a Nicolás y Antonio Javier. Por lo tanto ellos serán nuestro estímulo, serán quienes provoquen en nosotros los mejores deseos que Jesucristo quiera que estén presentes en nuestros corazones para que juntos podamos llevar a cabo su obra.

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