Ángeles Cabido imparte un curso de educación afectivo-sexual en la Diócesis

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Las delegaciones de Enseñanza, Catequesis y Familia y Vida se han aunado para poner en marcha este curso que se impartirá además el sábado, 6 de noviembre

 

“Claves de educación afectivo-sexual para educadores” ha sido el nuevo curso que han organizado las delegaciones diocesanas de Enseñanza, Catequesis y de Familia y Vida este sábado, 23 de octubre, en el Palacio Episcopal. Una edición dirigida a educadores cristianos que acompañan a adolescentes, a familias, catequistas, profesores y monitores e impartida por Ángeles Cabido, profesora de Religión Católica, experta en educación afectivo-sexual y creadora del programa “Amarme bien, amarte bien”.

¿En la educación afectivo-sexual, qué no puede faltar en el educador, sea padre o formador?

Una mirada llena de estima que afirme al niño en su valor. Para educar y acompañar necesitamos introducirnos en la realidad que está viviendo (conocer su entorno, qué ve, qué oye, qué escucha…), formarnos muy bien y conocer cuáles son los anhelos más profundos de su corazón. Quien educa, siempre ha de estar abierto al asombro porque la persona es más que lo que aparenta. En cada niño y en cada adolescente existen deseos de felicidad y plenitud que tenemos que aprender a acompañar para que sean lo que están llamados a ser.

A veces, la escasa comunicación con los jóvenes dificulta esta tarea. ¿Hay alguna estrategia de diálogo para vencer la distancia?

El encuentro es posible porque lo que nos une siempre es mucho más grande que lo que nos separa. Reconocerlo es la clave fundamental para vencer esa distancia. Sobre estos y otros temas hablaremos en el curso. El encuentro acontece cuando descubrimos que tenemos algo en común y eso se puede generar en un instante pero es más sencillo en la confianza del día a día. Y una vez que se da ese encuentro es necesario tener respuestas a las preguntas que nos planteen pero igual de importante es aprender a preguntar y a responder con ternura para que la conversación sea verdadera. En estos aspectos profundizaremos en este curso.

¿Cómo se expresa el valor del ejemplo de la vida en pareja cuando la incidencia del divorcio en la sociedad actual es muy alta?

El matrimonio no ha fracasado, está fracasando la preparación. Si volvemos la mirada al corazón descubrimos que éste sigue anhelando un amor incondicional y duradero así que… está de nuestro lado, del lado de luchar por el verdadero amor.

Es verdad que el entorno condiciona nuestra vida, pero no la determina. Es importante volver la mirada a los deseos más profundos del corazón y enseñarles a dirigirlos hacia las metas que les gustaría alcanzar y, si el matrimonio es una de ellas, hay que empezar a construir su base desde muy pequeños con valores fundamentales para la vida matrimonial.

¿Qué ha cambiado en las familias para que sea necesaria esta formación?

Como decías anteriormente, el entorno ha cambiado mucho en los últimos años y los modelos y referentes de vida ya no son los que eran. Las familias necesitan ser apoyadas y arropadas en esta labor de educar. La Iglesia, como madre que es, quiere ayudar a las familias en su labor porque reconoce en ellas la célula básica de la sociedad (y de la Iglesia). La apuesta por este tipo de formación es una buena prueba de cómo la Iglesia se preocupa y ocupa de las familias del siglo XXI.

 ¿Está la educación reglada en colegios e institutos un poco lejos de acompañar a los jóvenes en la educación afectivo-sexual? Cuando lo hace, ¿en qué modelo se asientan?

Ya decía Aristóteles que “educar la cabeza sin educar el corazón no es educar en absoluto”. La educación reglada no ha contemplado, a lo largo de muchos años, la educación afectivo sexual de manera curricular. En la actualidad, el reto que existe es que esa educación ya presente en muchos centros no esté sesgada e ideologizada. La educación afectivo sexual es real si contempla y educa a la persona entera, en todas sus dimensiones, para la verdad, la belleza, el bien y el amor. Es verdad que existen muchos modelos de educación y que en los colegios se eligen aquellos que son afines a sus idearios. Pero, como dice Monseñor Munilla, “La familia es el lugar privilegiado de la educación del corazón” y, por tanto, han de velar que lo que en el colegio se les enseña es el bien que quieren para sus hijos y, si no lo es, pronunciarse.

¿Qué propone este curso de educación afectivo-sexual organizado por la Diócesis? ¿Cuáles son sus claves?

Este curso nace con el objetivo de que los educadores (familias, profesores, catequistas…) vivan una experiencia personal que les ayude a entender y a acompañar mejor a los niños y adolescentes que les han sido encomendados.

Se trata de una formación integral y personalista que dota al educador de recursos teóricos y prácticos en el terreno de la afectividad, la sexualidad y el amor.

Quienes hacen este curso afirman que les ha ayudado a conocerse y a comprenderse mejor a través de una formación vivencial y, tras la experiencia de conectar razón y corazón, se sienten más capacitados para educar y acompañar a los más jóvenes.






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