30 años al servicio de la residencia de la Cruz Blanca

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Los Hermanos de la Cruz Blanca han llevado a cabo una misa de acción de gracias por los voluntarios y usuarios que llevan más de 30 años en la casa, presidida por el Obispo.

Cuarenta años de presencia en la ciudad han hecho que los Hermanos de la Cruz Blanca cuenten con un grupo de voluntariado y de usuarios muy especial. Personas que desinteresadamente prestan su servicio a los enfermos y a los más necesitados, ofreciéndoles una asistencia digna y humana.

Concretamente, en Córdoba, la Casa “San Francisco de Asís” se abrió en el año 1977, en un pequeño local para 15 enfermos. Actualmente, cuenta con una gran sede en el barrio del Zumbacón, donde trabajan 20 personas para atender a 54 residentes y 16 usuarios del centro ocupacional. A estos datos, se suma también un grupo de voluntariado que cada miércoles acude a la casa para realizar las labores necesarias de costura, limpieza, planchado o atención a enfermos, entre otros. Una experiencia gratificante, como asegura la voluntaria Gloria Porras, quien vive con mucha ilusión su voluntariado: “Es algo que espero ilusionante cada miércoles y que me encanta compartir con más personas, porque es una alegría saber que estoy haciendo algo que Dios me pide”.

Carmen Villen, otras de las voluntarias homenajeadas, explica que durante todos estos años ella es consciente que colaborar con los Hermanos le aporta mucho más de lo que da. “No nos merecemos que nos reconozcan nada, porque lo hacemos encantadas”, asegura.

“Resulta impresionante ver como en este grupo en el que hay mujeres con más de 90 años, se mantiene la ilusión y la entrega por los que más necesitan”, explica el Superior General de los Hermanos Franciscanos de la Cruz Blanca, Luis Miguel Martell. Y añade que la misión de la Cruz Blanca “es estar siempre al lado de las personas más necesitadas, por lo que es una alegría muy grande saber que estamos haciendo algo a lo que el Señor nos ha llamado a hacer”. “Cristo resucitado está presente en cada uno de nosotros y esta labor los Hermanos siempre la hemos hecho rodeados del voluntariado”, indica. Esto mismo pone de manifiesto el Hermano Isidoro, conocido como “Padre Patera”, quien se muestra feliz de ver cómo Dios es muy grande: “Hay que ir sembrando para llegar al cielo con las manos llenas, no vacías, y aunque sabemos que los reconocimientos los tiene que dar Dios, estamos seguros que Él está contento de que animemos a estas personas para seguir llevando consuelo a todos esos “Cristos rotos” que lo necesitan; personas anónimas que lo dan todo”.

Por otra parte, señala que el trabajo en la casa es posible gracias a la cercanía y el buen ambiente que se respira.

Celebración eucarística

Tanto trabajadores como usuarios de la casa, se han reunido este miércoles, 8 de mayo, en la capilla para celebrar junto al obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández, una eucaristía de acción de gracias por todos los voluntarios y residentes que llevan más de 30 años con los Hermanos. A ellos, el prelado entregó un obsequio en agradecimiento a su labor, una labor que elogió durante la homilía animándoles a continuar al lado de los que más atención necesitan.

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