«Vuestro soy y para vos nací», Pablo Romero

Diócesis de Cartagenahttps://diocesisdecartagena.org/
La diócesis de Cartagena es una sede episcopal dependiente de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la catedral de Santa María, situada en la ciudad de Murcia.

Testimonio vocacional de Pablo Romero Santa, seminarista de tercer curso del Seminario Mayor de San Fulgencio.

Cuando mis padres se casaron eran muy jóvenes y al ver el médico a mi madre embarazada de su primer hijo, de mí, le dijo que si quería abortar, a lo que mi madre contestó con un no rotundo. Por lo que mi vida ya desde sus comienzos es un don, un regalo del Señor. Por eso puedo exclamar con Santa Teresa: «vuestro soy y para vos nací». Yo crecí en el seno de una familia cristiana practicante. Mis padres pertenecen al Camino Neocatecumenal, movimiento del que he recibido la fe y en el que ha ido creciendo y madurando. Soy el mayor de cinco hermanas, por lo que puedo decir que soy ¡¡hijo único!!

Recibí todos los sacramentos de la iniciación cristiana y desde bien pequeño he ido a Misa todos los domingos. Después de mi primera comunión empecé a salir de monaguillo y eso le valió al Señor para tenerme «enganchado» y no salirme de la Iglesia. Cuando me confirmé me distancié un poco de mis amigos de siempre pues empezaban a decir que eso de ir a Misa era un rollo, que lo dejara, que ya éramos mayores… pero el Señor no defrauda. Me puso en mi camino dos nuevos amigos un poco más mayores que yo. Eran unos jóvenes que iban por la parroquia y querían acercarse un poco más al Señor. A día de hoy estos amigos son diáconos y están esperando a recibir la ordenación. Son Carlos y Daniel.

Desde pequeño siempre me han dicho de ser cura. Al principio me parecía bien pero cuando fui creciendo decía que no, que eso no era para mí, aunque en el fondo sabía que me mentía a mí mismo. Cuando estos amigos ingresaron en el seminario se me removieron las tripas y empecé a preguntarle al Señor en la oración: «Señor, ¿qué mandáis hacer de mí?» y mediante la oración y la ayuda de un sacerdote me determiné a dar el paso de ir al seminario.

Al principio mis padres no me dejaron ir al seminario menor. Fue una prueba que el Señor me puso. Cuando cursaba segundo de Bachiller me dieron permiso para probar a ver qué es lo que el Señor me pedía. Realicé el curso del Preseminario y el 12 de septiembre del 2012 entré al Seminario Mayor de San Fulgencio.

No puedo decir un momento concreto en el que viera mi llamada, pues yo la veo como una historia de amor que ha llevado su proceso y que todavía lo está llevando. A día de hoy aún sigo preguntándole todos los días al Señor que qué quiere de mí y os invitaría a hacerlo, pues solo haciendo lo que Él quiere seremos felices. Mirad que os lo dice uno que ya está en tercero del seminario, en el punto medio y que ha pasado por momentos buenos y no tan buenos, pero os dice con seguridad que merece la pena dar la vida por Cristo. Y esto lo veo en mis hermanos, los seminaristas, que van saliendo ya ordenados y que van entrando por detrás de mí. Siempre es un regalo y un aliento poder conocer la vocación de alguien, ver como el Señor lo ha llamado y lo ha traído a esta casa y ver cómo va realizando su obra en cada uno de nosotros.

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