Todo es posible para el que cree

Escrito del Obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes.

La Palabra de esta semana nos va a conducir directamente a la total confianza en Dios, a poder decirnos a nosotros mismos que todo es posible para el que cree y con ejemplos de la experiencia vivida con Jesús poder ver la importancia de la fe. Recordemos uno de estos momentos que aparecen en el Evangelio cuando Jesús en el coloquio con Marta antes de la resurrección de su hermano Lázaro le dice abiertamente: «Yo soy la resurrección y la vida… ¿Crees esto?». Lo que nos interesa resaltar ahora fue la rapidez de la respuesta, donde no se plantean dudas ni titubeos: «Sí, Señor, creo…» (Cfr. Jn 11, 25-27).

Lo cierto es que hay experiencias de todo tipo, incluso con sus mismos discípulos. El texto del Evangelio de este domingo es un ejemplo. Si bajamos a nuestra propia experiencia de vida cristiana nos pasa lo mismo si somos sinceros. Lo que nos consuela es saber como Jesús da oportunidades, vuelve a sostenernos a pesar de nuestros vaivenes. Es significativo el momento de falta de fe de Pedro y como Jesús le tiende la mano con cariño para ayudarle, porque le conoce. Pedro se fía de Jesús y sale a caminar sobre las olas, pero duda al sentirse zarandeado por la violencia del viento, se asusta y comienza a hundirse, entonces es cuando el Señor le dice: «Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado?» (Cfr. Mt 14, 29-31).

De las tormentas y de las sacudidas por el viento habla en este domingo San Marcos y nos cuenta la aventura de los que luego serán las columnas de la Iglesia. Los discípulos tienen miedo, porque parece que el mar se les hunde, se ha embravecido de tal forma que les ha quitado la seguridad que tenían, ¡los expertos en el mar! Naturalmente, aunque Jesús estaba dormido, acuden a Él, le despiertan y casi a gritos le piden: «¡Ayúdanos, que perecemos!». Y lo extraordinario es que Jesús no pierde la calma, con serenidad pretende solucionar el verdadero problema, la falta de fe de sus discípulos, detener la tormenta puede esperar… ¿Qué hubieras hecho tú en su lugar? La tormenta para Jesús era que estos hombres que le conocían y sabían de su poder estaban asustados, habían perdido la confianza, se desorientaron aterrorizados… Jesús les recrimina la falta de fe y, luego, detiene la tormenta.

Sobresale en estos textos que no hay que perder la calma, aunque todo a nuestro alrededor esté lleno de nubarrones amenazantes de tormentas. En segundo lugar, tomar conciencia de que el Señor está en la misma barca y que puede detener la tormenta, esta es nuestra seguridad. Y en tercer lugar, trabajar para achicar el agua, orientar la vela, favorecer las cosas para que no se caiga nadie del bote, mantenerse unidos y confiar, porque le tenemos a Él. Como escucharemos en la primera lectura del libro de Job es Dios el que puede más que la arrogancia de las olas, se manifiesta como el Señor del universo. Hemos aprendido que no es la tormenta lo que nos preocupa, sino no confiar en el que nos llama a la calma.

A propósito de estas cosas, no puedo pasar por alto la Carta Encíclica que nos ha regalado el Papa Francisco, donde nos pide el cuidado y la protección de la casa común y la preocupación por toda la familia humana. El Papa nos invita a un fresco diálogo entre todos para proteger el planeta y evitar las degradaciones a las que nos lleva el pecado.

+ José Manuel Lorca Planes

Obispo de Cartagena

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