Pentecostés

Escrito del Obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes, para Pentecostés.

En Pentecostés celebramos la venida del Espíritu Santo, prometido por Jesucristo, sobre el colegio apostólico, reunido en el Cenáculo en torno a la Virgen María. Este acontecimiento fue admirable, porque convirtió en valientes predicadores de Jesús a los que antes huyeron presa del miedo. El Espíritu Santo impulsó el comienzo de la actividad pública de Jesús y está presente en toda la actividad misionera de la Iglesia, dándole su fuerza y sus dones para que todo el mundo pueda conocer a Dios. En el libro de los Hechos de los Apóstoles se nos narran los primeros pasos de la Iglesia naciente y los efectos de la acción del Espíritu, que favorece el que todos entiendan la predicación aun siendo de diversas lenguas; que da el coraje y la valentía para hablar en medio de las persecuciones y que reparte sus siete dones para que el creyente viva el fuego del amor a Dios y pueda volcarse en el servicio a los hermanos. La acción del Espíritu nos inserta en una experiencia viva y transformadora. Todos nos debemos sentir invitados por el Señor a trabajar por el Reino de Dios, como continuadores de la misión de Jesucristo.

En esta Solemnidad de Pentecostés, el Espíritu Santo sale también al encuentro de la debilidad de los testigos y nos da la fortaleza para vencer los miedos y temores, para afrontar la misión de portadores del Evangelio y artífices de la renovación de la sociedad. El Señor nos capacita a todos, laicos y consagrados, para esta tarea y nadie puede quedar exento de la responsabilidad de predicar. Precisamente en este día, la Iglesia os recuerda a los laicos, hombres y mujeres del apostolado seglar, que viviendo la fe en Jesucristo Salvador, muerto y resucitado, ilumináis la vida personal y social de los que os rodean; los laicos habéis recibido también una vocación de apostolado fecundo (AA,1).

La tarea evangelizadora exige de la vigilancia, porque nuestro adversario, como león rugiente, anda buscando a quién devorar, advertía San Pedro, con la recomendación de resistir firmes en la fe. La firmeza en la fe es un don, un regalo también de Dios, que no se olvida de su palabra. El Espíritu permanece con nosotros y es Él, el que llena los corazones de sus fieles y nos enciende el fuego del amor. En el corazón de la sociedad es donde se necesita a los apóstoles, como la levadura, para dar testimonio. A pesar de lo compleja que es nuestra sociedad, con las numerosas dificultades que se plantean y los ataques al derecho a la vida, a la educación cristiana… ese es el campo de trabajo y ahora no podemos estar mudos, nuestra palabra puede ser luz.

Queridos amigos, pido en este día de Pentecostés por todos vosotros y me alegra saber que sois muchos los que estáis trabajando en la viña del Señor, como discípulos, como hijos de la Iglesia; conozco vuestras inquietudes y sensibilidad espiritual, tanto si trabajáis en silencio, como cuando estáis en la brecha sirviendo a los más necesitados y os animo a seguir adelante sin que os pueda el desánimo, fuertemente agarrados al Espíritu. Promoved la dignidad de la persona, el respeto inviolable al derecho a la vida, la libertad para invocar el nombre del Señor, la defensa de la familia, la caridad como el alma de toda solidaridad, la defensa del hombre en el centro de la vida económica y social, la evangelización de la cultura… Contad con mis oraciones y bendición.

+ José Manuel Lorca Planes

Obispo de Cartagena

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