Ordenación sacerdotal de Pablo Caballero

Homilía del Obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes.

Parroquia de San Mateo de Lorca, 13 julio del 2013

Vicario Episcopal de la Zona de Lorca, Ilmo. Sr. Don Francisco Fructuoso,

Vicarios Episcopales,

Queridos Rector y Formadores de los seminarios diocesanos San Fulgencio y Redemptoris Mater de la Diócesis de Cartagena,

Rvdo. Sr. Don José Antonio Rodríguez, Adjunto Nunciatura Apostólica en Nigeria

Hermanos sacerdotes, Religiosos y seminaristas,

Sr. Cura Párroco de San Mateo

Un especial saludo a los padres y familiares de Pablo

Queridos feligreses, hermanos y amigos

Querido Pablo, te ordenas sacerdote en este templo de San Mateo, cuando en toda la Iglesia, a través de la Palabra de Dios, resuena la pregunta de un letrado a Jesús, precisamente de alguien, que no era discípulo: «¿Quién es mi prójimo?». Es el mismo Jesús el que dará la respuesta, es el mismo Señor el que orientará la atención de sus discípulos, desbrozando todas las seducciones de los ídolos que nos rodean, para que sus pasos no se desvíen del mismo camino que ha recorrido él. Tan importante es la respuesta que da, que tu misma ordenación sacerdotal tiene sentido en ella. Pablo, tú, como cualquier sacerdote, has sido llamado al prójimo, para que sientas las voces y las necesidades del que tienes cerca, del que está a tu lado y no para subirte al mundo de las ideas y balancearte por las nubes; has sido llamado para pisar tierra, para mirarle la cara a quien es imagen de Dios y poder tener experiencia de la trascendencia en el otro. Lo más cercano, el hermano, es lo que mejor nos acerca a la trascendencia, porque el otro es imagen de Dios. La tentación es pasar de largo.

Al letrado que le ha preguntado a Jesús sobre quien es mi prójimo, el Señor le pone una parábola, con un lenguaje muy comprensible, para hacerle ver donde está su prójimo, en este caso, caído, a ras de tierra y gritándole que le ayude. El amor samaritano debe tener bien espabilados los oídos para oír la voz de Dios que le lleva al hermano y para oír la voz del herido que le pide ayuda. Por otra parte, este ejemplo es admirable, porque a quien presenta Jesús no es a una idea de hombre, sino a uno concreto e indigente; no habla de si era judío, gentil o samaritano… el Señor habla de un hombre que necesitaba ayuda. Los adjetivos no importan tanto.

Podríamos quedarnos divagando en los casos donde la ayuda de uno podría ser eficaz y siempre nos quedaríamos cortos, pero no debemos olvidar que tendemos a no complicarnos la existencia, a no ir más allá de lo que está indicado y tendemos, con frecuencia, a tranquilizar sólo nuestra conciencia. Pero es conveniente seguir escuchando a Dios: «Yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis» (Jn 15,16).

Pablo, puedes tener la plena seguridad de la iniciativa divina, de que Dios te ha elegido para que vayas, ¿dónde?, ni se te ocurra preguntarlo. Tú, ponte en camino y ve, como Abraham, con una fe inquebrantable, que ya se encargará Dios de dirigir tus pasos. La historia de Abraham nos hace temblar de emoción y sigue siendo la más bella historia de fe del Antiguo Testamento, que en tres momentos de su historia nos ha dado tres magníficas lecciones, que nadie podrá olvidar nunca. En primer lugar, Abraham oyó que Dios le pedía «sal de tu tierra, deja tu casa,» y sin preguntar ni porqué, ni para qué, abandonó su país. En un segundo momento, cuando Dios le prometió que le haría padre de una muchedumbre de pueblos, Abraham de fio pese a saber que su mujer era estéril y el mismo era viejo. La tercera prueba a la fe es determinante, cuando volvió a oír la voz de Dios pidiéndole que matara en sacrificio a su hijo Isaac, que era el único hijo que le había dado su mujer según la palabra de Dios, tampoco dudó en ofrecérselo. Y ante esta gran fe de Abraham Dios rechazó el sacrificio y firmó una alianza de amistad eterna con él.

Esta es la grandeza de un discípulo que tiene la seguridad en Dios, que confía en Él y que sabe que le llevará por la vía de la verdad y no de la mentira; por el camino del perdón, de la misericordia y no del rencor; que le exigirá saber amar y no le permitirá que se enmarañe en el odio, envidias o murmuraciones; nuestra aventura es la libertad y no la tragedia de la esclavitud… Para esto te ha llamado Dios, para que ayudes a tu prójimo a confiar en Dios, con el ejemplo de tu vida, pero si fuera necesario deberás utilizar la palabra.

Pablo, la misión que recibes de la Iglesia es extraordinaria, capaz de llenar tu vida, de dejarte mudo ante los milagros que irás viendo todos los días y los que podrás ir haciendo, por la gracia de Dios, pero no caigas en la tentación de pensar que no debes mantener bien agarrado el timón de tu ser sacerdote, cuidando la vida de fe, con la oración, la Eucaristía, el Sacramento de la Penitencia, la caridad pastoral… Tu historia personal, como la de cualquiera, estará llena de dificultades, de peligros, de cánticos de sirenas y de tentaciones de abandono o de acomodarte a una vida mundana… tendrás que recordar muchas veces la parábola de la vírgenes necias y prudentes, de las que nos habla el Señor, para que nunca te falte el aceite que te facilita la luz para esperar a Cristo, en vigilia. La fe que profesas y predicas no te librará de las dificultades del camino, más bien te ayudará a salir de ellas, porque quien te agarrará con fuerza de la mano será el Señor. No te librará de las tormentas, pero te dará fuerza para vencerlas… por eso te dice, no tengas miedo, que tu fe no vacile, que estoy contigo… Así que adelante, tu seguridad no estará en nada que muera, sino en Cristo, que vive, porque ha vencido a la muerte. Procura no cargarte de peso en el camino, «no tengo ni oro ni plata» decía San Pedro, no lleves demasiadas cosas para el viaje. Eso sí, lleva las herramientas propias de tu trabajo, las que le son permitidas a un profesional que está de guardia. Tú sabes cuales son, porque lo dice San Pablo: «la misericordia entrañable, la bondad, la humildad, la dulzura, la comprensión. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo. Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada. Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón: a ella habéis sido convocados, en su solo cuerpo. Y celebrad la Acción de Gracias: la Palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente. Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados. Y todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre de Jesús, ofreciendo la Acción de Gracias a Dios Padre por medio de él.» (Col 3, 12-17).

Has elegido un texto de San Pablo para la segunda lectura, que a la vez que es bello es muy claro y lo habrás meditado muy bien. Pues bien, en él se nos habla de la importancia de entregar la vida al Señor y de confiar, pero no para cruzarse de brazos, sino para trabajar, puesto que no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de fortaleza, de amor y templanza y la tarea es evangelizar, anunciar a Cristo como heraldo, apóstol y maestro, con un encargo especial: velar por el precioso depósito de la fe. Eres custodio de algo que no es tuyo, sino que se te ha confiado, por lo tanto, en esta tarea no te está permitido dejarte llevar de tus caprichos, de lo que te gusta, de tu afición… porque no es tuyo. Debes hacer lo que te pide la Iglesia, hasta en lo más pequeño o insignificante y a esto se llama fidelidad. Lo sabes, ¿verdad? Y además debes custodiarlo y darlo a conocer con transparencia. Esta es tu misión.

Querido hermano, como has sido llamado a evangelizar, procura hacer madurar en los fieles el significado de la vocación bautismal, es decir, la convicción de estar llamad
os por Dios para seguir a Cristo de cerca y para colaborar personalmente en la misión de la Iglesia. «Trasmitir la fe es revelar, anunciar y profundizar en la vocación cristiana, esa llamada que Dios dirige a cada hombre al manifestarle el misterio de la salvación».1 Otro aspecto importante en tu tarea evangelizadora es el mantener un ardiente ministerio de la Palabra, integral y bien fundado, con un claro contenido teológico, espiritual, litúrgico y moral, atento para iluminar las necesidades concretas de los hombres, mediante una paciente catequesis sobre las verdades fundamentales de la fe y la moral católicas y su influjo en la vida espiritual. Esto, Pablo, exige que no debes dejar a un lado la seria formación teológica y espiritual permanente; mantenerte unido a tus hermanos sacerdotes en los diferentes encuentros diocesanos o de zona, especialmente cuando se trata de trabajar en la misma dirección y en la unidad de criterio pastoral. Nadie debe ir por libre en este proyecto y si así lo hiciere podría estar haciendo mal, incluso daño, al Pueblo de Dios y eso es muy delicado.

Queridos hermanos, demos gracias a Dios por Pablo, otro sacerdote que ha salido para servir al prójimo de esta Comunidad parroquial de San Mateo de Lorca, en la espiritualidad de las Comunidades Neocatecumenales. Te has criado en un pueblo que no conoce derrotas, que sabe salir de las dificultades, aunque éstas sean muy grandes o terribles, se llamen terremoto o tormenta, este pueblo sigue caminando, se recompone para volver a lucir el mismo esplendor y no duda en dirigir su mirada a la Santísima Virgen María, donde está el corazón de todo lorquino. Espero que tengas la misma pasta que este pueblo para ser testigo de Cristo, la pasta que tuvo Pablo de Tarso, para entregarse a Cristo. Por esta razón te miro con confianza, porque, aunque te veas débil, le puedes decir al mundo ¿dónde está tu poder? En Cristo siempre está el fundamento y la victoria. El Señor sostiene nuestra vida.

Os agradezco a todos la asistencia, porque como sois muchos, están garantizadas las oraciones por Pablo, por todos los sacerdotes y por los que están en vías de serlo, las oraciones por los religiosos y religiosas. Y os quiero decir, queridas familias, que le ayudéis a vuestros hijos a ser felices de verdad, que les pongáis en vías de la alegría y del gozo, conociendo a Dios, sí, conociendo a Dios, mediante la experiencia de la vida de fe. No os asustéis si os dicen que quieren ser sacerdotes o religiosos, no os asustéis, porque no tendréis razón si se lo impedís, si el Señor les quiere para sí, ayudadles a discernir, facilitadles el camino, que es una experiencia muy hermosa. Facilitad la vida apasionante que les ofrece el Señor, nada estéril y muy fecunda. Grabad vuestros nombres en los libros de la vida. A vosotros jóvenes, no tengáis miedo de dar el paso, sed valientes y seguid a Alguien que os conoce bien, os quiere y os necesita, Alguien que os hará mirar al exterior de vosotros mismos y os hará descubrir que la Cruz no es amarga, sino dulce al paladar, que la vida es un regalo que os hace y que la noche no es oscura, porque Él es la Luz que permanece siempre encendida. Rezad por el Encuentro de Seminaristas de Bachiller de los seminarios de España que comenzaremos mañana en Murcia.

Que la Santísima Virgen María interceda por vosotros y Dios os bendiga y os conceda la Paz a todos.

+ José Manuel Lorca Planes

Obispo de Cartagena

1 Congregación para el Clero, Directorio para el ministerio y la vida de los Presbíteros, 62. Madrid, 2013.

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