La esperanza fiable es Cristo

Escrito del Obsipo de Cartagena en el II Domingo Adviento. A. 2013.

Conforme vayamos progresando en la vida en Cristo, iremos tomando conciencia de lo que realmente importa, imitar a Cristo, estar sostenidos por la voluntad de Dios que ofrece la salvación a todos. Pero fijaos al comienzo de la segunda lectura, con que sencillez presenta San Pablo donde debe estar nuestro centro de atención: en la esperanza. El apóstol nos dice que el que está firme en la esperanza está seguro, ¿pero cómo se llega a alcanzar esa esperanza? La respuesta hay que buscarla en la imitación de Cristo, por su total fidelidad a la voluntad de Dios. Es San Pablo el que nos recomienda estar enraizados y edificados en el Señor con total fidelidad, por eso, Jesús abre el horizonte de nuestra mente y nos dispone para la manera de conseguirlo: por medio de la Sagrada Escritura, que es el alimento que sostiene nuestra vida y nos fortalece en la esperanza.

En el Evangelio del domingo se ve a donde apunta la predicación de Juan el Bautista, también a Cristo, pero de una manera definitiva y total, con radicalidad, dejando a un lado las indecisiones. Su llamada es un grito al corazón para cambiarle el rumbo a la vida y sabe que sus palabras llegaran a sus oyentes; a él no le importa predicar en el desierto, a la gente con los oídos tapados, porque está convencido del poder de Dios e insiste para que nos apresuremos a preparar el camino del Señor, que allanemos sus senderos, que lo imposible para nosotros es posible para Dios.

En las lecturas de la Palabra de Dios se nos exhorta para ver a Cristo como la esperanza fiable, porque con Él tenemos futuro, la seguridad de que la vida no acabará en el vacío. Nuestro Señor, en medio de las tormentas en las que estamos metidos dentro de nuestro loco mundo, nos ofrece la señal que orienta, desde la verdad, nuestra vida hacia Dios Padre. La esperanza fiable no es sino llegar a conocer a Dios, al Dios verdadero, eso es lo que significa recibir esperanza, saber de Dios, quererle, sentirte amado y saber, por la experiencia, que «quien a Dios tiene nada le falta, que sólo Dios basta».

Preparaos en el Adviento potenciando la oración, sabiendo que Dios os escucha. Según el testimonio del cardenal Nguyen Van Thuan —quien durante trece años estuvo en las cárceles vietnamitas, nueve de ellos en aislamiento— en una situación de desesperación aparentemente total, la escucha de Dios, el poder hablarle, fue para él una fuerza creciente de esperanza. La esperanza es saber que suceda lo que nos suceda, nunca nos faltará el consuelo de Dios.

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