OBISPO DE CARTAGENA
Ministerios laicales
Seminaristas de San Fulgencio y Redemptoris Mater
Parroquia San Bartolomé
Murcia a 3 de mayo del 2026
Sres. Vicario general y vicarios episcopales,
Sres. Rectores y formadores de los seminarios,
Sr. Director del Centro de Estudios San Fulgencio,
sacerdotes, religiosos, miembros asociaciones de vida apostólica,
seminaristas,
familiares de los seminaristas candidatos a los ministerios,
feligreses de la Parroquia San Bartolomé,
Hermanos todos.
¡El Señor jamás olvida sus promesas! También a vosotros, un día, os dirigió estas palabras que, con fe, habéis acogido y hecho fructificar: «Os aseguro que el que haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre, hijos o campos por mí y por el Evangelio, desde ahora, en este mundo, recibirá el ciento por uno (…), en medio de las persecuciones; y en el mundo futuro recibirá la vida eterna» (Mc 10, 29-30). Son las mismas palabras que les recordó el Santo Padre a sacerdotes, obispos, consagrados y laicos este 26 de abril en Angola.
Es que el Señor conoce la generosidad con la que hemos abrazado la vocación y no le es indiferente todo lo que, por amor a él, hacemos para alimentar a su pueblo con la verdad del Evangelio. Por eso, ¡vale la pena abrirle nuestro corazón por completo a Cristo! El Papa recordaba lo que nos decía Benedicto XVI, que Cristo no quita nada y lo da todo. «Quien se da a él, recibe el ciento por uno. Sí, abrid, abrid de par en par las puertas a Cristo, y encontraréis la verdadera vida»¹. Por eso, la mejor actitud para un cristiano que siente cómo el Señor le está llamando a algo grande es confiar, es ponerse en camino. ¡No tengáis miedo de decirle sí a Cristo, a moldear íntegramente vuestra vida según su corazón! Somos propiedad de Dios y él vela por nosotros siempre, pero hay que ser tan valiente como san José, que confió y se puso en camino.
A vosotros, que estáis delante de Dios y delante de esta comunidad de hermanos tenemos que deciros que vale la pena escuchar a Jesús con actitud de obediencia, en la pobreza, en la castidad, que no vais a perder nada y ganaréis en gozo y alegría. La misericordia del Señor es tan grande, que siempre tiene su puerta abierta, siempre escucha, siempre te ofrece la claridad de su luz viva, para que tus pies no tropiecen y cuando te ve cansado, sale a tu encuentro, ¡nunca estarás solo, nunca te sentirás abandonado! Pensad ahora cuántos beneficios habéis recibido de Nuestro Señor, «¡A él sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos! Amén» (Ap 1,6).
El Papa Francisco nos ha recordado muchas veces que hemos recibido de Dios el regalo y la tarea de ser discípulos y misioneros, por la alegría de haberle dicho que sí, porque nos concede la fuerza para vencer las asechanzas del maligno y por la gracia de tener la esperanza en la vida eterna. Todo esto es un regalo, que nos hace grandes, somos sus hijos y esto nos compromete a ser responsables. Otro don muy grande es el del Espíritu Santo que fue derramado en nuestros corazones en el Bautismo y en la Confirmación con miras a la misión… ¡Cuántos bienes hemos recibido de Dios!
Candidatos a los ministerios laicales de acólitos y lectores, os ruego que abráis bien los ojos, que vuestra decisión sea una opción personal profunda y sincera, porque todo lo que viene ahora es muy serio, tan serio como el paso que disteis diciéndole sí al Señor. Os recuerdo que es el tiempo de restablecer el rumbo de la vida hacia el Señor y hacia los demás, porque necesitamos la salvación, que viene de Dios y vosotros habéis sido llamados personalmente para esta tarea. Olvidaos de vuestros intereses personales, de vuestros egoísmos, despojaos de todo eso y agarraos a Cristo, de verdad, sin disimulos, con coraje, mirando de frente y con la transparencia de una vida ordenada y limpia.
Este es el camino, lo tenemos al alcance de la mano, porque nuestra victoria es la de Cristo. De esta situación en la que aún estamos saldremos con Cristo al frente de la barca en la que vamos todos y nadie sobra, porque nos necesitamos unos a otros, porque remamos todos a una. No hay otra forma de salir que unidos. A propósito de la unidad, escuchad estas palabras del Papa León: «La fidelidad de Cristo, que nos amó hasta el extremo, es el verdadero motor de nuestra fidelidad. Una fidelidad que se hace accesible gracias a la unidad de los presbíteros con su obispo y con sus hermanos del presbiterio, y de los consagrados y consagradas con su propio superior y entre ellos mismos»². La unidad es un don, vivir aislados de todos y solos, es una desgracia.
Seminaristas de los seminarios Menor de San José, Mayor de San Fulgencio y Redemptoris Mater, hermanos religiosos y laicos la Iglesia os necesita, os necesita testigos valientes del mensaje evangélico, fuertes en la fe. Os necesita para seguir adelante como apóstoles de la verdad: «La Iglesia necesita santos. Todos estamos llamados a la santidad, y solo los santos pueden renovar la humanidad» (2005). Andad con serenidad, sin prisas, pero haciendo hueco a Dios en vuestras vidas: «Haced silencio en vuestro interior. Dejad que emerja desde lo profundo de vuestro corazón el ardiente deseo de ver a Dios… del encuentro con el Señor».
Que la Santísima Virgen María, la Madre de nuestro Señor os cuide siempre, en sus manos os encomiendo.
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José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena
¹ PAPA BENEDICTO XVI, Homilía en el inicio del ministerio petrino, 24 abril 2005.
² PAPA LEO N XIV, Homilía a los sacerdotes, obispos, consagrados y laicos en Angola. 2026.

