Dios elige con amor de predilección

Carta Pastoral del Obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes.

El Evangelio de esta semana presenta el momento en el que Jesús elige a los que Él va a llamar para mandarlos a predicar. De nuevo se repite que el origen y la fuente de la llamada es Dios, que es Él el que está detrás de esta invitación determinante para la misión. Llama la atención del gran corazón de Dios y su cercanía, les va a encomendar algo importante, pero les invita antes a la serenidad y a la confianza: «Venid vosotros conmigo, a un lugar aparte, para descansar un poco». No pasamos desapercibidos para Dios, nos conoce y sabe nuestra realidad, por eso nos da fuerza: Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia, decía el Señor. Jesús conoce las fuerzas que tenemos y sabe de nuestras penas, se porta como un buen Pastor, no permite que nos falte nada y cuida con especial cariño de los más débiles. Pero es que el corazón de Dios es así, nos elige como antorchas vivas de su amor para iluminar al mundo ciego, no con luz humana, sino con la luz maravillosa del amor de Dios.

La Palabra de Dios de este domingo deja claro el motivo de nuestras esperanzas: «El es nuestra Paz, el que de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro que los separaba, la enemistad». Por encima de todas las dificultades y barreras que nos han dividido está el Señor, Él es nexo de unión, porque lo novedoso de su fuerza reconciliadora y unitiva está en su Cruz, gracias a su Cruz. Nada extraño, porque la cruz es señal del amor de entrega. No nos viene mal saber que la unidad, la paz, la alianza de civilizaciones o la reconciliación de los pueblos se consigue con la fuerza de la cruz, es decir, cuando hay verdadero amor, como el del Señor. Todo lo que no vaya por este camino está condenado al fracaso. Que nadie se engañe, la cruz cuesta. Pero nos basta la gracia…

Este mes podría ser un tiempo propicio no sólo para descansar, sino también una oportunidad para poner en claro nuestras ideas y nuestro estilo de vida. Por ser cristianos debemos ser coherentes, auténticos y verdaderos, alegres y fieles, justos, honrados… no por aparentar, sino porque nos lo pide el Señor para poder hablarle a los demás. Que la Santísima Virgen María nos ayude a reconocer la fuerza y la misericordia amorosa de Dios, porque a ella nos encomendamos siempre.

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