Auméntanos la fe

Carta del Obispo de Cartagena, Mons. Jose Manuel Lorca Planes, en el XXVII Domingo. Ordinario. C. 2016

Jesús ha escuchado la oración sencilla de sus discípulos: “Auméntanos la fe”. Escucharles ha sido su labor siempre, además de ayudarles a seguir la voluntad de Dios, con una pedagogía fácil, con palabras y ejemplos les ha ido explicando la fuerza de la fe. Jesús les abrió los ojos a todos de tal manera que sentían la necesidad de pedirle el regalo de una confianza inquebrantable en Dios para no olvidar que la fuente de donde nace la fe es Dios y que ésta nos da el coraje y la decisión de seguir a Cristo, aunque nuestra naturaleza sea frágil. La fe ilumina nuestros pasos y nos acerca a su presencia, nos enseña a hacer la voluntad de Dios.

San Pablo nos invita en la segunda lectura a dar el paso para avivar la fe, porque Dios nos ha dado un espíritu de energía, amor y buen juicio y también nos dice expresamente que no tengamos miedo a dar la cara por Cristo. La fe, pues, es el estilo de vida que nos debe caracterizar, amando y sirviendo a Dios y a los hermanos. La propia experiencia nos ha enseñado que nuestra fe puede ir difuminándose y que podemos volver a planteamientos de vida egoístas, a buscar sólo la seguridad en los bienes materiales. Precisamente para evitar este peligro, no podemos perder el contacto con el Señor, hay que mantenernos cerca de Él, escuchando su Palabra y participando en los sacramentos. La oración es la vía perfecta de encuentro con Dios y de permanecer en la fe.

Es la misma Santa de Ávila, Santa Teresa de Jesús, la que nos pide insistentemente que nos acerquemos confiados a Nuestro Señor, que mantengamos esa relación vital con Él por medio de la oración. Ella definía la oración como un «tratar de amistad estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos que nos ama». Pero no vale cualquier forma de rezar, sino desde la confianza de ser escuchados, que la verdadera oración es siempre humilde, atenta, perseverante y confiada en la bondad del Padre, pura de intención y concorde con lo que Dios es. A la oración vamos a escuchar a Dios, a la vez que le presentamos las necesidades, así que si Dios nos habla, no podemos endurecer el corazón, porque la propuesta del Señor siempre es de esperanza y de vida, la oferta de Dios es la Salvación. Cuando la oración es auténtica puedes comprobar cómo creces en la confianza, porque sientes a Dios vecino, cercano y esto te fortalece la dimensión de la fe y de la caridad.

Después de escuchar atentamente la Escritura –donde se nos habla de la fuerza inquebrantable de la fe y de que es el ungüento para todos nuestros dolores, el ánimo y la alegría para todos los sufrimientos– no es extraño que los mismos discípulos le pidieran a Jesús: “Auméntanos la fe”. Ellos han entendido lo que se nos pide a los discípulos, la fe, una fe plena, incondicional, confiada, serena, una fe que se fía de Dios, porque lo sienten cercano y clavado en la cruz por amor. La aventura de pedir la fe a Dios viene como necesidad frente a los fracasos por los que te ha hecho pasar el mundo cuando te alejaste de Dios, los que vinieron cuando te fuiste a buscar seguridades y alegrías lejos o, quizás, cuando huiste de la cruz. Para pensar en estos temas tan importantes es aconsejable hacer un alto en el camino y desde el silencio de la oración pedir a Dios con humildad la confianza en sus planes, la fe fuerte que necesitas.

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

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