Apertura del curso académico del Instituto Teológico OFM

Homilía del Obispo de Cartagena en la iglesia de la Merced de Murcia, el 11 de octubre de 2013.

Ministro General de los PP. Franciscanos,

Rector Magnífico de la Pontificia Universidad Antonianum de Roma,

Ministro Provincial de la Provincia Franciscana de Cartagena,

Director del Instituto Teológico Franciscano,

Director del Centro de Estudios Teológicos y Pastorales de la Diócesis,

Dignísimas autoridades,

Religiosos, religiosas, sacerdotes, estudiantes,

Hermanos,

Al comenzar un nuevo curso académico invocamos al Espíritu Santo con la confianza de vernos renovados en la fidelidad al proyecto salvador de Dios, como parte activa, a la vez que le pedimos que ilumine nuestra mente y nuestro corazón para entender qué nos pide hoy a cada uno de nosotros el Padre.

El Espíritu Santo, como don pascual, hace partícipe a la Iglesia de la autoridad de Jesús, a los Apóstoles les concede en don de la parresía, la valentía que les lleva a hablar de Jesús sin miedo. Fruto de la acción del Espíritu en la primitiva predicación apostólica es que los adversarios se maravillaban del mensaje, sabiendo que quienes les hablaban eran hombres sin instrucción ni cultura (cf. Hch 4, 13). El evangelista San Lucas nos muestra la importancia de dejarse llevar de la acción del Espíritu, porque es Él el que nos ayuda a entender todo el proyecto salvador de Dios, el que ilumina nuestra mente para conocerle. Por esta razón se entiende que la invitación constante de parte de la Iglesia es la de colaborar con el Espíritu Santo aceptando su Luz y su Fuerza: «el Espíritu Santo prepara a los hombres, los previene por su gracia, para atraerlos hacia Cristo. Les manifiesta al Señor Resucitado, les recuerda su palabra y abre su mente para entender su muerte y resurrección». (Catecismo de la Iglesia Católica, 737).

Pensemos en el gran evento que abrió a la misión pública a la comunidad de los cristianos, todos tomaron conciencia de la importancia de Pentecostés y del protagonismo del Espíritu Santo en la tarea evangelizadora. La experiencia del Espíritu no se limitó, sin embargo, a esta primera manifestación, sino que se renueva continuamente en la vida de los discípulos. Nunca ha faltado la acción del Espíritu en la Iglesia y en la vida de los hombres; podemos seguir la secuencia de los primeros pasos de la Iglesia y veremos como ha estado presente: en el momento de las primeras dificultades (4,31), en la conversión de los primeros paganos (10,44-47), en el anuncio de los discípulos y en la vida de la Iglesia. Gracias a su energía y a su fuerza de vida la comunidad de los creyentes lleva adelante eficazmente el misterio y la obra de Jesús en la historia. Percibimos la intencionalidad del evangelista San Lucas al presentar el nacimiento y desarrollo de la Iglesia, con el nacimiento y vida de Jesús. Nos muestra esto con claridad en el Evangelio y los Hechos de los Apóstoles, estando presente en estos acontecimientos la acción del Espíritu Santo.

El Espíritu abre a la misión, empuja a la iglesia a tener valentía, llama a los hombres a la fe, capacita a los discípulos para realizar prodigios. El Espíritu Santo es el que nos da la certeza de que se cumplirá el Plan Salvífico Universal de Dios, trazado desde antiguo. Está al principio de la misión de Jesús (Lc 4,18; Ac 13,2-4) y de la Iglesia; El Espíritu es el guía del camino (Lc 4,1.14; Ac 2,4c; 8,29.39; 10,19.44; 11,12; 13,2.4; 15,28; 16,6; 20,22s) y la fuerza necesaria para recorrerlo (Lc 24,49; Ac 1,4). En los escritos de San Lucas se considera al Espíritu como un don (Ac 2,38) de Dios, como una promesa cumplida (Ac 1,4s; 2,33), que garantiza los pasos importantes del camino. En la casa de Cornelio, el Don de Espíritu es signo inequívoco de la guía de Dios (Ac 10,44-48). El Espíritu garantiza también el que no haya ruptura entre el tiempo de Jesús y el comienzo de la Iglesia, precisamente por estar presente en todos los acontecimientos de los tiempos como don, fuerza, guía… El mismo Espíritu ha dirigido el camino de Jesús y el de la Iglesia convirtiéndolo en profético.

Queridos hermanos, especialmente a vosotros que comenzáis el curso académico, poneos en manos del Espíritu para que sea Él quien os ilumine, para que podáis conocer mejor a Dios y os conceda la fuerza necesaria para dar testimonio de Él. No os puedo ocultar que esta tarea apostólica no es fácil, que os sobrevendrán dificultades, pero tenéis la fuerza del Espíritu que os dará coraje y pondrá las palabras en vuestra boca.

Os propongo el testimonio de San Pablo, que nos orienta en la buena dirección, porque él ha ido por delante. De él hemos aprendido que ser apóstol no significa seguir los planes propios, sino que se recibe una llamada a la obediencia desde el principio. Lo que nos cuenta de su viaje a Jerusalén es admirable y ejemplarizante, porque sabía que Jerusalén le traería «cadenas y tribulaciones», que perdería la libertad, que sería cautivo y prisionero. Pablo conoce perfectamente lo que le espera: pero prefiere ser prisionero del Espíritu desde la obediencia, que prisionero de sus enemigos o de sus intereses. Lo admirable es que la razón que le mueve: ni la pérdida de libertad, ni el sacrificio de la propia vida es comparable con la fidelidad a los planes de Dios.

El Espíritu Santo asegura al anuncio, también, un carácter de actualidad siempre renovada, para que la predicación no caiga en una vacía repetición de fórmulas y en una fría aplicación de métodos. Queridos profesores y alumnos, vosotros vais a estar al servicio de la Nueva Alianza, no de la palabrería de los falsos profetas, que esto mata, sino del Espíritu, que da vida (2 Co 3, 6). No olvidéis que para esto no hay que dejarse llenar la memoria, sino de lo fundamental: de la contemplación fruto de la escucha y de la oración. Si el testigo no escucha y no ora, terminará por predicarse a sí mismo (cf. 2 Co 4, 5), y sus palabras serán palabrerías profanas (2 Tm 2, 16). ¡Qué gran responsabilidad tenéis en este centro de formación! ¡Qué admirable es la llamada que os ha hecho el Señor para la preparación de los profetas y heraldos de la Buena Nueva!

Pido al Señor que os conceda oídos atentos para escuchar la llamada del Espíritu en vuestra vida, porque el Espíritu acompaña y estimula a la Iglesia a evangelizar en la unidad, construyendo la unidad. Este es un reto también para la Diócesis de Cartagena, donde está ubicado el Instituto Teológico, a la vez que da gracias a Dios por los frutos de esta actividad docente, que augura un inmenso bien y la gracia del Espíritu.

Que Dios bendiga a los profesores, alumnos y al personal de administración y servicios.

+ José Manuel Lorca Planes

Obispo de Cartagena

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