El Obispo de Cartagena preside una Eucaristía con los religiosos y religiosas

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La diócesis de Cartagena es una sede episcopal dependiente de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la catedral de Santa María, situada en la ciudad de Murcia.

Celebración de la Jornada de la Vida Consagrada.

La Diócesis de Cartagena celebró ayer una Eucaristía para celebrar la Jornada Pontificia y Mundial de la Vida Consagrada. La Misa tuvo lugar en la Santa Iglesia Catedral, y estuvo presidida por el Obispo de la Diócesis de Cartagena, Mons. D. José Manuel Lorca Planes. El templo catedralicio estaba lleno de religiosos y religiosas que sirven en esta Diócesis. Antes de hacer la consagración al Señor y de renovar su “sí” a Dios –acto que se realiza después de la homilía-, fueron presentando, brevemente,  los diversos carismas y su labor, dejando una vela encendida en el altar. Para la Diócesis, “la presentación de esta riqueza de carismas y sus tareas fue muy emotiva y un gozo poder comprobar cómo estos hermanos viven entregados a Dios.”

En su homilía, el Sr. Obispo dio gracias a Dios por cada uno de los religiosos, “ya que comparten con nosotros la tarea de evangelizar y que de verdad están gastando y desgastando sus vidas en la atención a los ancianos y enfermos, en la tarea educativa en los colegios, cercanos a quienes están pasando momentos de crisis y de soledad, también con los que sufren y se sienten perdidos”. “Hoy estamos arraigados en la esperanza, sabemos que hemos de ser capaces de animar y de proponer, de recordar la razón de ser de la vida consagrada, de ayudar a las personas que se nos han confiado a corresponder con una fidelidad siempre nueva a la llamada del Espíritu”-expresó. Asimismo, indicó que “los consagrados y las consagradas, los sacerdotes y laicos tenemos hoy la tarea de ser testigos de la transfigurante presencia de Dios en un mundo cada vez más desorientado y confundido, un mundo en el que los matices han sustituido a los colores sumamente claros y destacados”.

“Pertenecer totalmente a Cristo quiere decir arder con su amor incandescente, quedar transformados por el esplendor de su belleza –afirmó Mons. Lorca-. Nuestra pequeñez se le ofrece como sacrificio de suave fragancia para que se convierta en testimonio de la grandeza de su presencia para nuestro tiempo, que tanta necesidad tiene de quedar ebrio por la riqueza de su gracia.” En este sentido, añadió que “ser de Cristo significa mantener siempre ardiente en el corazón una llama viva de amor, alimentada continuamente por la riqueza de la fe, no sólo cuando lleva consigo la alegría interior, sino también cuando va unida a las dificultades, a la aridez, al sufrimiento”.

Posteriormente tuvo lugar el acto de consagración, en el que los religiosos y religiosas renovaron su “sí” a Dios. De este modo, los consagrados dieron testimonio de su pertenencia al Señor, que como señaló nuestro Pastor, “es la misión de los hombres y mujeres que han optado por seguir a Cristo casto, pobre y obediente, para que el mundo crea y se salve”.

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