Al servicio de los peregrinos

Diócesis de Cartagena
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La diócesis de Cartagena es una sede episcopal dependiente de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la catedral de Santa María, situada en la ciudad de Murcia.

Cristianos comprometidos que, de forma desinteresada y voluntaria, dedican parte de su tiempo a ayudar a aquellos que se acercan a la Vera Cruz.

Caravaca de la Cruz es una de las cinco ciudades santas del mundo, con un jubileo a perpetuidad, a celebrar cada siete años. Por este motivo, hasta este punto del noroeste murciano llegan peregrinos de manera constante para adorar a la Vera Cruz. Personas de todas las edades y circunstancias, algunas con problemas de movilidad, otras que no conocen la ciudad, que pueden necesitar en algún momento de su visita acompañamiento, apoyo o una simple indicación.

Ayudar a otros es una tarea que sale del corazón. Y, aunque formas de voluntariado existen muchas, si se visita Caravaca de la Cruz es altamente probable encontrarse en algún momento con alguien que vista chaleco rojo: son los voluntarios del Año Jubilar. Ellos, organizados, siempre están velando por el bienestar del peregrino que llega, para que el tiempo que dure su visita a este municipio sea lo mejor posible.

Una mano tendida para terminar el camino

Elvira Lax es voluntaria desde el anterior jubilar de 2010. Para ella, como caravaqueña, es «imprescindible aportar algo a la ciudad». Por este motivo decidió «ponerse al servicio para acercar a los que llegan la devoción a la Vera Cruz» a través de esta colaboración. Entre sus tareas está acompañar en la estación jubilar a los peregrinos, mantenerse vigilante para guiarles y evitar tropiezos, así como orientar a todos los que vienen y necesitan información sobre horarios o hacia dónde tienen que ir para completar su peregrinación. Cuando hasta la iglesia de El Salvador llegan personas con movilidad reducida, al igual que sus compañeros, Elvira les lleva hasta la ambulancia que hay preparada para dar este servicio «de manera que puedan subir al castillo y estar cerca de la Cruz».

«Yo estoy a disposición de los peregrinos siempre, para ayudar en lo que pueda». Este año se ha incorporado al equipo de voluntarios Antonio Romera, para quien «esta experiencia está siendo extraordinaria, magnífica». Explica Antonio que su misión –en el último tramo de la peregrinación– es «simplemente acompañar a los peregrinos», quienes le van pidiendo, por turnos, portar la cruz estandarte con la que suben desde El Salvador hasta la basílica.

Otro de los muchos voluntarios que colaboran en la organización y buena atención a todos los que llegan para encontrarse con la Cruz de Cristo es Juan Martínez, un amante del deporte al aire libre que antes pasaba su tiempo haciendo senderismo en el monte. Unos dolores le apartaron de esa afición a recorrer caminos y pendientes. Ahora ha cambiado de cuesta y es la del castillo la que sube y baja varias veces al día, poniéndose al servicio de los peregrinos. «Esto me ha venido muy bien. Empecé sin ganas, estaba muy mal. Y ahora sí que estoy bien, muy a gusto aquí ayudando a tantas personas que llegan, ofreciéndoles dónde sentarse, por ejemplo. Este es un trabajo que se hace solamente por la Cruz».

Para ser voluntario la edad no es un requisito importante. Uno de los más jóvenes es Bruno Guerrero, quien con 11 años ya forma parte de este equipo. «Cuando empezó este Año Jubilar mi abuela me animó para que me uniera y la verdad es que es muy divertido». Bruno ayuda con tareas como las de subir la cruz estandarte durante la estación jubilar, sacar los pies para poner las banderas de los grupos que vienen o indicar el camino del último tramo para llegar a adorar el Lignum Crucis.

Algo más de tiempo lleva José Alarcón, colaborando como voluntario desde el anterior jubilar. Más de siete años compartiendo experiencias con personas llegadas desde cualquier parte del mundo: «Vienen de todos sitios de España, y hasta de África o de América del Sur». Reconoce que no ha estudiado idiomas, pero para él eso no es un impedimento ya que –asegura– realiza esta misión «con cariño y con amor por la Santísima Cruz».

Hasta la basílica de la Vera Cruz arriban peregrinos de todo tipo, como observa Olimpia Rosa Gari: «Unos llegan con una actitud espiritual; otros más en plan turístico, con curiosidad por conocer y saber más sobre este lugar y la Vera Cruz. Hay muchos matices entre ellos». Sea cual sea la intención de cada una de estas personas que llegan a Caravaca, los voluntarios siempre reciben a los peregrinos con los brazos abiertos y una sonrisa, poniéndose al servicio. Y, tras adorar la Sagrada Reliquia, cuentan los voluntarios que pueden percibir cómo se produce una transformación en los peregrinos: «La verdad es que la gente se emociona mucho, entonces, sí creo que se siente la diferencia de que algo ha pasado», cuenta Antonio. Por razones como esta, asegura Olimpia Rosa, «merece la pena realizar este trabajo que se hace con el corazón, tan emocionante y satisfactorio, viendo a tantos peregrinos visitar a la Vera Cruz».

Desde aquí nuestro agradecimiento a todos aquellos que, de manera altruista, donan su tiempo y se ponen al servicio para que el camino a la Cruz sea, verdaderamente, camino de amor.

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