«El que tenga sed, venga a mí» (Jn 7,38)

Carta Pastoral del Obispo de Cádiz, Mons. Antonio Ceballos, con motivo del XVIII Encuentro Diocesano de Oración

Mis queridos diocesanos: 

El próximo 17 de octubre tendrá lugar en nuestra Diócesis el XVIII Encuentro Diocesano de Oración que fue suspendido por las fuertes lluvias e inundaciones que tuvieron lugar en el fin de semana del segundo domingo de Cuaresma. Dicha experiencia ha hecho que el Secretariado Diocesano de Grupos de Oración vea más conveniente tener esta celebración al comienzo de curso con el fin de alentar la vida de oración ya desde los primeros días del curso. Como otros años el Encuentro lo tendremos en el Colegio Salesiano de Campano (Chiclana), aprovechando el material que se tenía para el Año Sacerdotal y la parroquia misionera y evangelizadora, con la nueva aportación de síntesis del trabajo realizado en estos diez últimos años para llevar a cabo las constituciones sinodales en un clima de oración.

 

1. "El que tenga sed, venga a mí" 

Al comenzar un nuevo curso es necesario un nuevo impulso, un despertar nuestra sed de Dios. La sed de Dios es la que nos mueve  a mantenernos en una constante oración: "Mi alma te busca a ti, Dios mío; tiene sed de Dios, del Dios vivo" (Sal 42, 2-3). Esta sed de Dios en el fondo es búsqueda de felicidad porque el ser humano tiene plenitud de vida si vive en Dios y para Dios. Jesús nos invita a que cuando tengamos esta sed le busquemos a Él: "Te busco de todo corazón" (Sal 119, 10). Bien sabe el Señor que Él puede saciar los anhelos más profundos de todo hombre y mujer. Por eso, en el Templo de Jerusalén, en el lugar más sagrado, Jesús puesto de pie, gritaba: "Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba el que crea en mí", como dice la Escritura: De su seno correrán ríos de agua viva (Jn 7, 37-38). La oración sacia nuestra sed de Dios y nos lanza a la vida para dar una respuesta y hacer presente el Reino de Dios. 

Esta sed necesita despertar en cada miembro de nuestras comunidades cristianas a fin de que las comunidades estén vivas y llenas de entusiasmo por vivir el Evangelio y comunicarlo a los demás.

 

2. San Juan María Vianney, testigo de una profunda vida de oración 

Ha pasado este Año Sacerdotal pero siempre seguirá como modelo a imitar la figura entrañable del Santo Cura de Ars. Para él, la oración envolvía su vida y era fuente de fecundidad apostólica. La experiencia de este santo con relación a la oración era experiencia de felicidad donde nos sumergimos en la profundidad del amor de Dios. Él nos dice: «La oración es toda la felicidad del hombre… Cuanto más se reza más se quiere rezar: es como un pez que nada en la superficie del agua y que luego va a sumergirse hasta lo profundo del mar. El alma se abisma, se hunde en el amor de su Dios. Es como cuando se vacía el contenido de un tonel en otro: nos servimos entonces de una máquina que va del uno al otro; pues lo mismo sucede con la efusión de Jesús en nuestro corazón». Como no podemos separar la felicidad de la comunión con Dios, así no podemos separar la felicidad de la oración. Es verdad que muchas veces se nos presenta la dureza de la vida pero la oración nos hace conscientes de que Dios sostiene nuestra vida. 

El Santo Cura de Ars era un testimonio constante de oración, en cuanto experiencia personal y enseñanza a los demás. Así manifestaba su experiencia de Dios: «Todo bajo los ojos de Dios, todo con Dios, todo por satisfacer a Dios: ¡oh! ¡qué bello es vivir así! Vamos, mi alma, tú vas a conversar con el Buen Dios, a trabajar con él, a caminar con él, a combatir y sufrir con él. Trabajarás, pero él bendecirá tu trabajo; andarás, pero él bendecirá tus pasos; sufrirás, pero él bendecirá tus lágrimas. ¡Qué grande es, qué noble, qué consuelo hacer todo en la compañía y bajo los ojos del Buen Dios; pensar que él ve todo, que cuenta con todo! Digamos, pues, cada mañana: todo por agradaros, Dios mío; ¡todas mis acciones por ti! El pensamiento de la santa presencia de Dios es dulce y consolador. Uno no se cansa; las horas pasan como minutos; en fin, es un adelanto del cielo». Hoy hay que recordar la importancia de la oración por las vocaciones para que el Señor nos envíe santos sacerdotes, verdaderos pastores que sigan a Jesús Buen Pastor.

 

3. La parroquia, fuente para saciar nuestra sed en la oración 

La parroquia es el lugar habitual donde crecemos en la fe, la esperanza y el amor. En ella los fieles cristianos se forman, los sacerdotes ejercen su ministerio siendo transparencia de Jesús, buen Pastor. El papa Juan XXIII tenía unas palabras muy bellas para definir lo que era una parroquia, decía: "la parroquia es la fuente de la aldea a la que todos acuden a calmar la sed". Hoy se ve necesario redescubrir esta gran verdad. Lo que busca una persona que llama a la puerta de una parroquia es la experiencia de Dios. Es sentirse tratada como Dios nos trata. La oración es el camino para modelar los corazones al estilo de Jesús. Una oración comunitaria semanal, y donde sea posible diaria, fortalecerá todo el apostolado de esa comunidad y dará a esa parroquia una hermosa fecundidad evangélica. Es por lo que siempre permanece esa llamada de hacer de nuestras parroquias auténticas comunidades orantes.

 

4. Valoración del sacerdocio ministerial y común de los fieles  

El Papa Benedicto XVI invitó a toda la cristiandad a valorar el sacerdocio: sacerdocio ministerial y sacerdocio común de los fieles. 

Por el bautismo todos los fieles cristianos nos incorporamos al sacerdocio de Cristo en lo que se ha llamado «el sacerdocio común». Una forma de ejercer este sacerdocio es también a través de la oración, como nos dice la Constitución «Lumen gentium»: «Los fieles, en cambio, en virtud de su sacerdocio regio, concurren a la ofrenda de la Eucaristía y lo ejercen en la recepción de los sacramentos, en la oración y acción de gracias, mediante el testimonio de una vida santa, en la abnegación y caridad operante» (LG 10). 

Si todos los discípulos de Jesús están llamados a ser perseverantes en la oración, «orad siempre, sin desfallecer» (Lc 18, 1), es verdad que Dios llama a algunos de los fieles a animar los grupos de oración y a ser verdaderos "maestros de oración". Así pues todos los catequistas están llamados a iniciar a sus catecúmenos a la oración: «El cate
quista ha de estar capacitado para iniciar a los cristianos en la oración. Por consiguiente ha de conocer todo el significado del Padre Nuestro y el pensamiento que lo sostiene y alimenta, ya que es el modelo de toda oración cristiana. Igualmente ha de estar iniciado en las formas más tradicionales de la oración de la Iglesia, especialmente en la oración de los salmos».

Dios escoge de su pueblo a unos hombres para que ejerzan el sacerdocio ministerial con las funciones de guiar, enseñar y santificar. Respecto a la oración, el sacerdote tiene la misión de orar por la Iglesia y con la Iglesia, pero también un aspecto que no puede olvidar es el de ser «maestro de oración»: «Un aspecto, ciertamente no secundario, de la misión del sacerdote es el de ser "maestro de oración". Pero el sacerdote solamente podrá formar a los demás en la escuela de Jesús orante, si él mismo se ha formado y continúa formándose en la misma escuela» (PDV 47).

Benedicto XVI refuerza esta misma idea con unas palabras que dirigió a sacerdotes, diáconos y seminaristas el 15 de junio de 2008: «Queridos sacerdotes, como bien sabéis, para que vuestra fe sea fuerte y vigorosa, hace falta alimentarla con una oración constante. Por tanto, sed modelos de oración, convertíos en maestros de oración. Que vuestras jornadas estén marcadas por los tiempos de oración, durante los cuales, a ejemplo de Jesús, debéis dedicaros al diálogo regenerador con el Padre. Sé que no es fácil mantenerse fieles a estas citas diarias con el Señor, sobre todo hoy que el ritmo de la vida se ha vuelto frenético y las ocupaciones son cada vez más absorbentes».

Todo esto nos viene a decir que el Pueblo de Dios es un pueblo orante y que si pierde esta dimensión llega a perder su identidad. Es por lo que pido a todos los sacerdotes que tenéis a vuestro cargo una parroquia que posibilitéis la vida de oración, la iniciación a la oración, la experiencia de la oración comunitaria semanal, que tendrá como culmen la Eucaristía, como la oración por excelencia de la comunidad cristiana. 

 

5. Los frutos del Sínodo después de estos diez años  

Después de nuestro Sínodo Diocesano se ha tenido un trabajo intensivo respecto a la oración en toda nuestra Iglesia. Aunque hay algunas lagunas tales como el hecho de que en algunos lugares todavía no se ha llegado a una coordinación arciprestal de los grupos de oración y en algunas parroquias no se ha llegado a tener un encuentro de oración comunitaria semanal, el Secretariado se ha mantenido vivo y dinámico. 

Hay que seguir ilusionados en dinamizar todo lo que sea oración en nuestra Iglesia diocesana, una oración comprometida con la vida, que nos lance a la solidaridad y a la entrega a los más pobres y desfavorecidos, donde todo el dolor y sufrimiento de nuestro pueblo sea elevado a Dios nuestro Padre. En estos momentos no podemos olvidar a tantas familias que padecen el paro y la crisis económica. 

Al Secretariado Diocesano de Grupos de Oración se les ha encomendado esta misión, por ello abrid las puertas de las parroquias a la experiencia de la oración pues la oración debe de ser el alma del apostolado ya que es la que da profundidad a nuestra labor pastoral. 

Os recuerdo las propuestas de las Constituciones sinodales para que podáis hacer una revisión de la dimensión orante de vuestras comunidades: 

La Constitución sinodal sobre la Iglesia y los pobres nos dice en su artículo 9 que la opción preferencial por los pobres pertenece a la esencia de las diversas acciones eclesiales, entre ella la Catequesis donde los catecúmenos se ejercitan en la oración personal y comunitaria. 

La Constitución sinodal sobre la Evangelización de los alejados en su artículo 13 nos habla de que una nota esencial de una espiritualidad misionera es la comunión íntima con Cristo a través de la oración y los sacramentos, especialmente de la Eucaristía, destacando como uno de los rasgos de una verdadera espiritualidad apostólica el espíritu orante. 

La Constitución sinodal sobre la Promoción de los laicos nos dice en su artículo 13 que el conocimiento de la Escritura no puede olvidar que su lectura debe de ir acompañada de la oración, y en el artículo 19 que sin la oración se pierde el sentido espiritual y trascendente de nuestra labor evangelizadora, y el cansancio y los fracasos puede agotar a los mejores apóstoles y militantes cristianos. 

La Constitución sinodal sobre la Celebración de la Fe y la Pastoral de los Sacramentos en su artículo 8 nos dice que junto a la vida celebrativa no puede olvidarse la presencia de la oración en la experiencia cristiana de cada creyente y de toda comunidad, el cristiano es llamado a orar en común tanto en la modalidad de la Oración litúrgica como otras formas. A una creciente conciencia del valor y de la necesidad de la oración, es necesario responder con una adecuada iniciación  y un ejercicio frecuente. El artículo 30 insiste en esta iniciación a la oración aplicada a los niños, jóvenes y adultos, así como en la importancia de la Liturgia de las Horas. 

 

6. Nuevo impulso desde el Secretariado Diocesano de Grupos de Oración 

Recientemente ha sido renovado este Secretariado con nuevos miembros que se han incorporado con una nueva ilusión y entusiasmo para llevar a cabo su tarea. La Renovación Carismática, el Apostolado de la Oración, Adoración Nocturna, Talleres de Oración y Vida, Verbum Dei, Velad y Orad, el grupo Natanael del Seminario Diocesano y otros están al servicio de nuestra Iglesia y podéis contar con ellos. 

Se ha incorporado a este Secretariado nuestro hermano ermitaño Carlos García de Paredes que ya está instalado en la Ermita de los Santos Mártires, de Medina Sidonia y está trabajando para darle una nueva vida. 

El Espíritu Santo sigue derramando su gracia y sus carismas sobre nuestra Iglesia, aprovechemos este momento histórico e intentemos todos los que podáis participar de este próximo Encuentro de Oración que pretende animar la dimensión orante de nuestra Iglesia.

María, la gran orante, nos acompaña y nos alienta en este camino para que lleguemos a hacer de todas nuestras parroquias comunidades orantes, evangelizadoras y misioneras.

Reza por vosotros, os quiere y os bendice, 
 

+ Antonio Ceballos Atienza

Obispo de Cádiz y Ceut
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