Mons. Zornoza presidió la Eucaristía en recuerdo de Joaquín de León, última víctima de la calle

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La diócesis de Cádiz y Ceuta es el resultado de la unión de la Gadicensis y Septensis bajo un único obispo titular, proceso que se inició en 1857 y culminó en 1933. Es sufragánea de la Archidiócesis de Sevilla y no tiene enclaves territoriales en otras diócesis ni de otras en su demarcación.

La Parroquia de Nuestra Señora de la Palma, en Cádiz, acogió en la tarde de ayer, 23 de marzo, la misa funeral por Joaquín de León Sotelo, quien falleciera la pasada semana en la gaditana playa de La Caleta.

Joaquín es el último rostro que ha sido víctima del drama que supone vivir en la calle después de un inverno que se ha tornado cruel en la ciudad de Cádiz para este colectivo cobrándose tres vidas.

La celebración de la Eucaristía estuvo presidida por el obispo diocesano, Mons. Rafael Zornoza Boy, y concelebrada por el delegado episcopal de Cáritas Diocesana, Alfonso Gutiérrez, y el párroco de la Palma, Juan Enrique Sánchez.

Además de los hermanos y sobrinos de Joaquín, a la celebración asistieron, para acompañar a la familia y orar por esta muerte, voluntarios de Cáritas y de otros movimientos eclesiales que trabajan en la Diócesis con personas sin hogar, entre los que se encontraba María del Mar Manúz, directora de Cáritas de Cádiz y Ceuta.

Con esta ceremonia Cáritas Diocesana de Cádiz y Ceuta quiere sensibilizar a la comunidad cristiana y a la sociedad sobre la situación de las personas que se encuentran en esta situación, haciéndolas visibles. Cada una de ellas tiene una historia de vida con un pasado que veces pesa mucho en el presente, que nos interpela y reclama dignidad. Hemos de mirar con esperanza al futuro que nos llama a transformar la «cultura del descarte» del que nos habla el Papa Francisco para cambiar estructuras sociales que permitan el acceso a derechos y a un hogar.

Frente al individualismo creciente, el anonimato en que vivimos, a la indiferencia ante la realidad del otro estamos llamados a recibir, a reconocer y descubrir al otro como un «Don» para mí, como nos invita Su Santidad en esta cuaresma en la que estamos inmersos.

Estamos llamados a crecer en comunidad, a testimoniar el amor que Dios nos tiene a cada uno particularmente. No estamos solos, en este Amor nunca nos sentimos solos, ya que Él nos conoce en lo más profundo de nuestro ser y no podemos juzgar a las personas, como ha recordado el prelado en la celebración.

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