Mons. Zornoza presidió en la Catedral de Sevilla la consagración de una nueva Virgen Consagrada

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La diócesis de Cádiz y Ceuta es el resultado de la unión de la Gadicensis y Septensis bajo un único obispo titular, proceso que se inició en 1857 y culminó en 1933. Es sufragánea de la Archidiócesis de Sevilla y no tiene enclaves territoriales en otras diócesis ni de otras en su demarcación.

La Catedral de Sevilla acogió la mañana del sábado 25 de junio la consagración de Elisa Heredia como virgen seglar, una vocación desvinculada de una congregación religiosa en particular y cuya misión es servir precisamente a la pastoral diocesana y que depende directamente del obispo.

La Eucaristía ha estado presidida por Mons. Rafael Zornoza, y concelebrada por el delegado episcopal para la Vida Consagrada de la Archidiócesis de Sevilla, Jose Ángel Martín, y  el consiliario diocesano de las Vírgenes Consagradas, Andrés Ybarra, así como por el párroco de Santa Marta, de Los Morales, Óscar Uwitonze, entre otros presbíteros. Asimismo, Elisa ha estado acompañada por numerosos familiares, amigos y allegados.

En su homilía, Mons. Zornoza ha explicado que la ceremonia de la consagración de vírgenes es “el hecho más importante” en la vida de Elisa “después del bautismo”. El obispo ha felicitado a la Archidiócesis y, especialmente, a la comunidad de Los Molares, origen de la nueva virgen consagrada, por esta vocación. Y dirigiéndose directamente a ella, el prelado ha continuado su homilía: “Como a la esposa del Cantar de los Cantares, Él te ha pedido que le pongas como sello sobre tu corazón para amarle a Él en exclusiva, que grabes su nombre en tu brazo para que nunca olvides su elección de amor. Él te ha concedido el carisma de la virginidad, que es un don de Dios. Nadie puede aspirar a esta vocación si no la recibe de Él, pues supera las fuerzas del ser humano”.

Por otra parte, el obispo de Cádiz y Ceuta ha explicado el Orden de las Vírgenes: “Las vírgenes consagradas viven en medio del mundo. No son monjas, ni medio monjas. No pertenecen a ninguna familia religiosa, ni pierden su condición de laicas. Por ser personas seglares, no dejan su familia o su trabajo profesional. Consagradas al Señor, son una riqueza para la Iglesia, pues la edifican con su presencia, con su trabajo apostólico en la Diócesis o en la parroquia y, sobre todo, con su testimonio de amor a Cristo y a sus hermanos por amor a Él”. Y ha añadido que “Dios quiera que sean muchas las jóvenes que se sientan atraídas por su testimonio y sienta la llamada a consagrarse al Señor”.

Finalmente, le ha pedido directamente que “el Espíritu Santo encuentre siempre tu corazón dócil, como el de María, para que Dios pueda hacer a través tuyo su obra de salvación en favor de los hombres”; “Que este estado de vida te haga más disponible para la oración en favor de todos los hombres. Que vivas con humildad el don inmenso que has recibido. En la humildad está la clave de la fidelidad y la perseverancia”, añadía.

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