La ciudad de Ceuta ha contado desde el viernes 27 de marzo con la presencia del administrador apostólico de la diócesis de Cádiz y Ceuta, Mons. Ramón Valdivia, que ha querido acompañar a la comunidad cristiana ceutí en los primeros días de la Semana Santa 2026 con una intensa agenda pastoral, institucional y cofrade. La visita arrancó con un encuentro con los sacerdotes de la Vicaría General de Ceuta, marcando el tono cercano y pastoral de su estancia. Esa misma tarde, Mons. Valdivia presidió la Santa Misa en la parroquia de Nuestra Señora de los Remedios con motivo de la función en honor a la Virgen del Mayor Dolor. Posteriormente, participó en el tradicional Vía Crucis oficial de la Semana Santa, presidido por la imagen de Jesús Cautivo y Rescatado (Medinaceli), que partió desde el Santuario de Santa María de África y recorrió diversas calles de la ciudad en un ambiente de recogimiento.
La jornada del sábado estuvo centrada en la visita a distintas hermandades y parroquias. Por la tarde, el administrador apostólico presidió las vísperas del Domingo de Ramos en la parroquia de Santa Beatriz de Silva. El día concluyó en la capilla de Manzanera, donde mantuvo un encuentro con los miembros de la Hermandad de la Pollinica.
El domingo 29 de marzo, Mons. Valdivia presidió la bendición de Palmas, Olivos y Ramos en la Plaza de África, acto que dio inicio a la procesión del Domingo de Ramos. A continuación, celebró la Eucaristía en el Santuario de Santa María de África. Ya por la tarde, mantuvo un encuentro institucional con el presidente de la ciudad autónoma y asistió desde el palco de autoridades al paso de la procesión de la Pollinica.
La agenda continuó el Lunes Santo con una audiencia al director de Cáritas Diocesana de Ceuta, Fernando Sotomayor, en la que se puso de relieve la dimensión social y caritativa de estas fechas. Ese mismo día, presidió la Misa Crismal en el Santuario de Santa María de África, una de las celebraciones más relevantes para el presbiterio diocesano, en la que se consagró el Santo Crisma y se bendijeron los óleos.
Durante su homilía, Mons. Valdivia subrayó la importancia de la renovación espiritual en el tiempo pascual al afirmar que «le pedimos al Espíritu Santo una actitud nueva para esta Pascua, para que determine de manera efectiva nuestro modo de pensar la vida, el regalo que Dios nos concede, y que, como a Jesús, nos pide ahora entregar».
El prelado profundizó en el sentido teológico de la celebración, destacando que «la Misa crismal tiene que ver, en primer lugar, con la efusión de un Espíritu, que pasa a través de una materia concreta», en alusión a los óleos que son bendecidos, y explicó que «requiere el don del Espíritu Santo, para que haga de la materia una sustancia nueva, llamada a portar en sí la alegría del servicio a los más pobres».
Asimismo, puso en valor el papel de la comunidad cristiana reunida y la dimensión sacramental de la Iglesia, señalando que es el Espíritu quien «transforma nuestro presente» y hace posible transmitir «el don de la unción del Señor, lo que no pueden hacer nuestras manos ni nuestra inteligencia».
Mons. Valdivia también recordó el significado sacerdotal de esta celebración, en la que los presbíteros renuevan sus promesas, destacando la profundidad de este momento al expresar que se trata de «un entrañable diálogo, que no nace de un mero compromiso formal, sino de una verdadera historia de amor de Dios».
En un tono cercano, invitó a los sacerdotes a renovar su fidelidad en medio de las dificultades, recordando que «en los momentos de nuestros aprietos humanos (…) tendríamos que disponer nuestras pobres manos en las manos de Dios, para que nos las purifique y renueve nuestra disponibilidad».
Finalmente, subrayó la dimensión testimonial de la vida cristiana y sacerdotal, poniendo la mirada en quienes son testigos de la entrega cotidiana y de la acción de Dios en el mundo.
Por otro lado, durante esta celebración, Mons. Valdivia hizo entrega de la Medalla Pro Ecclesia Gadicense et Septense a María Jesús González Ramírez, en reconocimiento a toda una vida de servicio a la Iglesia diocesana con motivo de su jubilación.
La visita concluyó con un encuentro en la casa de hermandad del Medinaceli y una comida fraterna con los sacerdotes de la ciudad y del obispado en Ceuta, poniendo el broche final a unos días marcados por la cercanía, el acompañamiento pastoral y el compromiso con la comunidad cristiana ceutí en el inicio de su Semana Santa.
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