En la tarde del miércoles 5 de octubre, en el Seminario Conciliar San Bartolomé de Cádiz, el obispo de la Diócesis de Cádiz y Ceuta, Mons. Rafael Zornoza Boy, presidió la Solemne Apertura del Curso Académico de los Centros de Estudios Diocesanos.
La inauguración oficial de este curso comenzó con la celebración de la Santa Misa en la Iglesia de Santiago de la capital gaditana, presidida, igualmente, por el obispo diocesano. Mons. Zornoza aseguró que “al comenzar este nuevo curso damos gracias porque podemos profundizar en nuestra fe de modo académico y porque a través de todos esos instrumentos Dios bendice a su Iglesia”. Asimismo, el prelado afirmó que “no estamos aquí únicamente para estudiar, sino para pedirle al Señor ser fieles a su llamada, que sirva no sólo para la Iglesia, sino también para anunciar a Cristo en el mundo de hoy”.
A continuación, en el salón de actos del Seminario Conciliar San Bartolomé, tuvo lugar el acto académico en el que se leyeron las memorias tanto del centro de estudios del Seminario Mayor San Bartolomé, como del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a Distancia Universidad de San Dámaso, y el Instituto Diocesano de Teología. Como novedad, este año, se incorpora a estos centros académicos el Seminario Diocesano Misionero Redemptoris Mater.
Por último, el catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Cádiz, Rafael Sánchez Saus, pronunció la Lección Inaugural, que versó sobre Cristianos bajo el dominio islámico en Europa. El caso mozárabe y sus enseñanzas.
Así, el catedrático de la UCA dio su visión de la realidad de la vida de los cristianos bajo la ocupación musulmana. Una realidad articulada, según Sánchez Saus, por el dominio de la norma de la dimma, fundada en la doctrina coránica, que consagraba el sometimiento político y religioso, así como la inferioridad jurídica y moral de los cristianos, cuyas personas y bienes quedaban en buena medida al arbitrio de sus dominadores. En este sentido, quiso dejar claro y desmontar el mito de «una conquista que nada tuvo de multicultural y que convirtió a los infieles en ciudadanos de segunda clase».