Unas 250 personas de la diócesis peregrinaron al Santuario de Fátima, junto al obispo, Mons. Rafael Zornoza Boy.
No ha dejado de llover: en el tiempo se reflejaba la lluvia de gracia que el Señor, por medio de la Virgen, ha derramado en el corazón de cada peregrino.
El viernes, fue un día más ajetreado: por el viaje, la novedad del sitio… Pero el sábado comenzamos con fuerza la mañana. Nos dirigimos hacia los Valinhos para rezar el Vía Crucis: unos 240 peregrinos, 8 sacerdotes y el obispo, D. Rafael, rezamos juntos, intensamente, cada una de las estaciones. Este fue el primer momento de gracia, en que el Señor tocó profundamente a cada peregrino, en la contemplación de su cruz.
Después pudimos visitar la casa de los tres niños, y los lugares donde el Ángel de la paz se apareció a los pastorcitos enseñándoles a rezar: «Mi Dios yo creo, adoro, espero y te amo; te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman».
Un segundo momento de gracia, fue el acto penitencial que tuvimos todos juntos: impresionaba ver a todos confesarse, incluidos los sacerdotes, el obispo… La alegría del perdón era visible en el rostro de la gente.
Después de celebrar la Misa en la Capelinha, todavía nos esperaba Dios con otra gracia grande: el Rosario de antorchas. Es sobrecogedor ver a miles de personas rezar en su propia lengua (portugués, francés, italiano, polaco… ¡hasta coreano!), como si fuera un nuevo Pentecostés. Distintas culturas, edades, colores… todos en torno a María, confiando en su amor de Madre, los gozos y tristezas del corazón.
Parecía que ya todo estaba vivido, cuando el obispo nos sorprendió a todos, queriendo consagrar la diócesis de Cádiz y Ceuta al Inmaculado Corazón de María. Con una oración sencilla, pero con el corazón muy gozoso, nos consagramos a Ella nos lleve a todos al Señor.
Damos muchas gracias a Dios por esta peregrinación y esperamos que pronto se nos convoque para otra, en donde sea.