Sohrab Ahmari
Fuego y agua. Mi viaje hacia la fe católica
Madrid, Rialp, 2019
Adelanto mi opinión de que es probable que los lectores de este libro, al mismo tiempo que descubran las razones íntimas de una conversión a la fe católica, se sientan amablemente llamados para indagar en los valores humanos y sobrenaturales de la fidelidad a Jesús de Nazaret y de la integración en la Iglesia. La manera apasionante de la que el periodista norteamericano Sohrab Ahmari nos cuenta el itinerario intelectual y vital que recorrió para abandonar el marxismo y el ateísmo, y su progresivo acercamiento al cristianismo constituyen una estimulante invitación para que los creyentes revisemos y combatamos las actitudes y las conductas de indiferencia religiosa y de relativismo moral de la situación actual.
Si, efectivamente, el empleo del lenguaje es un factor determinante de la amenidad de estos relatos, en el análisis de las razones que impulsan al autor a la conversión identificamos unas amables llamadas para que los ya convertidos ahondemos en el fondo de nuestras convicciones, de nuestras actitudes y de nuestros comportamientos. A mi juicio, resulta especialmente esclarecedor la declaración de la importancia decisiva del diálogo con Dios, el autor de la Creación, ese primer encuentro en el interior de su espíritu, y esa relación amistosa, a pesar de su educación laica.
Acompañarlo durante todo el apasionante proceso hacia la conversión nos resulta entretenido y ameno, pero sus consideraciones sobre la lectura de la Biblia y, en especial, el libro Jesús de Nazaret, de Joseph Ratzinger, a su juicio, fue definitivo: “A este libro, más que a ningún otro, debo mi alma y mi salvación”.
Cuenta cómo llegó a reconocer a un Dios personal desde una postura inicial de descreimiento pero nos confiesa que, más que las lecturas, la fe en la presencia real de Jesús en su vida fue la Misa, ésta fue la razón última por la que se hizo católico tras llegar a la conclusión de que “el Catolicismo era el Cristianismo en su plenitud”. Ese proceso le llevó a afirmar categóricamente que la verdad existe, la verdad eterna y universal, no circunscrita por la política, la historia, la genética, la lengua, la geografía ni la identidad. Su conducta, sus actitudes y sus palabras constituyen una invitación fraternal a compartir la vida y una vacuna contra la invasión de ese sentimiento de desesperanza, de impotencia, de derrota y de ansiedad que, a veces, amenaza a muchos de nuestros conciudadanos.
La vida de Sohrab Ahmari es una estimulante llamada para que evitemos arrastremos por las apatías y, también, un freno para evitar que nos asalten oleadas de la nostalgia. Las vidas de los conversos siguen interpelando a quienes sienten el deber y la urgencia de transmitir con su testimonio y de pregonar el “milagro” de la fe, de la esperanza y del amor.
José Antonio Hernández Guerrero