El Círculo de Silencio de octubre estuvo dedicado a la Jornada del Migrante y del Refugiado

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La diócesis de Cádiz y Ceuta es el resultado de la unión de la Gadicensis y Septensis bajo un único obispo titular, proceso que se inició en 1857 y culminó en 1933. Es sufragánea de la Archidiócesis de Sevilla y no tiene enclaves territoriales en otras diócesis ni de otras en su demarcación.

La Mesa Diocesana de Atención y Acogida de Migrantes y Refugiados de Cádiz y Ceuta, a través de la concentración del Círculo de Silencio, quiso profundizar en la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, celebrada el pasado mes.

Así, bajo el lema Hacia un nosotros cada vez más grande, y reunidos, como es costumbre, en la Plaza de la Catedral de Cádiz, a través de la lectura de un manifiesto, recordaron distintos fragmentos del mensaje de Su Santidad para esta jornada, para ayudar a interiorizar esa idea de “un nosotros cada vez más grande”.

Para los organizadores del Círculo de Silencio, la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado es “un día cargado de emociones para el Secretariado de Migraciones de Cádiz y Ceuta, en el que celebramos la oportunidad del crecimiento que nos brindan las migraciones”. Asimismo, esta jornada supone “una parada en el camino para revisar el trabajo y las actitudes para con los migrantes, ya que nuestra provincia es un punto estratégico en el hecho migratorio de Europa”.

Como dice el Papa Francisco en su mensaje, “todos estamos en la misma barca y estamos llamados a comprometernos para que no haya más muros que nos separen, que no haya más otros, sino sólo un nosotros, grande como toda la humanidad. Por eso, aprovecho la ocasión de esta Jornada para hacer un doble llamamiento a caminar juntos hacia un nosotros cada vez más grande… El futuro de nuestras sociedades es un futuro ‘lleno de color’, enriquecido por la diversidad y las relaciones interculturales. Por eso debemos aprender hoy a vivir juntos, en armonía y paz… Pero para alcanzar este ideal, debemos esforzarnos todos para derribar los muros que nos separan y construir puentes que favorezcan la cultura del encuentro, conscientes de la íntima interconexión que existe entre nosotros. En esta perspectiva, las migraciones contemporáneas nos brindan la oportunidad de superar nuestros miedos para dejarnos enriquecer por la diversidad del don de cada uno”.

De esta manera, y con el deseo de seguir trabajando “por un nosotros cada vez más grande”, se dio paso al tiempo de silencio.

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