Cáritas Diocesana de Cádiz manifiesta, desgraciadamente una vez más, su hondo dolor ante el fallecimiento, en los últimos días, de una persona que vivía en situación de sin hogar en la ciudad de Cádiz. Este nuevo suceso se suma a los fallecimientos ocurridos recientemente en Algeciras, San Fernando y Cádiz, y vuelve a poner ante nuestros ojos una herida social que no podemos ignorar.
Cada una de estas muertes es un fracaso colectivo y un motivo para reflexionar sobre nuestra sociedad actual. No hablamos de estadísticas ni de casos aislados: hablamos de vidas frágiles que se acaban en medio de la calle, en soledad y sin la protección que toda persona merece. Elevamos una oración por su descanso y expresamos nuestra cercanía a quienes compartieron con ellos algún tramo de camino, así como a quienes, desde los servicios sociales y entidades sociales, los acompañaron en su difícil día a día.
Estos acontecimientos evidencian la realidad extrema en la que tantas personas se ven abocadas a vivir: la falta de una vivienda digna, la precariedad en la salud física y mental, la ruptura de redes familiares y sociales, y la insuficiencia de recursos estables y coordinados para prevenir estas situaciones. No se puede normalizar que haya personas cuya única opción sea sobrevivir en la calle.
Tal como expresaba el mensaje de la última campaña de Cáritas, “Sin hogar, pero con sueños”, desde Cáritas Diocesana de Cádiz reclamamos un compromiso renovado de toda la sociedad: administraciones públicas, entidades sociales, comunidad cristiana y ciudadanía. En palabras del Papa León XIV, “ayúdenos también ustedes, y ayúdense unos a los otros a construir puentes, con el diálogo, con el encuentro, uniéndonos todos para ser un solo pueblo siempre en paz”. Su llamada a la unidad y al trabajo conjunto nos recuerda que solo desde la cooperación leal podremos avanzar en políticas de vivienda accesible, dispositivos de atención continuada y estrategias de inclusión que pongan a la persona en el centro. Ningún esfuerzo es pequeño cuando se trata de proteger la vida.
La calle jamás puede ser un lugar para vivir, y mucho menos para morir. Que esta nueva pérdida sirva como una llamada urgente a mirar esta realidad con valentía, a desarrollar respuestas estables y a caminar juntos para que ninguna persona quede relegada a los márgenes. Su dignidad y sus sueños nos interpelan. Nadie sin Hogar.

