Del 17 al 20 de junio se llevado a cabo en Ceuta el Cursillo de Cristiandad mixto número 477. En medio de toda esta pandemia, ha sido un regalo de Dios que allana los caminos: la Iglesia continúa evangelizando. En medio de todo drama que aflige a los hombres, Jesús se sigue acercando a los hombres. En este caso, se ha encontrado en este Cursillo con cuantos se le han acercado. Nunca nos acostumbramos a ver la obra de Dios en los corazones de quienes se benefician de este carisma eclesial.
Se ha experimentado cómo Dios ha ido abriendo caminos para realizarlo. Ha ido abriendo caminos ante las dificultades que han ido surgiendo; parece como si Jesús hubiera realizado prodigio tras prodigio para que saliera el Cursillo adelante. Por eso ha sido una ocasión para dar gracias a Dios. Él ha ido abriendo las aguas de las dificultades: a cada contrariedad, Dios ha abierto puertas. Este Cursillo de modo singular ha sido como un parto con dolor, como una gestación donde realmente se han encontrado los dolores del parto. Así ha dado el fruto que Dios ha querido: el encuentro de los cursillistas con Cristo.
Dios nos regala estas alegrías: es posible encontrarse con Dios en estos tiempos recios, tan llenos de dramas personales. La Iglesia está llamada de modo especial en momentos duros a mostrar a Dios que tiene un corazón de Padre, que derrama su amor y su misericordia sobre nuestros corazones. Es la mayor y mejor obra de misericordia: abrir los corazones a Dios; abrir el Corazón de Dios para que todos puedan entrar en Él.
Cristina Dueñas, una joven de 27 años que ha vivido como cursillista el cursillo mixto nº 477, nos relata lo que ha sentido durante estas sesiones:
«Mi testimonio me resulta tan complejo y enigmático como el mismo cuerpo místico de Jesús. Una historia de fe, llena de altibajos, de momentos de confusión, dolor, pero siempre la luz y la alegría han vencido a las tinieblas que se querían hacer presentes en mi hogar y en mi alma.
Tengo 27 años, he tenido experiencias laborales muy distintas entre sí, inestables, pero que me han ayudado mucho en el camino. Mis auténticos dones del señor están relacionados con el arte, la escritura y la psicología. Llevo 7 años estudiando en la universidad, dos grados que me han ayudado a entender la mente humana, todavía no he completado mis estudios. Ahora tengo más fuerza que nunca. Ningún lugar ha sido más escuela que estar con los hermanos, que pasaron en cuestión de horas de desconocidos, a personas con las que sentía una fuerte vinculación. Con algunos sentí una conexión tan fuerte, que sabía que no era casualidad… El señor había estado preparándome para ir de Algeciras a Ceuta y vivir este encuentro. Fui con miedo, todo parecía estar previsto. Mis ansiedades y preguntas más profundas se iban respondiendo, tuve tentación de salir corriendo… Pero una voz decía dentro de mí «tranquila, todo va a ir bien».
He sentido una paz y una felicidad que no se pueden expresar con palabras. Me siento bendecida y he estado más cerca de la intimidad del Espíritu Santo. Ha sido increíble observar con mi corazón las maneras en las que me hablaba, a través de las personas. Y ahora pongo mi vida en sus manos, quiero ser instrumento de su paz. Arrodillada frente al sagrario he rogado por la misericordia de Dios, por mis penas y por las tuyas, por un mundo mejor. De colores».