Pecados contra la Esperanza (III)

Diócesis de Asidonia-Jerez
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La diócesis de Asidonia-Jerez, conocida también simplemente por diócesis de Jerez, ​ es una jurisdicción de la Iglesia católica de España que comprende el norte de la provincia de Cádiz, tomando como límite y frontera natural el curso del río Guadalete.

Artículo de Mons. Juan del Río. En la cultura de lo políticamente correcto hay toda una manipulación del lenguaje. El término “pecado” es sinónimo de anticuado, de “estrecho”.  Se debe hablar con expresiones “menos negativa”, como “errores”, “equivocaciones”, “egoísmos”…etc. Es habitual que en los Medios de Comunicación se ridiculice la realidad del pecado y se utilice el vocablo  en sentido peyorativo, irónico y desenfadado. Todo ello es una manifestación más de la victoria del diablo sobre el hombre moderno que no necesita ser redimido de nada. De ahí que Benedicto XVI despeje ese espejismo contemporáneo en la encíclica Spe Salvi: “El hombre nunca puede ser redimido solamente desde el exterior. Francis Bacon y los seguidores de la corriente de pensamiento de la edad moderna inspirada en él, se equivocaban al considerar que el hombre sería redimido por medio de la ciencia…La ciencia puede contribuir mucho a la humanización del mundo….Pero no es la ciencia la que redime al hombre. El hombre es redimido por un amor incondicional” (nº 25-26).

La sociedad contemporánea se ríe del pecado, vive de espalda a Dios y está ilusionada con el progreso donde tiene puesta muchas de sus esperanzas. Sin embargo, llega el momento de las desilusiones y no hay respuestas que sostenga esas expectaciones. Porque la verdadera esperanza del hombre sólo puede venir de Dios, de ese Dios que nos ha amado y que nos sigue amando hasta el extremo (cf. Jn 13,1; 19,30).

A este Dios, origen, objeto y motivación de nuestra esperanza, se le ofende de dos maneras: por desesperación o rechazo de la posibilidad de alcanzar la propia felicidad apoyados en las promesas divinas de salvación. Por el contrario la: presunción, es pensar que por si solo se puede ser feliz y con nuestras fuerzas podemos alcanzar la salvación. Es, además, sentirse seguro de poseer la plenitud de la salvación y olvidar la condición humana. En definitiva: nace del orgullo humano que desecha a Dios y se apoya exclusivamente en sus propios éxitos.

Estos pecados contra la esperanza son tremendamente actuales. Solamente hay que echar un vistazo a la problemática de cada día y ver cuantos hombres y mujeres viven en la antesala de la desesperación: pesimismo contagioso, ansiedades, angustia y desencanto… Cuando todo eso se enquista, al desesperado no le queda nada en que refugiarse. El sentimiento de fracaso lo invade todo, se reniega de la bondad divina y se protesta ante la felicidad de los otros. Psicológicamente es el más peligroso y terrible mal porque con frecuencia induce al suicidio. Sólo la conversión del sujeto al amor a Dios y al prójimo cura el corazón humano de toda desesperación (cf. Spes Salvi, 37). En el lado opuesto tenemos la presunción que es la anticipación de la plenitud. Es el pecado de los arrogantes espirituales, de los prepotentes mandatarios, de los triunfadores yuppis, de las revoluciones totalitarias y del endiosamiento del progreso. Todo estas formas de prometeismo “en lugar de alumbrar un mundo sano, ha dejado tras de sí una destrucción desoladora” (Spe Salvi, 21). Únicamente la toma de conciencia de que somos seres menesterosos hace que el presuntuoso tome el sendero de la humildad  y recupere la virtud de la esperanza.

Nadie vive solo. Ninguno peca solo. Nadie se salva solo. Si aborrecemos la presunción y tenemos confianza en Dios y en los demás, construiremos una sociedad más saludable para todos. Los pecados contra la esperanza arruinan el futuro de la humanidad.

+Juan del Río Martín
Obispo de Asidonia-Jerez

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