Palabra de Vida de la 4º semana de mayo 2024

Al enviar al mundo la Palabra de la verdad y el Espíritu de la santificación, Dios Padre ha revelado a los hombres su admirable misterio. Confesamos que Dios, siendo Uno y único, es Padre, Hijo y Espíritu Santo; reconocemos la gloria de la eterna Trinidad y adoramos la Unidad de Dios en su poder y grandeza. Las primeras páginas de la Biblia afirman que el ser humano, creado como cima de la creación de este mundo material, ha sido creado a imagen y semejanza de Dios. Conocíamos la expresión, aunque ignorábamos su significado, hasta que Aquel, que es imagen de Dios invisible se hizo uno de nosotros, nos liberó de la esclavitud de nuestros pecados y nos abrió a la comunión de la Trinidad Santa. El Hijo de Dios se hizo hombre para que el hombre llegue a ser hijo de Dios. En la confesión del misterio de la Santísima Trinidad está el reconocimiento de nuestra dignidad infinita: hemos sido creados capaces de Dios; en la comunión del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo está nuestro origen y nuestra meta. Para gozar en el Misterio Santísimo de Dios Trinidad, nos dice la liturgia, es necesario no perder la capacidad de asombro y vivir en estado de gozosa admiración. Así lo han cantado los santos, como Santa Teresa de Jesús, quien en uno de sus poemas cantaba con admiración indecible: Aquesta divina prisión, del amor en que yo vivo, ha hecho a Dios mi cautivo y libre mi corazón. Y causa en mí tal pasión, ver a Dios mi prisionero, que muero porque no muero.

Después de haber celebrado la solemnidad de Pentecostés, la Liturgia nos invita a celebrar el misterio central de la fe y de la vida cristiana: el misterio de la Santísima Trinidad. En este domingo la Iglesia pone una petición en nuestros labios: pedimos al Padre que nos conceda profesar la fe verdadera, conocer la gloria de la eterna Trinidad y adorar su Unidad todopoderosa. Para mantener la admiración ante el misterio, la liturgia nos propone tres acciones: profesarla fe, reconocer la Gloria y adorar al Único Dios.

Profesa la fe quien la confiesa, es decir, quien la declara con los labios como expresión de lo que lleva en el corazón. Conoce la Gloria de la Trinidad quien es introducido en los lazos amorosos de la comunión trinitaria. Adora al único Dios verdadero quien reconoce ante Dios su propia verdad y se postra. Celebrar la Trinidad es vivir en la verdad plena.

Precisamente en el Domingo de la Santísima Trinidad, la Iglesia ubica la Jornada pro orantibus dedicada a la vida contemplativa, oportunidad para rezar por los que rezan y dar gracias a Dios por las personas que consagran su vida a sostener con su oración a los demás en el claustro de un monasterio. En un mundo tantas veces obstinado en vivir como si Dios no existiera, las personas consagradas, monjas y monjes de clausura, gritan al mundo, con su silencio lleno de oración, que hay motivos siempre para la esperanza. Las personas consagradas, desde su retiro del mundo, nos enseñan que la vida contemplativa está cerca de Dios y del dolor del mundo, sosteniendo la misión de la Iglesia con su oración.

 

+ José Rico Pavés

Obispo de Asidonia-Jerez

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