Exhortación Pastoral Colectiva de los Obispos del Sur de España. IV Centenario de la muerte de San Juan de la Cruz

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Oficina de información de los Obispos del Sur de España

1. INTRODUCCIÓN
    A partir del 14 de Diciembre y durante un año, celebraremos el IV Centenario de la muerte de San Juan de la Cruz.
    Aclamado como doctor místico por cuantos conocían el valor literario, teológico, pedagógico y místico de sus obras, Juan de la Cruz, nacido probablemente en 1542 en la castellana ciudad de Fontiveros (Ávila), tomó el hábito del Carme en Medina del Campo en el año 1563, murió en Úbeda, de donde, en expresión suya, pasó a “cantar maitines al cielo” en 1591; y fue canonizado por Benedicto XIII en 1726. El Papa Pío XI le declaró Doctor de la Iglesia el 24 de Agosto de 1926 y fue proclamado patrono de los poetas españoles en el año 1952.

2. LA PROCLAMACIÓN DE UN SANTO EN LA IGLESIA
    Cuando la Iglesia proclama las virtudes probadas y la glorificación eterna de un hijo suyo, manifiesta solemnemente el gozo por el triunfo de la Redención de Jesucristo que se reconoce definitivamente salvadora en los hombres y mujeres declarados Santos.
    Al disponemos a celebrar este año sanjuanista demos gracias a Dios que “nos ha hecho dignos de compartir la herencia de los santos en la luz”  ; y pidámosle que nos dé pleno conocimiento de su designio, con todo el sabe e inteligencia que procura el Espíritu. Así viviremos como el Señor se merece, agradándole en todo, dando fruto creciente en toda buena actividad .

3. EL CULTO A LOS SANTOS
    Al proclamar el culto a los Santos, la Iglesia nos invita a vivir, de un modo singular, la comunión eclesial, gozando de su poderosa intercesión ante el Señor especialmente en aquellos aspectos en que sobresalió cada uno de los Santos. Dios es nuestro Creador y Padre; nos ha redimido por el sacrificio obediente de su Hijo Jesucristo nuestro Señor y nos llena con su gracia, según nuestra libre aceptación, por el Espíritu Santo que anima la vida de la Iglesia y de los cristianos.
    La intercesión de San Juan de la Cruz tiene hoy para nosotros una singular importancia según nos dice el Papa Juan Pablo II, gran conocedor del Santo doctor de la Iglesia: “Al hombre de hoy, angustiado por el sentido de la existencia, indiferente a veces ante la predicación de la Iglesia, escéptico, quizás, ante las mediaciones e la revelación de Dios, Juan de la Cruz invita a la búsqueda honesta que lo conduzca hasta la fuente misma de la revelación que es Cristo, la Palabra y el Don del Padre.” .
    Nosotros ante la urgencia de una nueva evangelización, persuadidos de que la luz de la fe abre horizontes que dan sentido y orientación a la ciencia y a la experiencia humanas, debemos pedir a Dios, por intercesión del Santo Carmelita y maestro espiritual, que abra nuestro corazón y el de todos los hombres a la luz, la Verdad y la fuerza de la Vida que es Cristo.
    Bien supo San Juan de la Cruz de esta adhesión a Jesucristo, cuando nos presenta a Dios diciendo en sus escritos: “Él es toda mi locución y respuesta y es toda mi visión y toda mi revelación. Lo cual ya os he hablado, respondido, manifestado y revelado, dándosele por Hermano, Compañero y Maestro, Precio y Premio.”

4. SAN JUAN DE LA CRUZ, DOCTOR DE LA IGLESIA
    En los años posteriores al Concilio Vaticano II, se han visto multiplicadas las ediciones de sus escritos en diversos idiomas. Su vida y su obra, conocidas por lectores y estudiosos de muy diversa procedencia, son claro testimonio de la generosa gallardía y la grandeza de alma que se fragua en la entrega creyente el esfuerzo de la ascesis religiosa y la contemplación amorosa del misterio de Dios. Así nos lo dice él mismo: “Y si lo queréis oír –consiste ésta suma sciencia– en un subido sentir de la divina de la divinal esencia.”
    La profunda sabiduría mística que el Santo Carmelita describe como “quedar no entendiendo, toda sciencia trascendiendo” , y que él reconoce obra de la “clemencia divina”, brota a la vez de su mente sutil y de su corazón ardiente en “llama de amor viva” que transforma en experiencia mística, tanto la reflexión teológica, como el dolor de la prisión, la aspereza de la soledad y la incomprensión, el consejo espiritual y la oración entretenida en los bellos parajes que se le brindan en sus abundantes desplazamientos por los monasterios de su propia orden y por los que ha de visitar para la orientación espiritual de las Monjas Carmelitas Descalzas que fundara Santa Teresa de Ávila.
    Su obra en poesía y prosa, no demasiado abundante, es un tesoro de incalculable profundidad que bien puede tomarse como fuente de sabiduría a lo divino y como apoyo en el camino sencillo de la fidelidad cotidiana para quien “no de esperanza falto, quiera volar tan alto, tan alto que le di a la caza alacance” .
    “El Santo de Fontiveros es el gran maestro de los senderos que conducen a la unión con Dios. Sus escritos siguen siendo tan actuales y, en cierto modo, explican y complementan los libros de Santa Teresa de Jesús.”

5. EL SANTO PATRONO DE LOS POETAS
    Como precioso instrumento que realzó el testimonio de su experiencia cristiana, destaca su valor poético, gloria de las letras españolas y elemento constitutivo de nuestra más alta cultura. San Juan de la Cruz, hombre cristiano y culto hasta la santidad y la cumbre de las letras, será imagen señera y signo elocuente de la dignificación integral del hombre a que lleva la vida profunda de la fe y la valoración y cultivo de los dones y capacidades humanas recibidas de Dios. En San Juan de la Cruz, el, así llamado, Diálogo fe–cultura alcanzó a la integración plena entre la cultura y la fe. La cultura fue en él ayuda para vivir la dimensión estética de la fe desde su espíritu cultivado. Y la fe se constituyó en vivencia tan sublime que estimuló la creatividad poética para que la cantara adecuadamente el hombre Santo.

6. ANDALUCÍA, TIERRA DE SAN JUAN DE LA CRUZ
    Ávila, Toledo, Granada, Baeza, Beas de Segura y Úbeda, entre otros lugares, fueron testigos de sus meditaciones y ansias divinas y pupitre de sus preciosos escritos. La grandeza y universalidad del “Santico Fray Juan”, como le llamara Santa Teresa, impide reducir su identidad, asociándole a una sola provincia española. Pero sin demasiado esfuerzo puede concluirse de su biografía que la tierra más vinculada a su figura y a su obra, después de aquella que le vio nacer e iniciar su camino de entrega religiosa, es Andalucía.
    Alguien ha dicho que Andalucía fue su escritorio; en varias de sus provincias, y muy especialmente Granada y Jaén, dejó San Juan de la Cruz la huella de su santidad, viva hoy todavía con mayor fuerza en el recuerdo y el afecto de los andaluces vinculados a los lugares que visitó y que fueron sus residencia conventual.
    Por nuestra geografía, comenzando a escribir en unos lugares y concluyendo en otros, va componiendo sus escritos más significativos.
    Con mo
tivo de esta celebración centenaria, importa mucho a los cristianos de Andalucía conocer y dar a conocer la obra del Santo como un maravilloso servicio de corresponsabilidad en la orientación evangélica de los hermanos, puesto que el mismo San Juan de la Cruz afirma en el prólogo de Dichos de luz y amor, que “escribe para quitar por ventura delante ofendículos y tropiezos a muchas almas que tropiezan no sabiendo, y no sabiendo van errando, pensando que aciertan en lo que es seguir a tu dulcísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, y hacerse semejantes a Él en la vida, condiciones y virtudes, y en la forma de la desnudez y pureza de su espíritu”.

7. UNA PREDICACIÓN EVANGÉLICA Y ECLESIAL
    San Juan de la Cruz, es un apóstol incansable del acercamiento a Cristo. Pero su doctrina es al mismo tiempo una insistente orientación del creyente hacia el amor y vinculación a la Iglesia, en la que se hace presente el Misterio, la Vida y la obra salvífica de Cristo, como el Papa Juan Pablo II subraya en su alocución sobre el Santo en Segovia: “El Doctor de la fe no se olvida de puntualizar que ha Cristo lo encontramos en la Iglesia, Esposa y Madre: y en su magisterio encontramos la norma próxima y segura de la fe, la medicina de nuestras heridas, la fuente de Gracia: Y así, escribe el Santo, en todo nos hemos de guiar por la ley de Cristo hombre y de la Iglesia y sus ministros humana y visiblemente, y por esa vía remediar nuestras ignorancias y flaquezas espirituales; que para todo hallaremos abundante medicina por esta vía”.

8. UN ESTÍMULO Y ORIENTACIÓN PARA EL HOMBRE DE HOY
    La significación esencial de un santo, cualquiera que sea, se constituye en estímulo y orientación para los hombres de todos los tiempos. La razón es muy sencilla: al ser declarado santo por la Iglesia, es presentado a los cristianos y al mundo como hombre que amó a Dios sobre todas las cosas y que, en lucha con las propias limitaciones y concupiscencias, permitió que triunfara en él la misericordia providente y salvífica de Cristo Redentor, siendo testigo del Evangelio ante el mundo y miembro vivo de la Iglesia comprometido en la salvación del mundo.
    Pero cada santo, por los peculiares acentos de su personalidad, goza de una simpatía especial para determinado tiempo o circunstancia histórica.
    San Juan de la Cruz, hombre de profunda contemplación y de reconocida elevación mística alcanzadas no en la apacible soledad de un claustro, sino en la esforzada y rica actividad del escritor, del consejero, del caminante y del gobernante en su propia orden se constituye en estímulo y orientación absorbente y acosado por la velocidad de la vida moderna. San Juan nos da la preciosa lección de que en medio de la mayor movilidad, atravesando los caminos del mundo y sufriendo sus difíciles embates, puede vencerse la extroversión descontrolada y alcanzarse la unidad de sí mismo, la delicada comprensión y servicio del hombre, y la intimidad con dios “estándose amando en el amado”.

9. UNA LLAMADA ESPECIAL A LOS JÓVENES
    Desde esta consideración que puede ayudar al hombre del siglo XXI, ya próximo, a valorar y aprovechar el mensaje implícito en la santidad de Juan de la Cruz, queremos hacer una llamada especial a los jóvenes de nuestro tiempo. Mirad el alma inquieta que anida en este hombre pequeño de cuerpo y que murió en edad todavía lejana a los años de ancianidad. Vibraba en su alma el ansia fuerte de encontrar a Cristo amado. “En una noche oscura, con ansias, en amores inflamada, ¡Oh dichosa ventura! Salí sin ser notada, estando ya mi casa sosegada.”
    Y salió y salía siempre en busca del amado sintiendo el corazón herido por su ausencia, de modo que por no tener “aquel que yo más quiero”, nos dice, “adolezco, peno y muero.”
    Por eso, “buscando mis amores –sigue diciendo en preciosa lección para quien entiende el lenguaje del amor y quiere encontrar el amor de Dios– iré por esos montes y riberas, ni cogeré la flores, ni temeré las fieras, y pasaré los fuertes y fronteras.”
    Los jóvenes que pueden construir una sociedad mejor, son precisamente los que en la búsqueda enamorada de la Verdad, y aceptando que Cristo es la Verdad y la Vida, no se arredran ante fuertes y fronteras. El joven que vive apoyado en la fe y la esperanza cristianas, ni se entretiene en el placer de flores efímeras ni teme el embate de las fieras. Tiene en su corazón como llamada a la confianza en el Señor, la definitiva afirmación de Cristo: “No temáis: yo he vencido al mundo”

10. LA NATURALEZA, HUELLA DE DIOS Y CAMINO HACIA ÉL
    Es necesario considerar otra cualidad de notable importancia en el Santo Carmelita y de clara ejemplaridad para un mundo sensibilizado por el valor de la naturaleza y su ejemplar contemplación de la huella de Dios presente en ella. En su búsqueda amorosa del Creador y Redentor, pregunta a los “bosques y espesuras” y al “prado de verduras de flores esmaltado” si acaso por ellos ha pasado. Y en preciosa valoración de lo creado pone en la imaginaria voz de las criaturas esta respuesta que habla por sí misma: “Mil gracias derramando –pasó por estos sotos con presura– y, yéndose mirando, con sola su figura –vestidos los dejó de su hermosura.”

11. NUESTRA INVITACIÓN, COMO OBISPOS
    Al dirigirnos a todos los cristianos de las diócesis andaluzas en esta carta colectiva, los Obispos de las provincias eclesiásticas de Sevilla y Granada queremos invitaros a contemplar con atención el acontecimiento que providencialmente nos es concedido vivir con motivo del IV Centenario de la muerte de San Juan de la Cruz. Compartiendo el gozo de poder contar al Santo Carmelita entre los miembros preclaros de nuestro pueblo por su residencia y obra apostólica, demos gracias a Dios que, a través suyo, nos ha enriquecido con abundante gracia de magisterio y estímulo sobrenaturales. Sintamos la responsabilidad de compartir gratis lo que gratis hemos recibido. Apoyados en el Bautismo que nos hace hijos de Dios y miembros de la Iglesia, y enriquecidos en la Eucaristía por la que Dios mismo habita en nosotros, vayamos decididos a cumplir con el encargo de hace discípulos de Cristo, según el carisma que a cada uno le ha sido concedido para el Servicio que la Iglesia debe ofrecer al mundo.
    Llenos de gozo y unidos a la Santísima Virgen en la consideración de las maravillas que el Todopoderoso obra constantemente entre nosotros, abramos cada vez más nuestro espíritu a la esperanza, entregados generosamente al cumplimiento de la voluntad salvífica de “Aquel que nos ha sacado del dominio de las tinieblas y nos ha trasladado al Reino de su hijo querido, por quien obtenemos la redención, el perdón de los pecados.”

12. LAS CONSIGNAS SNJUANISTAS DE JUAN PABLO II
    Queremos terminar esta exhortación haciendo nuestras, especialmente para vosotros, las consignas que Juan Pablo II ofreció a los españoles como propias de San Juan de la Cruz y a las que considera de alcance universal:+
    Clarividencia en
la inteligencia para vivir la fe:
“Un solo pensamiento del hombre vale más que todo el mundo; por lo tanto, sólo Dios es digno de él”
    Valentía en la voluntad para ejercitar la caridad:
“Donde no hay amor, ponga amor y sacará amor”
    Una fe sólida e ilusionada, que mueva constantemente a amar de vera a Dios y al hombre; porque al final de la vida
“a la tarde te examinarán en el amor”

13. EXHORTACION FINAL
    Os invitamos con especial interés a celebrar intensamente este IV Centenario de San Juan de la Cruz participando según vuestras posibilidades en los actos conmemorativos de esta gozosa efemérides y procurando que a todos llegue la noticia y el ejemplo de San Juan de la Cruz.

    Con nuestra bendición pastoral.

14 de Diciembre de 1990

* José Méndez Asensio, Arzobispo de Granada
* Carlos Amigo Vallejo, Arzobispo de Sevilla
* Fernando Sebastián Aguilar, Arzobispo Coadjutor de Granada
* Rafael González Moralejo, Obispo de Huelva
* José Antonio Infantes Florido, Obispo de Córdoba
* Antonio Montero Moreno, Obispo de Badajoz
* Antonio Dorado Soto, Obispo de Cádiz–Ceuta
* Javier Azagra Labiano, Obispo de Cartagena–Murcia
* Ramón Buxarrais Ventura, Obispo de Málaga
* Rafael Bellido Caro, Obispo de Jerez
* Ignacio Noguer Carmona, Obispo Coadjutor de Huelva y Administrador Apostólico de Guadix–Baza
* Rosendo Álvarez Gastón, Obispo de Almería
* Santiago García Aracil, Obispo de Jaén

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