
La parroquia de Regiones vivió anoche una Nochebuena distinta y profundamente evangélica. Treinta personas sin hogar compartieron mesa y calor humano en una cena preparada con esmero gracias a la implicación de los grupos parroquiales y de la asociación de vecinos, que se volcaron desde primera hora en acondicionar la sala y reunir los menús.
Nada fue comprado para la ocasión: cada plato, cada mesa y cada detalle llegó desde las casas de quienes quisieron compartir “de lo nuestro”, haciendo realidad el sentido más auténtico de la Navidad. Las Hijas de la Caridad facilitaron la participación de los usuarios de su comedor, que se sumaron a una celebración marcada por la sencillez y la fraternidad.
Antes de la cena, se adoró la imagen del Niño Jesús, poniendo el encuentro bajo la mirada del Dios que nace pobre y desamparado. Tras la comida, muchos de los asistentes participaron en la Misa del Gallo celebrada a medianoche, prolongando así una noche cargada de sentido y emoción.
La lluvia y el mal tiempo llevaron a la parroquia a dar un paso más: los salones quedaron abiertos y varias de estas personas pudieron pasar allí la noche. A la mañana siguiente, los desayunos esperaban ya preparados, como signo de una acogida que no se limita a un gesto puntual, sino que se hace cuidado concreto.
“Como en la noche santa, Cristo desamparado ha tocado a la puerta y hemos querido que esté abierta y no cerrada”, comentaban desde la comunidad parroquial. La experiencia fue vivida como un verdadero motivo de alegría y esperanza, recordando que la Navidad cobra todo su sentido cuando se convierte en acogida real al hermano más necesitado.

