SOLEMNIDAD JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO.

Diócesis de Almería
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La diócesis de Almería es una sede episcopal sufragánea de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Almería.

Lecturas. 2 Sam 5, 1-3. Ellos ungieron a David como rey de Israel. Sal 121. Vamos alegres a la casa del Señor. Col 1, 12-20. Nos ha trasladado al reino del Hijo de su amor. Lc 23, 35-43. Señor, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino.

Al final del año litúrgico nos encontramos con la fiesta de Jesucristo, Rey del universo. Es una tradición que puede desconcertarnos. Intentaremos adentrarnos en esta celebración para poder comprender su sentido. Cristo es Rey, pero reina desde la cruz. En el AT la monarquía sufrió asiduos ataques procedentes de la tradición profética. Los elogios a la casa de David están diferidos a un Rey futuro que jamás existió. Jesús pertenece a la descendencia davídica, es el verdadero Rey, el único Monarca. Los poderes mundanos de su época utilizaron un título para burlarse de su misión y del pueblo que lo había rechazado.

El evangelista lo recoge como indiscutible gesto profético. Lejos de dominar emplea toda su vida para servir. La clave de su reinado y del Reino que anuncia es “no dominar”. Se identifica con el pobre, con el siervo sufriente, con el niño como símbolo de quien carece de todo poder y relevancia social. Toda la vida de Jesús es una negación tajante con cualquier estructura de poder. Jesús no asumió durante su vida el título de Rey. Lo rechazó y se escondió cuando quisieron proclamarlo como tal. Jesús reina como Cordero degollado, con la fuerza de su Palabra. El reino que inaugura se aleja de quienes quieren dominar, imponer su fuerza, usar la violencia…como aquellos que siempre han mandado y creen dominar el mundo. Vincula su reino a los pobres y oprimidos. Sana a los enfermos y da vida a los muertos. Jesús es Rey, porque ha venido a traer vida y vida en abundancia (Juan 10,10).

Ve a la Eucaristía, contempla a Cristo en el calvario. Sitúate al lado de quienes se burlaron de él y comparte la visión de dirigentes y soldados. Sé testigo de los insultos que recibe ante la renuncia a salvarse de la muerte física. Anuncia su muerte pero proclama su Resurrección. Su muerte propicia tu salvación, la salvación de todos. No te marches sin pedir lo mismo que aquel ajusticiado y no salgas del templo sin llevarte en el corazón aquellas mismas palabras: Hoy estarás conmigo en el paraíso.

Ramón Carlos Rodríguez García

Rector del Seminario

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