Discurso en la inauguración del pabellón deportivo y de usos múltiples del Colegio Diocesano San Ildefonso

El Obispo de Almería, Mons. Adolfo González Montes.

M. I. Sr. Director titular del Colegio;

Director pedagógico;

Excmo. Sr. Subdelegado del Gobierno;

Queridos padres de alumnos,

Señoras y señores:

Con la inauguración es este pabellón de deportes y usos múltiples se concluye la construcción de fábrica e instalaciones y equipamiento del Colegio Diocesano de San Ildefonso, una meta que ha llevado una inversión significativa y un conjunto de esfuerzos y de sinergias —como se dice ahora— expresión de la vitalidad de la Iglesia diocesana y de su amplia implantación y proyección social.

I. La educación de la infancia y de la juventud es para la Iglesia una tarea primordial, y en ella ha sido históricamente pionera. En la escuela la Iglesia ha ofrecido a la sociedad a lo largo de su historia una de sus aportaciones más genuinas, que responden al mandato de Cristo: «Id y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado» (Mt 28,19-20a).

La proclamación, en efecto, del Evangelio es seguida de la instrucción acerca del misterio de Dios y del mundo, la verdad de la vida humana y su origen y destinación divina. Realidades todas que alcanzan una significado propio en la educación de la fe como tarea inseparable de la educación en sí misma, como acción integradora de cuantos elementos convergen en el desarrollo de la persona humana desde la infancia hasta su maduración adulta. Este es un momento propicio para recordar la enseñanza del Vaticano II sobre el derecho a la educación, que declara: «La verdadera educación persigue la formación de la persona humana en orden a su fin y, al mismo tiempo, al bien de las sociedades, de las que el hombre es miembro y en cuyas obligaciones participará una vez llegado a adulto» .

En esta hermosa tarea de la educación, el Concilio recuerda asimismo que «los niños y los adolescentes tienen derecho a que se les estimule a apreciar los valores morales con conciencia recta y a abrazarlos con su adhesión personal, así como a conocer y amar más perfectamente a Dios. Por ello ruega encarecidamente a los que gobiernan los pueblos o están al frente de la educación que se ocupen de que la juventud no se vea nunca privada de este sagrado derecho» .

La empresa humana que este colegio representa y el esfuerzo para sacarla adelante por parte de la diócesis. ¿Cómo no recordar los comienzos de la renovación de este Colegio emblemático de la Iglesia de Almería en los primeros años de la década pasada? Recibimos un colegio casi terminal en tanto en lo que se refiere al continente, con cuya precariedad apenas podían realizar su labor los pocos educadores que le quedaban al colegio y la escasa población de alumnos. Se trataba, sin embargo de un colegio con solera, en el que habían estudiado no sólo seminaristas diocesanos, sino colegiales de ambos sexos en una sucesión de generaciones que se extienden durante más de cincuenta años atrás, al servicio de la promoción cultural y la preparación de jóvenes almerienses para el acceso a la Universidad y la mejor cualificación como profesionales.

El colegio recaló en la diócesis como herencia de la escuela privada para ser, en realidad, refundado como «colegio diocesano» por nuestro venerado predecesor Don Alfonso Ródenas García, que lo instaló en el viejo caserón del antiguo Seminario Conciliar de la plaza de la Catedral. Desde su aceptación en la diócesis, tal como dice el actual Rector del Seminario Diocesano y Director titular del colegio, «ha vivido siempre a expensas de los edificios del Seminario» . El Prelado quiso unir su nombre al del colegio rebautizándolo como «Colegio Diocesano de San Ildefonso», vinculando así la titularidad religiosa del colegio a la historia cristiana de la cristiandad restaurada de las tierras del sur peninsular a la Iglesia visigótica, en la que brilló con luz propia San Ildefonso. El santo al que él vinculada la variante de su propio nombre de pila que dio por titular no sólo al colegio diocesano, sino también a una de las parroquias nuevas de la capital creada en 1963.

II. La renovación del viejo colegio comenzó en 2003 con la creación del pabellón de Educación Infantil, inaugurado el 18 de octubre de 2004, fiesta de san Lucas, el evangelista de la infancia de Jesús; y concluye con esta inauguración del pabellón de deportes y multiusos, que culmina la construcción de las instalaciones. Ha transcurrido una década, en la cual ha tenido lugar la reordenación escolar del colegio, con la renuncia que ha supuesto sacrificar el concierto de forma progresiva hasta la plena privatización de este colegio emblemático en la diócesis, que no pretende ser elitista y sí definidamente católico en su identidad. Durante este tiempo las reformas realizadas, acordes con la mente del Concilio sobre la educación católica, hubieran sido imposibles sin la inestimable colaboración de los educadores y de los padres de los alumnos, que han sido un apoyo decisivo en la defensa de la identidad de la escuela católica, acosada desde fuera y también desde dentro, al sucumbir tantas veces el proyecto educativo católico a la mentalidad ambiente y la carga ideológica que acompaña hoy la educación.

Para llevarlo adelante hemos sacrificado mucho, al tener que afrontar con los recursos propios un programa de educación conforme a la concepción cristiana de la vida, que constituye un derecho inalienable de los padres y de los alumnos; como constituye un derecho de los educadores y docentes su contribución a la educación y la orientación de la infancia y de la juventud según la propia concepción de la vida y de la sociedad. Se pondera el derecho de los padres a elegir la escuela católica para sus hijos, y es de justicia que este derecho constitucionalmente reconocido sea atendido, pero no lo es menos que se haga realidad en una sociedad democrática la libertad de enseñanza de aquello que se ha aprendido, se posee y se comunica y ofrece como programa educativo. Ambos derechos están recíprocamente referidos: la libertad de elegir la enseñanza que los padres desean para sus hijos, y la libertad de oferta educativa.

III. Al equipar al Colegio Diocesano de San Ildefonso de estas nuevas instalaciones para los ejercicios físicos que conlleva el deporte, facilitando al mismo tiempo el uso de las mismas en otras tareas educativas y culturales, hemos querido ofrecer a cuantas familias eligen el modelo católico de educación los mejores medios que la técnica y las ciencias humanas ponen a nuestro alcance. Lo hacemos para que la obra educativa de la Iglesia redunde en el bien común de la sociedad, enriqueciendo la oferta educativa con la inspiración del Evangelio, forma la más excelente de ayudar a nuestros alumnos a crecer física y anímicamente de forma armónica; con el objetivo de que adquieran aquel equilibrio de mente y cuerpo que hace posible el crecimiento humano mediante la convergencia del cultivo de las facultades anímicas y el desarrollo corporal que las sustenta.

No sería por eso justo silenciar la importancia que tiene en esta tarea el conocimiento y la educación de la fe, porque de la fe en Dios depende la orientación de la vida y el hallazgo del sentido integrador que la revelación divina confiere al desarrollo de la persona humana desde la infancia. En este sentido, la Iglesia en la tarea de la educación no sólo persigue la madurez de la persona mediante la adquisición de conocimientos científicos y saberes, tarea de calidad e imprescindible en la proyecto educativo, sino la evaluación moral de las acciones humanas que aplican dichos saberes y conocimientos a la adquisición del deseable bien común de la sociedad.

Por esto, no podemos menos de manifestar nuestro malestar por la falta de permanente de acuerdo social en España para lograr un tratamiento adecuado de la clase de Religión y Moral católica, que con la nueva Ley de Educación no mejora sustancialmente más que en un solo punto: la introducción de una alternativa real a la misma en el curriculum escolar. En todo lo demás, no mejora, sino que empeora. Se sustrae la enseñanza religiosa a la Educación Infantil y al Bachillerato, aunque se proponga dé a las comunidades autónomas la posibilidad de su oferta curricular. El resultado será la disparidad de situaciones en los diversos territorios, no otra cosa; y lo que es peor, su posible desaparición en todos; después de haber sufrido ya la reducción de la materia en la formación del profesorado.

No es esto lo que la sociedad demanda, que sigue eligiendo mayoritariamente la enseñanza de la Religión para los escolares, a pesar de lo permanente obstaculización que sufre la clase de Religión, y después que se le ha sustraído al Ordinario la asignación de profesores a centros concretos y tanto se ha dificultado su normal funcionamiento. A este respecto he de manifestar total acuerdo con la opinión recientemente manifestada en un importante diario por el Cardenal Antonio Cañizares, opinión relevante por su cargo en la Curia Romana, expresando el punto de vista de la Iglesia en España sobre la nueva Ley . Es preciso manifestar que esta Ley no se acomoda a lo previsto por la Constitución Española ni a los supuestos de la libertad de enseñanza recogidos en las declaraciones internacionales, ni tampoco cumple lo que exigen los Acuerdo entre la Santa Sede y el Estado Español de 1979, que no son un privilegio de la Iglesia en España, sino la concreción de la regulación de la libertad religiosa para los católicos españoles.

El Concilio recordaba que la Iglesia pretende asimismo que «los bautizados, mientras se inician gradualmente en el conocimiento del misterio de la salvación, sean cada vez más conscientes del don recibido de la fe, aprendan a adorar a Dios Padre en espíritu y en verdad (cf. Jn 4,23), sobre todo en la acción litúrgica; se dispongan a vivir según el hombre nuevo en justicia y santidad» ; y de este modo, cometido de la mayor importancia para el progreso de las sociedades, puedan «ayudar a la configuración cristiana del mundo, mediante la cual los valores naturales, asumidos en la consideración íntegra del hombre redimido por Cristo, contribuyen al bien de toda la sociedad» .

Estas palabras del Vaticano II deben ser tenidas muy en cuenta no sólo por los padres y por los educadores de la fe, sino también por cuantos tienen responsabilidades en la vida pública, con cuya contribución al ordenamiento jurídico se facilita o se obstaculiza el respeto a los derechos y libertades fundamentales de las personas y de las colectividades. Entre estos derechos y libertades fundamentales la libertad religiosa no sólo es la clave de bóveda de la arquitectura del conjunto, sino la condición misma de que el pensamiento sea libre y la educación responda a la concepción de la vida. Es antidemocrática la reclusión forzada de la libertad religiosa a las solas expresiones del culto y la reducción de la fe a las meras creencias en cuanto opiniones; porque no se trata en la libertad religiosa de la mera libertad de expresión o de conciencia, sino de la orientación global de la vida y de las acciones que la configuran y la manifiestan. Muchas gracias por su atención.

Almería, 24 de mayo de 2014

+ Adolfo González Montes

Obispo de Almería

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