Nuevos Mártires Dominicos para la Diócesis de Almería

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La diócesis de Almería es una sede episcopal sufragánea de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Almería.

El sábado 18 de junio tuvo lugar en la Catedral de Sevilla la ceremonia de Beatificación de 27 mártires dominicos de la persecución religiosa del siglo XX en España, entre los que se encuentran cinco mártires que dieron su vida en Almería. Asistió un grupo de peregrinos de Almería guiados por los PP. Dominicos. Fue presidida por el Cardenal Marcello Semeraro, Prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, que en nombre del Papa Francisco, dio lectura a la Carta Apostólica por la que los inscribe en el elenco de Beatos de la Iglesia que se celebrarán cada año el día seis de noviembre, junto a todos los Santos y Beatos Mártires del siglo XX en España.

El Convento dominico que custodia la Imagen de la Virgen del Mar, Patrona de Almería, no se libró de la persecución religiosa del pasado siglo XX. En esta comunidad, los tres sacerdotes P. Juan Aguilar Donis, P. Tomás Morales Morales, P. Fernando Grund Jiménez, y los dos religiosos hermanos cooperadores Hno. Fernando de Pablos Fernández y Hno. Luis María Fernández Martínez, tuvieron que salir del Convento y se refugiaron en casas particulares hasta que fueron descubiertos, encarcelados en la cárcel de Las Adoratrices o en el Barco “Astoy-Mendi” y martirizados en el Pozo de la Lagarta de Tabernas o en el Cementerio de Almería. El laico y conocido periodista dominico Fructuoso Pérez Márquez, director de uno de los más importantes periódicos de aquel entonces fue detenido en su casa y ejecutado en la playa de La Garrofa, cerca de Almería. Los PP. Tomás y Fernando murieron con 29 años de edad en la misma noche del 30 de agosto de 1936 junto a los Obispos Mártires Beatos Diego Ventaja y Manuel Medina.

En su homilía, el Cardenal Semeraro recordó que los nuevos beatos fueron “personas humanamente muy diversas por su carácter, por sus historias personales. Los unía, en cambio, el carisma de Santo Domingo: una elección vocacional, la suya, vivida con fidelidad, coherencia y generosidad”. Refiriéndose a Gaudete et exsultate, la exhortación del Papa Francisco sobre la llamada a la santidad en el mundo de hoy, aseguró que el Santo Padre ha escrito que “no se puede esperar, para vivir el Evangelio, que todo a nuestro alrededor sea favorable, porque muchas veces las ambiciones del poder y los intereses mundanos juegan en contra nuestra” (Gaudete et exsultate, 91). A partir de este punto, Semeraro subrayó que «las persecuciones no son una realidad del pasado, porque hoy también las sufrimos, sea de manera cruenta, como tantos mártires contemporáneos, o de un modo más sutil, a través de calumnias y falsedades». Y concluyó: “Miremos, entonces, el ejemplo de nuestros Mártires para sentirnos confortados. San Gregorio Magno escribía que tanto más sólida surge en nosotros la esperanza, cuanto más duras son las pruebas soportadas por amor de Dios (Cf. Moralia in Job, II, X,36: PL 75, 941). Tengamos confianza, no obstante nuestras fragilidades. Dios revela su fuerza justamente en los débiles y también a los indefensos él da la fortaleza del martirio (Cf. Prefacio de los santos mártires). Amén”.

Tras el rezo del Ángelus del domingo siguiente, el Papa Francisco pidió un aplauso por estos nuevos Beatos Mártires y destacó su ofrenda de amor a Dios a través del martirio y el perdón: “su testimonio de adhesión a Cristo y de perdón a sus asesinos nos muestras el camino de la santidad y nos anima a hacer de sus vidas una ofrenda de amor a Dios y a sus hermanos”.

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